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| DOCUMENTAL & REFLEXIÓN DE NUESTRO PASADO | En diciembre se cumplen 17 años de la crisis del 2001, en ese marco graduados y estudiantes de la Licenciatura en Economía de la UNM (Universidad Nacional de Moreno, pertenecientes a ADEPO (Agrupación para el Debate Económico y Político del Oeste) invitaron este miércoles 31 de octubre a la reconocida periodista Ayelén Velázquez, Directora de “39, El Documental de las víctimas del 2001”, a presentarlo en la UNM. Este documental viene recorriendo buena parte del País, con gran repercusión internacional y con excelente recepción tanto en Londres como en Madrid. Este equipo emprendió una valiosa acción para mostrarnos las historias de 39 vidas que fueron asesinadas, como consecuencia de la desidia política en el momento más álgido de la crisis del año 2001. Cuenta con relatos de familiares y amigos de las víctimas que ayudan a reconstruir y contar las historias que fueron negadas y acalladas durante tantos años. Sabemos y no negamos que cada modelo económico y político tiene perdedores y ganadores. Pero es totalmente repudiable que algunos sectores de la sociedad aun apoyen un modelo de País, y un tipo de Estado que utiliza las fuerzas de seguridad, tomando vidas impunemente para acallar el descontento popular surgido de las rebeliones del estómago que dejan las políticas neoliberales.

Con este excelente ensayo a modo de presentación, los graduados y estudiantes de la UNM, invitan con mucho acierto entonces a ver este documental, recapacitar y reflexionar sobre nuestro pasado, para que nunca más se convierta en nuestro futuro.

Universidad Nacional de Moreno – miércoles 31 de octubre 17:30 hs. – Aula 3 – Edificio Daract 1 – Entrada gratuita – Para reservar: 39documenntalmail.com

                                                                                 

Este diciembre, se cumplen 17 años de quizás el peor derrumbe social de la historia argentina. La crisis del 2001 no se trató de una mera crisis económica, sino que puso en juego la confianza hacia el Estado nacional como entidad con capacidad para gobernarnos. Hacia fines de aquel año, la disolución de los vínculos políticos, económicos y sociales llegó a un punto tal que no podían garantizarse las condiciones para nuestra supervivencia. Esta crisis sin embargo no se dio de un día para otro. Las condiciones materiales y sociales que desembocaron en la crisis de 2001 fueron consecuencia de la acumulación de políticas contrarias a los intereses básicos de una nación que comenzaron a implementarse en la dictadura de 1976. Este evento en nuestra historia, con políticas de persecución, de tortura y genocidio, nos dejó como legado una transformación del poder social a favor de los sectores más concentrados, silenciando las voces críticas de quienes defendían otra visión de país. La política económica, entre otros desastres, nos dejó un enorme endeudamiento externo que neutralizó las capacidades estatales para tomar alguna decisión respecto a nuestro desarrollo económico. Este cuadro de fuerte endeudamiento fue el que favoreció la intrusión permanente del FMI sobre la definición de las políticas públicas. Desde el punto de vista económico, estas políticas se pueden enmarcar dentro las recetas del neoliberalismo.

Bajo este marco, el Estado debía mantenerse lo más alejado posible de la economía, limitándose a crear un clima favorable para la inversión privada. En la práctica, eso significó la total subordinación de las políticas públicas a las necesidades y demandas de las diversas fracciones empresarias nacionales y extranjeras. Las políticas que permitieron redireccionar el ingreso nacional a estos sectores privilegiados fueron la apertura comercial y financiera, la privatización de las empresas públicas, las concesiones externas, la privatización de los fondos previsionales bajo el esquema AFJP y la flexibilización del mercado de trabajo. El tipo de cambio sostenido con endeudamiento externo fue también parte de esas medidas. El régimen de convertibilidad, si bien se presentó como una de las medidas exitosas para combatir la inflación, en realidad jugó bastante en contra de los intereses nacionales: Propició las actividades especulativas y llevó a un enorme endeudamiento público y privado que derivó en la incapacidad de la economía de obtener los créditos necesarios para pagar sus compromisos externos. Favoreció la importación de todo tipo de bienes de consumo, provenientes de firmas extranjeras, promoviendo una desindustrialización nacional. En este aspecto, se lograba una contención de las masas, ya que el discurso de “lo nacional es ineficiente y de baja calidad y lo de afuera es mejor” le aportó a la población una sensación de progreso y de acceso a la modernidad, claramente ficticia. Favoreció la remisión de utilidades mucho más elevadas en dólares de las firmas extranjeras a sus casas matrices. Además de estos puntos, cabe destacar que esta necesidad continúa de endeudamiento, significó estar a merced de las recetas del FMI, a fin de garantizar sus préstamos. Estas recetas siempre son de enfriamiento de la económica, siendo la exigencia predilecta la disciplina fiscal y el déficit cero que significa aún más la pérdida de puestos de trabajos, la reducción de las prestaciones sociales y de los subsidios, lo que se traduce en menos ingreso para las personas, menos compras, menos ventas y menos inversión.

En fin, se profundiza la recesión económica. Podemos ver cómo todas estas políticas tienen una lógica, fueron planificadas bajo un esquema que aun mucha gente cree sostenible y necesario para que el país alcance el éxito. Empiezan a cobrar sentido las dimensiones socio-económicas de este modelo. Sin embargo, para la aplicación de estas medidas es necesario contar con otras para contrarrestar el descontento social. La represión de la población, acción repulsiva y antihumana se torna un elemento indispensable para llevar adelante este modelo. Las medidas de flexibilización laboral, así como el desempleo, permiten un fuerte disciplinamiento de la clase trabajadora, pero se convirtió paradójicamente en el antecedente social directo de las jornadas de diciembre de 2001.

El movimiento piquetero, ante el debilitamiento de los líderes sindicales, surgió a todo lo largo del País como estrategia frente a la destrucción masiva de puestos de trabajo y a la imposibilidad de encontrar una forma de subsistencia sostenible. Desde 1998 los indicadores económicos y sociales no dejaron de retroceder permanente: cayeron el nivel de actividad, el empleo, los ingresos, las finanzas públicas, crecieron la fuga de capitales, la desigualdad en la distribución del ingreso y la pobreza. La larga recesión desde 1998 hasta 2001 fue derrumbando las economías regionales, a los pequeños productores, a los comerciantes, a los profesionales, además de a los desocupados. Los préstamos del FMI desde inicios del 2001 solo servían para poder cancelar los servicios de los créditos pasados, asegurándole a nuestros acreedores su ingreso a costa de seguir endeudando el País. La deuda externa se renegoció una y otra vez obteniendo como resultado cada vez más deuda. La necesidad de dólares era cada vez mayor para financiar los cada vez más abultados egresos, dejando imposibilitada la acumulación de reservas, y por supuesto limitada la emisión de pesos que estaba atada a ella. Con la recesión, comenzaron a florecer los clubes de trueque y las monedas provinciales.

Finalmente, la ejecución del corralito como el intento de salvar a los bancos de una corrida, acrecentó la asfixia de la actividad económica y el estado de angustia que afectaba al país. El corralito fue la medida que despertó a la clase media del sueño de progreso que les proyectaba la convertibilidad. La declaración del Estado de Sitio de nuestro ex presidente De La Rúa, ante la difusión de los saqueos, unificó todos los malestares, y provocó el estallido del 19 de diciembre. Ante esta declaración, la policía embravecida de poder, actuó de la forma más atroz, sádica y antihumana que pudo esperarse. Las personas creyeron ser estafadas, abusadas por la corrupción, mal gobernadas, creyeron que los políticos no pudieron cumplir con las responsabilidades, querían que se vayan todos entendiendo que nadie los representaba.

Creyeron ver en todos los políticos a sus enemigos. Este sentimiento, también difundido por nuestros ídolos de la televisión y la radio, nos mantenía fuera de vista las reales intenciones del modelo económico que lejos de ser un error de los gobernantes, fue la subordinación de los principales partidos políticos de nuestro país a los grandes grupos financieros y elites económicas. Modelo que nunca se hubiera podido implementar sin el adoctrinamiento social.

| Por todo esto es que invitamos a la reconocida periodista Ayelén Velázquez, Celeste Del Bianco, Luz Coronel y Paula Schrott, creadoras de “39, El Documental de las víctimas del 2001” | Este equipo emprendió una valiosa acción para mostrarnos las historias de 39 vidas que fueron asesinadas, como consecuencia de la desidia política en el momento más álgido de la crisis del año 2001. Sabemos y no negamos que cada modelo económico y político tiene perdedores y ganadores. Pero es totalmente repudiable que algunos sectores de la sociedad aun apoyen un modelo de País, y un tipo de Estado que utiliza las fuerzas de seguridad, tomando vidas impunemente, para acallar el descontento popular surgido de las rebeliones del estómago, que dejan a su paso las políticas neoliberales. Los invitamos entonces a recapacitar y reflexionar sobre nuestro pasado, para que nunca más se convierta en nuestro futuro.

       

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