Francisco revoluciona el mundo

Francisco, el Papa que le cambió al mundo la visión sobre la vida. Su humildad con los más poderosos, y ¿su primer milagro?

Por Oscar Dufour |                                    twitter DufourOscar

No voy a referirme al restablecimiento de relaciones diplomáticas entre la primera potencia del mundo y la Isla del Caribe, cuyo régimen gobernado primero por Fidel y luego por su hermano Raúl Castro por más de cincuenta años, donde los analistas valoramos la capacidad del Papa Francisco al intervenir en este crónico conflicto, mediando en las negociaciones, con una injerencia extra clerical, en éste , como también en muchos escenarios de política internacional, reconocido por no pocos Jefes de Estado. Tampoco a la renuncia del congresista republicano John Boehner, quien no pudo contener sus lágrimas durante el histórico discurso de Francisco en el Capitolio, que seguramente cambió en su seno corazones y mentes. Y mucho menos a las revolucionarias reformas, acordes a los tiempos, que está realizando este Papa en la Santa Sede. El cambio profundo en el Banco Vaticano, de este Papa “que se ocupa de todo”, hasta de propiciar el aumento de participación de la mujer en la Iglesia Católica. Tampoco al equilibrio de los oficios pastorales y de Estado; suele escuchársele decir que un Papa debe estar al mismo tiempo en los dos lados, un Pastor que predique al tiempo que cuestionar a los Jefes de Estado y estar en constante diálogo con ellos. Mientras escribo estas breves líneas, Francisco está en Filadelfia, siendo ovacionado al brindar una clase magistral sobre la familia, pero me voy a ocupar simplemente del milagro que se le atribuye, la sanación de una bebe muy enferma, que se reveló en medio de la histórica visita de Su Santidad a Cuba y a los EEUU. Esta es su historia.

¿Milagro del Papa Francisco?

El lugar, la Plaza de San Pedro en Roma; los protagonistas, Lynn y Scott dos ciudadanos norteamericanos, que desde Arizona viajaron junto a sus hijos adolescentes y la pequeña Ave de tan solo tres meses. Una multitud esperaba al Papa Francisco, el motivo la canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII, la lluvia era intensa pero todos se mantenían expectantes en sus lugares.

Al paso del Papa móvil, Scott el papá de la bebé Ave la levantó y personal del servicio secreto Vaticano la acercan a Su Santidad que la toma en brazos, la bendice, acaricia y besa, es una niñita que nació con síndrome de down, con graves problemas de salud y dos hoyos en su corazoncito. Hoy la ciencia médica se debate en una encrucijada, reconocen y no pueden brindar una respuesta que explique desde el dogma, que la pequeña Ave que ya tiene 20 meses, sea una niña sana. Conserva algunas dificultades auditivas y visuales, pero su corazón, el que hace casi dos años atrás la llevaba a una inminente muerte, está curado y hoy su contagiosa sonrisa, transmite feliz una pureza de alma.

En conclusión: Francisco, es el Papa al que se le atribuye un milagro, el Papa al que el cielo en el día de ayer en Nueva York, le sonrió con una docena de arcoíris, ante la mirada de miles y miles de personas, a medida que lentamente se dirigía al “Central Parck”, previo a la Santa Misa que celebrara en el “Madison Square Garden”. Es el Papa que vino del fin del mundo para poner en marcha un cambio global de alcances insospechados al revolucionar la Iglesia Católica, el que no se priva de reclamar lo que denomina las “tres T”; “Tierra, Techo y Trabajo para todos”, el Papa que al tiempo de bregar por la Paz mundial, se preocupa por las libertades, por la situación de los cristianos que son martirizados, y por el flagelo del terrorismo islamita.

Por lo tanto, Su Santidad el Papa Francisco, es consciente que algunas de sus actuaciones “levantan ampollas” en los sectores más conservadores de la Iglesia Católica, y también en los más extremos de otras religiones; no son pocos los compatriotas que con soberbia y minúscula mirada, pretenden livianamente marcarle la agenda. En consecuencia, los que debamos cambiar tal vez seamos nosotros, imitar su ejemplo, y con mucha humildad, la misma que él tiene con los más poderosos, realizar un esfuerzo por interpretar la amplitud de “sus señales”.

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