Miserias del fútbol, miserias de la política

Por Carlos Pagni

Nunca la carrera política de Mauricio Macri había estado tan amenazada como el jueves pasado, en la Bombonera. La catástrofe dependió del veleidoso comportamiento de una bengala. Un artefacto similar al que, en 2004, en Cromagnon, sacó de juego a Aníbal Ibarra y le facilitó el acceso a la Jefatura de Gobierno.

Las fotos de los hinchas que intentan incendiar la manga por la que salían los jugadores de River demuestran que la tragedia no fue mayor sólo por milagro. En Pro casi nadie atribuye los desmanes de la Bombonera a una confabulación kirchnerista para perjudicar a Macri. Sólo algunos dirigentes acusan a la policía, a cargo de Sergio Berni, de haber sido displicente para reponer el orden. Y también de errores en el operativo de seguridad montado en la puerta del estadio. Berni es experto en ofrecer explicaciones contradictorias. El viernes dijo que no habían ingresado bengalas a la cancha.

Pero las fotos lo desmintieron 24 horas más tarde. 

Los estrategas de Pro prefieren no abrir esa discusión. Temen que, indagando en la intimidad de Boca, aparezca un subsuelo que la «nueva política» prefiere ocultar. Angelici es un engranaje principal de la maquinaria de poder de Macri. No sólo porque está al frente de un club en el cual el jefe de Gobierno sigue siendo gravitante. Angelici maneja resortes decisivos del gobierno porteño, como demostraron los episodios del jueves pasado. El fiscal general de la ciudad, Martín Ocampo, responde al presidente de Boca, que es el padrino de su hijo.

Durante una entrevista periodística, Ocampo señaló que la manga sería secuestrada «porque es un elemento de prueba». Agregó que «tiene dos capas» y que «debieron haberse roto ambas para que pase el gas pimienta, si es que se trató de eso». El compadre de Angelici aseguró: «Queremos dejarle en claro a la ciudadanía que se está investigando desde la Ciudad. Después, las medidas apropiadas se tomarán, según corresponda, desde la fiscalía a cargo del caso». Al cabo de todas esas consideraciones, Ocampo aclaró que, dada la amistad que tiene con Angelici, no se inmiscuirá en lo ocurrido. Menos mal. Las declaraciones fueron realizadas ante el canal C5N, de Cristóbal López, colega y aliado de Angelici en el negocio de los bingos. El presidente de Boca es uno de los puentes más activos entre el empresario kirchnerista y el gobierno porteño. Compite en ese rol con Nicolás Caputo, el socio de Macri. Para ellos no parece haber un fin de ciclo.

Las miserias del fútbol ingresaron, por culpa de los sucesos de la Bombonera, a la campaña electoral. Sergio Massa fue quien primero intentó enredar a Macri en el infortunio de Angelici, cuando dijo: «En Boca se mezcla todo: la política, el club y el fútbol». Fue una denuncia audaz, porque puede estimular a sus rivales a demostrar que en el Club Atlético Tigre, sucede lo mismo.

Florencio Randazzo generalizó: «Lo que pasa en el fútbol argentino es una vergüenza. Hay que terminar con la connivencia entre la dirigencia deportiva y los barrabravas». ¿Recordará Randazzo que su gobierno alimentó la asociación de barras bravas Hinchadas Unidas Argentinas? Julián Álvarez, que es secretario de Justicia, controla un sector de la barra brava de Lanús a través de Matías Soto, «el Polaquito», un militante de La Cámpora.

Tal vez a Randazzo no le importe dañar a sus compañeros al vincular política y delincuencia deportiva. Su principal rival, Scioli, también está tocado por esa red patibularia: la barra brava de Tristán Suárez, que comanda el temible Karma, suele homenajear a Alejandro Granados, el ministro de Seguridad de la provincia. Gastón, uno de los hijos de Granados, es el presidente del club.

Sobre el entramado del fútbol se ha constituido una siniestra transversalidad. Macri mantiene muchísimo poder en Boca, pero a través de Diego Santilli también influye en River. Sus buenas relaciones con Hugo Moyano se extienden a Independiente. Este cruce entre el más popular de los deportes y el poder quedó al descubierto en la aparición de Macri, Massa y Scioli en la apertura de ShowMatch. Los tres aseguraron a Marcelo Tinelli que colaborarán con su sueño de ser presidente de la AFA. También Máximo Kirchner hizo esa promesa. ¿Será Tinelli tan ingenuo como para tomarles la palabra?

El principal rival de Tinelli en la disputa futbolística es Aníbal Fernández, otra víctima de las declaraciones de Randazzo. Como presidente de Quilmes, Fernández suele tener sobresaltos por los hechos de sangre provocados por simpatizantes de su club. Ese vínculo tuvo ramificaciones inconvenientes: integrantes de la barra brava de Quilmes quedaron involucrados en el triple crimen de General Rodríguez, en el que murieron empresarios relacionados con el tráfico de efedrina.

Es comprensible que Massa haya sido el más audaz en el intento por arrastrar a Macri hacia el escándalo de la Bombonera. La disputa entre ambos entró en estado de ebullición. El campo de juego es la provincia de Buenos Aires.

Para utilizar una comparación muy comprensible en ese territorio, Massa es presa del dilema de quien entró al casino con los bolsillos llenos de dinero y ya lleva perdida la mitad. ¿Se queda para recuperarse o se retira para salvar lo que le quedó?

La semana pasada, Massa conversó con Emilio Monzó, el ministro de Gobierno de Macri y su principal gestor político. No llegaron a un acuerdo. Massa sigue pidiendo una primaria de toda la oposición. Pero desde Pro sólo le ofrecen una alianza en la provincia, a través de la cual podría obtener posiciones en la administración nacional, si Macri triunfa. La encrucijada de Massa es desafiante. Corre el riesgo de que su candidatura se reduzca a ser un fenómeno bonaerense. Es decir, que sólo sirva para ayudar a Francisco De Narváez en la carrera por la gobernación. ¿Será tan generoso Massa con el empresario-diputado?

El volátil De Narváez, que hace nueve días juró en Mar del Plata no traicionar al Frente Renovador, abrió su propia negociación con el macrismo. El lunes pasado, el apoderado de su partido Unión Celeste y Blanco, Fernando Rozas, desayunó en La Plata con Marcelo Daletto, mano derecha de Monzó. Nadie sabe si fue debido a esa charla que «el Colorado» comenzó a pedir una primaria bonaerense con María Eugenia Vidal, desentendiéndose de la suerte de Massa. El sábado continuó las gestiones con Gustavo Posse.

La batalla bonaerense
En Pro siguen cerrando la puerta a De Narváez por tres motivos. Primero, Macri no tolera sus inconsecuencias. Segundo, muchos dirigentes sospechan que mantiene un pacto oculto con Scioli, administrado por Gustavo Ferrari y, tal vez, por José Scioli, el hermano del gobernador. Tercero, los encuestadores de confianza de Macri explican que, en poco tiempo, Pro ocupará un espacio similar al del Frente Renovador en la provincia y que, en ese caso, Vidal derrotaría a De Narváez. Es curioso: los estrategas del kirchnerismo piensan lo mismo. Creen que Vidal será la candidata con la que deberán competir.

Estos problemas se tratarán en las próximas horas, en una larga reunión convocada por Macri para analizar los próximos pasos de su fuerza. La hipótesis de que Vidal puede fortalecerse en las encuestas tiene una limitación: Pro va a necesitar de todos modos de una estructura territorial. Jesús Cariglino no arrastró a nadie con su pase. Y Dario Giustozzi dejó el Frente Renovador para recalar en el Frente para la Victoria, asociado a Randazzo.

El kirchnerismo pretende capturar todo lo que a Massa se le escape. Pero también enfrenta un problema con la candidatura a gobernador. Julián Domínguez es la figura más novedosa, pero tiene un nivel muy alto de desconocimiento. A Aníbal Fernández lo identifica todo el mundo. Pero tiene un enorme desprestigio. Muchos intendentes presienten que el próximo baño de humildad al que los podría someter Cristina Kirchner será aceptarlo en la boleta. El propio Scioli teme esa ducha. No hace falta prestar atención a la fórmula Recalde-Santoro para advertir que la Presidenta es pésima eligiendo candidatos.

Estas dificultades envalentonan a Martín Insaurralde, quien divulga una encuesta del lobbista César Mansilla -que comparte con Massa y con Cristóbal López- en la que aparece con 21% de intención de voto. El sondeo indica que el esposo de Jesica Cirio se resiste al baño de humildad. ¿Scioli lo acompaña en esa obstinación? Ambos pactaron realizar un acto juntos, pero no se animaron a ponerle fecha.

Scioli observa con preocupación que Cristina Kirchner ha reducido su nivel de prescindencia. Retiró de la competencia a Jorge Taiana, Agustín Rossi y Sergio Urribarri, que restaban votos a Randazzo. Avalado por Carlos Zannini, el ministro del Interior se propuso el sábado ante los intelectuales de Carta Abierta como el abanderado de la izquierda oficialista. Esos profesores ya no tienen vuelta atrás. En un par de sábados recibirán a Aníbal Fernández como la reencarnación del Padre Mujica.

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