PASO nacionales: un resultado con efectos abiertos

Por Rosendo Fraga |

El triunfo de Scioli con 38,4% y más de 8 puntos sobre la segunda fuerza confirma que el FPV es una clara primera minoría, pero no elude el escenario de segunda vuelta en octubre. Escrutado el 97,8% de los votos, el candidato oficialista obtiene dicha ventaja sobre el espacio Cambiemos que lidera Macri y se ubica 14 puntos por encima de él como candidato. Es una diferencia importante, pero no suficiente como para afirmar que el 25 de octubre ganará en la primera vuelta. Su objetivo de alcanzar 40% y generar un efecto político “ganador” no se logró, aunque sólo por 2 puntos. Pero el FVP queda 12 puntos por debajo del resultado obtenido en las PASO de 2011, que fue 50%, lo cual evidencia el desgaste del oficialismo en el segundo gobierno de Cristina Kirchner. La convergencia en la última semana de denuncias por narcotráfico, presión sobre el dólar, conflicto dentro del oficialismo bonaerense e inundaciones en la provincia de Buenos Aires pueden ser causas que le impidieron alcanzar su objetivo en los últimos días de la campaña. Hacia adelante, su problema electoral más importante quizás pasa a ser su provincia, donde la candidatura a gobernador de Aníbal Fernández -que se imponía por dos puntos sobre Julián Domínguez escrutado el 95,5% de los votos en el distrito- será para él un problema político y electoral. La clave del éxito de Scioli hacia adelante consistirá en que logre mostrarse como un candidato más atractivo para el electorado independiente, algo que si bien buscó durante la campaña, pareció olvidar la noche de su triunfo en las PASO. Pero electoralmente dependerá de que logre captar los votos de la tercera fuerza (el espacio de Massa y De la Sota que está representado en la Provincia de Buenos Aires por Solá). Si Scioli captara en octubre uno de cada 3 votos de dicho espacio el 25 de octubre, estaría alcanzando el 45% necesario para ganar en primera vuelta, cualquiera sea la diferencia. 

Macri ha obtenido un resultado razonable como segunda fuerza, pero esto no le asegura que haya segunda vuelta, ni tampoco ganar en ella. Su espacio ha obtenido 3 de cada 10 votos en el resultado nacional y como candidato 1 de cada 4. Una ventaja menor a 5 puntos de Scioli sobre su espacio es el resultado que hubiera generado un efecto de victoria pese a la derrota. Quizás su mayor éxito ha sido la provincia de Buenos Aires, donde su candidata a gobernadora obtuvo 29% de los votos y quedó a 11 puntos de la sumatoria del FPV. El problema en este distrito es que no hay segunda vuelta y la elección del 25 de octubre se gana por solo un voto de diferencia. En consecuencia, el resultado en gran medida dependerá de lo que suceda con los votantes de la tercera fuerza que, liderada por Massa y De la Sota, en la provincia lleva la candidatura a gobernador de Felipe Sola, quien obtuvo 19,6%. El voto de los aliados de Macri (Sanz y Carrió) suma 5,8 puntos, que presumiblemente seguirán votando por el candidato del PRO en su mayoría. La cuestión electoral a resolver hacia adelante es la estrategia para captar el voto de la tercera fuerza (UNA), tanto en el plano nacional como en el bonaerense.

El espacio de Massa y De la Sota alcanzó el 20% y logró resistir la polarización, que así ha resultado “atenuada”. Alcanzó el objetivo que se había fijado, que apuntaba a mostrar su figura como alternativa hacia el futuro. Hasta último momento consiguió que la elección fuera percibida como disputada entre tres fuerzas, no entre sólo dos. Su alianza con De la Sota ha sido clave para este resultado, dado que aportó uno de cada tres votos del espacio. Su desafío ahora es repetir en octubre el éxito de resistir la polarización, lo que no será fácil. El votante de De la Sota es proclive hacia Scioli, quien trabaja para que el gobernador electo de Córdoba (Schiaretti) sume su apoyo a Scioli en las próximas semanas. En las últimas semanas de la campaña y en la misma noche de la elección, Massa tuvo un discurso preciso y muy crítico del gobierno nacional. No es el dueño de sus votos, pero su actitud política puede ser decisiva en una segunda vuelta. En la lectura política han votado por el Kirchnerismo 4 de cada 10 votantes y 6 lo han hecho a favor de la oposición al mismo. Pero otra lectura es que también 6 de cada 10 han votado por los candidatos del Peronismo (Scioli, Massa-De la Sota y Rodríguez Saá). Esto último viene sucediendo desde 2003: el Peronismo se presenta con tres opciones diferentes, ocupando el oficialismo y parte de la oposición, y reúne en conjunto el 60% o más de los votos. Fuera de las tres primeras fuerzas, otros tres superaron el piso del 1,5% de los votos para poder competir en octubre: el Frente Progresista que postuló a Margarita Stolbizer con 3,5%, la izquierda del FIT con 3,3%, y el peronismo disidente de Adolfo Rodríguez Saá, que obtuvo el 2,1%. La concurrencia a votar fue de aproximadamente 72,3%, seis puntos menos que en la PASO de 2011. En cuanto al voto en blanco fue 4,2%, similar a elecciones anteriores. Si bien es historia contra-fáctica, ¿qué hubiera pasado si se hubiese logrado la alianza que Macri y Massa negociaron sin éxito en mayo? Si en el cierre de alianzas del 10 de junio, Macri y Massa hubieran acordado competir por una candidatura oficialista predominante, el primero hubiera sido electo candidato sobre un espacio que hubiera alcanzado el 50,7% de los votos, 12 puntos por encima del candidato del oficialismo nacional. La experiencia muestra que el ganador no sólo retiene sus votos, sino que por lo general los incrementa. El efecto hubiera sido irreversible e incluso hoy, gobernadores como los de Córdoba y Río Negro que analizan sumarse a Scioli, lo harían con Macri. En este escenario, Vidal y Solá hubieran competido y la primera habría ganado sobre una suma de 49% del espacio, 9 puntos más que los logrados por el FPV como espacio en el distrito. Si bien esto nunca pasó, para el éxito de la estrategia de Cambiemos resulta fundamental entender que sin el voto del Peronismo Anti-kirchnerista -que demostró ser más del 20% del total-, será muy difícil ganar la elección en la segunda vuelta que se realiza el 22 de noviembre.

En conclusión: el triunfo de Scioli por más de 8 puntos confirma que el FPV es una clara minoría, pero que no se asegura evitar la segunda vuelta; el espacio de Macri ha obtenido un buen resultado como segunda fuerza, pero que de por sí no le asegura llegar a la segunda vuelta ni ganar en ella; la alianza liderada por Massa logró resistir la polarización: su desafío será hacerlo en octubre o en noviembre, donde sus votantes serán la clave para la definición entre Scioli y Macri; por último, si hubiera habido una alianza entre los espacios de Macri y Massa, el candidato ganador tanto en el ámbito nacional como en el bonaerense habría alcanzado el 50% de los votos.

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