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PALABRAS DE ALIENTO PARA CUANDO SE HAGA LA NOCHE

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REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos invita a que miremos en ésta Cuaresma hacia nuestra propia Pascua, allí esta Jesús resucitado, felicidad verdadera. “Las dificultades de la vida nos acompañan siempre, es la lucha que tenemos en cada tiempo, pero nuestra Vocación es la luz, la alegría, la paz en el corazón”

 

 Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

Hay momentos en la vida en los que necesitamos gestos grandes de cercanía y amor que nos sostengan el ánimo y nos preparen para los momentos difíciles que puedan venir. Cuando un hijo va a rendir un examen importante la mamá se esmera en el desayuno, cuando alguien se tiene que ausentar un largo tiempo por trabajo se le hacen agasajos no comunes, antes de una cirugía complicada…

Jesús sabe que a los discípulos les va a costar mucho aceptar la Pasión. Apenas se los había anunciado, ya empezaron las discusiones y malos entendidos. No les resultará sencillo verlo sufrir, ser humillado, flagelado, despreciado y crucificado. Por eso quiere sostenerlos de manera especial a los tres más cercanos, Pedro, Santiago y Juan. Y, por qué no, también a vos y a mí. 

El domingo pasado lo veíamos a Jesús en el desierto luchando con la tentación del demonio. Una dimensión de la fe que está unida al bautismo. Lo hemos visto como verdadero hombre. Hoy la Palabra nos lo presenta en su dimensión gloriosa. La transfiguración de Jesús es también manifestación de la felicidad y la alegría desbordante, de vida nueva en plenitud. 

Estos tres discípulos, los más cercanos a Jesús, también serán los que le vean angustiado en el jardín de Getsemaní sudando gotas de sangre y abatido poco antes de ser llevado preso. 

A ellos se les concede contemplar esta visión rodeados de luz resplandeciente que sale del mismo Jesús. La voz del Padre dice: “Este es mi Hijo, el amado. ¡Escúchenlo!” (Mc 9, 2-9).

                                        Papa Francisco

Me hace acordar a la advertencia que hacía el Papa Francisco en su mensaje de Cuaresma, en la cual nos señala acerca del riesgo de voces falsas: “¿Qué formas asumen los falsos profetas? Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad”. Es un lenguaje muy claro acerca de cosas que suceden todos los días.

Y sigue diciendo Francisco: “Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas.…”. Por eso es tan importante escuchar a Jesús, dejar que su Palabra nos guíe.

Ante las dificultades y sufrimientos de las luchas que tenemos en este tiempo de Cuaresma, miremos adelante, a la Pascua de Cristo y a nuestra propia Pascua. Nuestra Vocación es la luz, la alegría, la felicidad. 

En esta vida nos toca muchas veces andar en la oscuridad, experimentar la lucha, enfrentar dificultades y la prueba del sufrimiento. Pero esto no es lo definitivo. La luz es nuestra meta. La Cuaresma nos adentra en la lucha con la tentación, pero la mirada está en la Pascua. 

La lucha viene de adentro de cada uno de nosotros. Por eso debemos asumir el camino de la conversión…

La lucha también viene del mundo y sus criterios de egoísmo, vanidad y sensualidad. Debemos también crecer en paciencia y aguante…

Dios nos fortalece y reanima. Gocemos de su presencia.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

         

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PROGRAMAR EN EL GPS: VIDA NUEVA Y PASCUA

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REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos invita a la reflexión del Papa Francisco donde nos propone para esta Cuaresma no dejar que el amor a los hermanos se enfríe. Tomando palabras de Jesús en el Evangelio de San Mateo, nos advierte que uno de los riesgos mayores que afronta la humanidad es perder aquello que le distingue del resto de la creación: el amor. “No dejemos que ese amor se apague, para mantenerlo vivo con ternura y entrega”.

 Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

¡Y hacia allá vamos! La Cuaresma nos lleva derechito a la celebración de la Pascua y a renovarnos en la vida de la fe, en la alegría. El camino que nos plantea está conformado por tres capas de pavimento que debemos transitar simultáneamente: la oración, el ayuno y la limosna.

En su mensaje para la Cuaresma de este año el Papa nos enseña acerca de estas tres propuestas: 

“El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida”.

“El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. (…) Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?”

“El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios”. 

Oración, ayuno y limosna están entrelazados y se necesitan mutuamente. Al privarnos de cosas superficiales o importantes podemos ahorrar un dinero con el cual ayudar a los pobres. Te propongo en estos 40 días obtener “un tesoro”. Buscá una cajita o un sobre, y allí andá guardando el fruto económico de tus sacrificios, para dedicarlo a los pobres.

Cada año el Papa nos propone un mensaje para ayudarnos a vivir en profundidad estas semanas con un lema particular. El de este año está tomado de unas palabras dichas por Jesús poco antes de entrar en Jerusalén para ser arrestado, condenado, crucificado y resucitar al tercer día. Las encontramos en el Evangelio de San Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12). Es una frase que me había pasado inadvertida, y que sin embargo, contiene una enseñanza muy honda y una seria preocupación del Señor.

Cuando se enfría el amor… Uno de los riesgos mayores que afronta la humanidad es perder aquello que le distingue del resto de la creación: el amor. Y junto con esa pérdida degradar la libertad, la paz, la amistad, la sonrisa, la alegría, la ternura, el sentido de la vida…

Cuando se enfría el amor todo se vuelve gris, aburrido, sin sentido. Cualquier pavada nos cansa o irrita. Nos volvemos quejosos, apáticos, desconfiados y hasta podemos caer en el cinismo. Va ganando lugar en nosotros una actitud de desprecio de todo, y la tristeza golpea a la puerta.

Tratamos mal a los hermanos, los juzgamos sin piedad, vemos sus defectos como si fueran ofensas intencionadas a mí mismo. Nos volvemos intolerantes, sin capacidad de comprensión. Hasta nos aislamos de los amigos y la familia, haciendo cada uno la suya. Los vínculos se vuelven funcionales según lo que necesitamos o nos conviene. Pero el amor emprende la fuga casi sin que nos demos cuenta.

Tratamos mal a la creación sin tener un corazón agradecido. Vamos contaminando todo a nuestro paso, con una mentalidad materialista del “uso y tiro”. No nos vemos como familia humana, y por tanto no cuidamos la casa común. Nos comportamos como tiranos en lugar de entrar en comunión con la hermana agua, la madre tierra. 

Tratamos mal a Dios a quien no vemos como Padre y amigo. Le desconfiamos, nos escondemos de su presencia como hicieron Adán y Eva conforme nos relata el libro del Génesis. Dejamos de rezar, de hablar con Él, de escuchar su Palabra.

Nos tratamos mal cada uno a sí mismo, sin perdonarnos derrotas y fracasos. Se desdibuja del rostro la sonrisa, damos paso a la amargura, a veces a la angustia existencial.

Cuando se enfría el amor perdemos la esperanza, y todo parece inútil…

La Iglesia cada año nos propone Cuarenta días de purificación y liberación. Para ello nos invita a ir al “Desierto”, signo de aridez que nos ayuda a mirar lo único necesario.

A su vez, en la Biblia el desierto es el lugar en el cual habla Dios. Adentrarse allí me hace dejar atrás lo que me puede distraer o dispersar, para encontrar y reavivar “el centro” de la vida. 

El desierto es el lugar del encuentro y del reencuentro con el primer amor, el noviazgo, la Palabra. (Os 2, 8-25; Jr 2, 2-5) El lugar de la aridez donde en el contraste la vida brilla de manera deslumbrante. Hay desiertos que despojan para el encuentro. En la Provincia de San Juan las manifestaciones de piedad popular multitudinarias se producen en el desierto como en San Expedito en Bermejo, o Santa Bárbara en Mogna, entre otros. 

Jesús nos invita a estar cerca de él. Quiere que pueda ver mi vida desde su corazón. Mirarme con sus ojos. Descubrir sin amargura mi mediocridad, mi chatura, mi pecado. Es un tiempo para “barajar y dar de nuevo”. 

Pero no basta el desierto, no alcanza con el silencio. Hace falta querer buscar a Dios y querer ser encontrados por Él. Nuestro Padre está deseoso de entrar en amistad con vos, conmigo, con todos. En Él el amor no se enfría jamás. Los textos de la Palabra de Dios durante este Tiempo nos muestran el Amor sin límites de Jesús, para que no se enfríe nuestra respuesta de amor.

Además de estas reflexiones dominicales, todos los miércoles -desde el 14 de febrero al 28 de marzo- estoy ofreciendo para quienes lo deseen unas charlas espirituales de 4 o 5 minutos. Las mismas estarán disponibles en Facebook, en Canal 4 en esos días a las 21.50 hs y en la página Web: www.iglesiasanjuancuyo.org.ar

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

         

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EL CAFÉ EN GRANOS Y LA PARROQUIA

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REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano sostiene que con el espíritu de “Iglesia en salida” que nos convoca con insistencia el Papa Francisco, pidamos al Padre nos muestre nuestras limitaciones pastorales y como hijos de Dios por el Bautismo, vivamos nuestra fe compartida en especial con los que no son confiados. “El tiempo de Cuaresma que se acerca nos mueve a revisar el modo que vivimos nuestra fe y ayudamos al hermano necesitado”

 Por Mons. Jorge Lozano | (*) 

El año pasado nos juntamos a cenar con varios amigos, y distribuimos qué llevaba cada uno. Por razones de practicidad a mí me encargaron llevar café en granos, ya que en la casa de la familia que nos recibía a todos les gustaba moler el café al momento de prepararlo.

Fui a un negocio a comprar y vi que había diversas propuestas en calidad y precio, con dibujos o fotos que eran bien elocuentes. Los mejores tenían un cartel que decía “granos seleccionados”, los mostraban parejitos y en color intenso, forma redondeada, tamaños semejantes. Las otras propuestas se promocionaban como “sabor suave”, o “primera cosecha”, etc. Y los dibujos nos mostraban granos más variados en color y tamaño.

Esta imagen me hizo pensar en nuestras Parroquias, que son la presencia más cercana de la Iglesia a nuestros a nuestros barrios y familias. Francisco saca como consecuencia que “esto supone que [la parroquia] realmente esté en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no se convierta en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos”. (EG 28)

No somos como los paquetes de café en que todos los granos son de “primera calidad”. Solemos tener el riesgo de incorporar actitudes que expresan aires de superioridad, o de mirar a los demás por encima del hombro. Muchas veces nos encontramos en nuestras comunidades con mediocridades y chaturas que estamos llamados a cambiar. La insistencia de convocarnos a la conversión pastoral reclama de una respuesta generosa de todos: obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y consagradas, fieles laicos. Sin darnos cuenta podemos ir aceptando formas de clericalismo que limitan la participación y ahogan la creatividad, que no dejan crecer ni intentar la búsqueda de caminos mejores. ¡Cuántas veces hemos escuchado decir: “acá siempre se hizo así”!

El Papa Francisco lo ha expresado con claridad en uno de sus discursos de su visita a Chile: “La falta de conciencia de que la misión es de toda la Iglesia y no del cura o del obispo limita el horizonte, y lo que es peor, coarta todas las iniciativas que el Espíritu puede estar impulsando en medio nuestro”. Digámoslo claro: los laicos no son nuestros peones, ni nuestros empleados. No tienen que repetir como «loros» lo que le decimos. “El clericalismo, lejos de impulsar los distintos aportes y propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos. El clericalismo se olvida de que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo fiel de Dios (cf. Lumen gentium, 9- 14) y no sólo a unos pocos elegidos e iluminados” (Francisco, 16 de enero de 2018). El clericalismo niega la eclesiología cristiana del evangelio (la vid y los sarmientos) y de las Cartas de San Pablo (el cuerpo, los miembros y la Cabeza), para terminar derivando en una especie de herejía pastoral.

Y qué importante es reconocer nuestras limitaciones en el estilo de conducción pastoral demasiado centrado en la presencia del sacerdote. Todos somos parroquia, todos los hijos de Dios por el Bautismo. “A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización. Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero. Pero tenemos que reconocer que el llamado a la revisión y renovación de las parroquias todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente, que sean ámbitos de viva comunión y participación, y se orienten completamente a la misión.” (EG 28)

En estos días en la Arquidiócesis de San Juan de Cuyo, como en tantas otras del País, se están realizando los cambios de los párrocos. Por eso es una buena oportunidad para revisar nuestras actitudes y estilos, el modo que tenemos de vivir la fe y compartirla con los que nos son confiados.

En las visitas que voy realizando en las parroquias suelen preguntarme cómo renovar el fervor misionero, cómo alentarse mutuamente en ser “Iglesia en salida, cercana a los pobres”. Es importante vernos como una madre que va en búsqueda de sus hijos para expresarles la ternura, y no como inspectora que va a cobrar facturas impagas.

Jesús vuelve a enviarnos permanentemente: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt. 28, 19). Acojamos su llamado.

El miércoles 14 de febrero comenzamos el Tiempo de Cuaresma que nos orienta hacia la Pascua. Además de estas reflexiones dominicales, todos los miércoles -desde el 14 de febrero al 28 de marzo- voy a ofrecer para quienes lo deseen unas charlas espirituales de 4 o 5 minutos. Las mismas estarán disponibles en Facebook, en Canal 4 en esos días a las 21.50 hs y en la página Web: www.iglesiasanjuancuyo.org.ar

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.    

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