La Cámpora quiere viajar en la mochila de Scioli

Por Francisco Olivera |

Lo más sorpresivo que Ariel Langer, un economista que militó en Tontos pero no Tanto (TNT), la corriente universitaria fundada por Axel Kicillof en los 90, podía insinuar delante de empresarios que creen haber escuchado ya todo tipo de extravagancias era la posibilidad de que, si Daniel Scioli llega a presidente y los astros son favorables, él siga trabajando en el Palacio de Hacienda. Acaba de hacerlo. Muy en confianza, seguro de que un pequeño lujo tribunero no sorprendería a un auditorio de hombres de negocios, el subsecretario de Comercio Interior confesó estar juntando ahorros para ver a River en el Mundial de Clubes entre el 10 y el 20 de diciembre en Osaka y Yokohama, Japón, aunque descartó un viaje extenso porque, agregó, tiene que volver a trabajar al Ministerio de Economía. A sus interlocutores no se les escapó ese último detalle. Hace dos jueves, Augusto Costa, jefe directo de Langer en el ministerio, fue incluso más preciso ante ejecutivos de la industria de la alimentación. «Axel va a ser diputado, pero yo espero estar el 11 de diciembre», soltó. ¿Dato revelador? ¿Exceso de optimismo entre los funcionarios?

Los empresarios no saben todavía si tomarlos en serio. Prefieren interpretarlo más bien como táctica destinada a evitar perder autoridad en esa tarea a la que Costa y Langer le han dedicado tanto tiempo: el disciplinamiento de los precios.

Tal vez ese resguardo explique algunas de las últimas sobreactuaciones. Aquel jueves, mientras se ofuscaba porque al parecer no se están cumpliendo del todo los acuerdos con el Gobierno, Costa objetó que algunas compañías estuvieran maquillando aumentos mediante cambios en las fórmulas. Viejo ardid empresarial ante los controles de precios: un yogur con hierro o vitaminas adicionales es un producto nuevo y merece otro valor. El problema fue que usó la palabra «estafa» e incomodó al abogado Daniel Funes de Rioja, líder de Copal, la cámara más poderosa del sector, que le reprochó que les estuviera atribuyendo semejante delito. «¿Y cómo lo tengo que llamar?», se exasperó Costa, y el directivo insistió en discutirlo en otros términos. 

Incluso si no fuera cierto que parte del staff de Kicillof seguirá conduciendo la economía en caso de ganar Scioli, es atendible que los herederos de Guillermo Moreno quieran estirar todo lo posible el plazo antes de caer en la debilidad del pato rengo. Más frente a corporaciones despiadadas ante los cambios de ciclo: el miércoles, en el Consejo de las Américas que se desarrolló en el Alvear, 900 asistentes se agolparon para ver a Macri, Massa y Scioli y, una hora después, durante la extensa exposición de Kicillof en el mismo lugar, tres cuartas partes de ellos había huido, algunos al restaurante del propio hotel y otros a la vuelta, a Le Pain Quotidien.

En la Secretaría de Comercio saben lo que significa un establishment disperso e indisciplinado. En su momento, apenas reemplazaron a Guillermo Moreno, tuvieron que edificar todo desde cero porque el antecesor se había llevado hasta las agendas. Aquel despojo sorprende todavía hoy a José, cafetero del edificio, que lo sigue recordando ante empresarios. Fueron días difíciles. Había que ser más eficaz y tener mejores modos que Moreno. Luego de pedirles a las secretarias que dejaran de llamarlo a su casa, un empresario entendió que la costumbre no era exceso de confianza: las nuevas empleadas habían tenido que buscar su apellido en la guía telefónica. Un legado peronista es, siempre, sólo inmaterial.

Preguntarse por el destino del equipo de Kicillof puede servir para entender un conflicto que se está adelantando al hipotético gobierno de Scioli. «Los van a mariottizar a todos», apostó el miércoles un ejecutivo petrolero. Puertas adentro del Frente para la Victoria, la discusión es más bien sutil. En el Consejo de las Américas, por ejemplo, el ministro de Economía protestó durante su discurso por «los que dicen que hay que aprovechar la lluvia de dólares» del mundo para conseguir financiamiento, propuesta que atribuyó a «los Sturzenegger, los Broda, los Melconian». Sin embargo, quien acababa de aconsejarlo delante de periodistas no había sido ninguno de ellos, sino Mario Blejer, uno de los principales asesores de Scioli.

En un período difícil como el que viene, es probable que los reproches a cualquier medida ortodoxa se vuelvan inevitables. Si el presidente es Scioli, será una rajadura interna: La Cámpora, corriente que cobró vuelo desde la muerte de Néstor Kirchner, versus ese peronismo que se siente viudo del santacruceño y aguarda al nuevo conductor. Al aspecto conceptual podrían sumarse pequeñas revanchas individuales: es difícil que un ministro de una de las provincias más grandes del país olvide que, en su momento, Langer evitó recibirlo y le mandó a su secretaria. Otros recuerdan que a Kicillof le molestaban las reuniones entre jefes de hacienda provinciales. Ahora muchos prometen que, aunque «la medida número uno» de un nuevo gobierno debería ser cuándo y cómo devaluar, «la medida cero» consistirá en cómo despojarse de La Cámpora y los nuevos 7000 agentes que el proyecto nacional y popular ubicó desde el año pasado en la planta permanente del Estado. Visto en perspectiva, el salto del camporista José Ottavis a las huestes bonaerenses habrá resultado tan premonitorio como el nombre del espacio que conduce ahora: Juventud Peronista de la Provincia de Buenos Aires.

Resta ver si estos recelos se terminarán de arraigar en la quinta de Olivos, desde donde trascendieron cuestionamientos al gobernador hasta por el viaje a Italia en medio de las inundaciones. El dedo en la llaga: en La Plata están convencidos de que las obras no se hicieron porque los fondos no llegaron desde la Casa Rosada. No fue austeridad, evalúan, sino una decisión deliberada que se tomó hace tres años, cuando el candidato admitió en público sus pretensiones para 2015. Ese estrangulamiento obligó a Scioli al más crudo de los ajustes. Tuvo que duplicar, o más, los impuestos a los Ingresos Brutos, a los sellos, inmobiliario y automotor mientras bajaba al mismo tiempo el gasto per cápita en salud, educación y seguridad en términos relativos respecto de distritos como Córdoba, Capital Federal, Santa Fe y Neuquén. Consiguió así un inédito superávit fiscal.

¿Ese reflejo ortodoxo para sobrevivir volverá a enfrentarlo en el futuro con los pibes para la liberación? ¿Será el costo del giro hacia el peronismo que aconsejan las encuestas? En el entorno del candidato agregan el pronóstico del tiempo a las auscultaciones sobre el futuro: hay indicios de que podría volver a llover en octubre.

El clima y Cristina Kirchner son, por naturaleza, inclemencias imposibles de prever.

Share Button