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¿ES POSIBLE NACER DE NUEVO?

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| REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos señala que “La resurrección de Jesús alcanza nuestro interior más profundo. Él nos llama a participar de su gloria, a vivir en el gozo de una vida nueva, que es suya, y de la cual nosotros nos hacemos dueños, hermanos entre nosotros e hijos de Dios”. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

 

  Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

 

No nos sucede muy a menudo. Pero en algunas oportunidades quisiéramos volver el tiempo atrás y cambiar algunas cosas. Tal vez decisiones equivocadas que hemos tomado, o palabras hirientes que dijimos e hicieron mucho daño, o haber cedido a la tentación y enredarnos en situaciones complejas. 

Pero no es factible. Como expresa el dicho: “a lo hecho, pecho”. 

Sin embargo, es posible una mirada nueva que nos ayude a cambiar de perspectiva. Porque el camino recorrido es parte de nuestra vida, como lo es el presente. Pero lo decisivo hoy es hacia dónde nos dirigimos. Si por delante sólo hay oscuridad y tinieblas, todo lo vivido -aun el éxito- es una carga pesada. Pero si en el horizonte logro visualizar una luminosa vida, el camino se transforma, los dolores y tropiezos, incluso el pecado más grave, pueden ser redimido. 

Cuando Jesús conversaba con un hombre piadoso y justo llamado Nicodemo, éste le preguntó: “¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?”. Jesús le respondió: “Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes que te haya dicho: ‘Ustedes tienen que renacer de lo alto’”. (Jn 3, 4-7)

Se trata entonces de un verdadero y nuevo nacimiento del agua del Espíritu Santo. O sea, el bautismo. Por medio de este sacramento somos hijos de Dios, hermanos entre nosotros, y miembros del Cuerpo de Cristo. La muerte y resurrección de Cristo llega de esta manera a tocar las fibras más íntimas de nuestra existencia. 

En la Pascua de Cristo nos alegramos por su vida nueva. Pero también es gozo en cada uno de nosotros llamados a apropiarnos de la resurrección. Así como Cristo resucitó, estamos convocados a participar de su gloria. Por el bautismo morimos con Cristo para resucitar con Él. San Pablo lo enseñó de modo elocuente: “¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva. Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección”. (Rm 6, 3-5). 

Dos signos se destacan en la Vigilia Pascual y este Domingo: el agua y la luz: Agua que remite al bautismo que nos purifica y da vida, luz nueva que simboliza la Vida de Cristo Resucitado y la fe que se enciende en nuestros corazones. 

Volviendo al planteo inicial de estas reflexiones, no se trata de hacer “borrón y cuenta nueva”; no podemos por un acto voluntarista eliminar el pasado. Pero sí podemos redimirlo, bañarlo con la luz nueva del Espíritu Santo. 

Esto es más que capitalizar experiencias o aprender de los errores. Es asumir y purificar para darle un sentido nuevo a nuestra relación con Dios, con los demás, con la creación toda. 

La tentación que tenemos queda bien expresada en el Evangelio (Mc. 16, 1-8). Las mujeres fueron de madrugada en la mañana de la Pascua para ungir el cadáver de Jesús. Y fue tal la sorpresa al ver la tumba vacía, que ni siquiera dieron crédito al anuncio del ángel “ha resucitado, no está aquí”. Varios de los relatos de la resurrección nos muestran estas dificultades de los discípulos para la fe en la vida nueva de Jesús. 

Será necesaria la luz del Espíritu Santo para que los ilumine y ayude a ir más allá de las apariencias. 

Dejate conducir por el amor de Dios. ¡Feliz Pascua!

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

       

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VALE TODA VIDA: ¡Vamos con Jesús!

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| REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos señala que la fiesta del Domingo de Ramos nos compromete a caminar junto a Jesús en estos días santos y a celebrar la vida porque “VALE TODA VIDA”. “Expresar el compromiso de cuidar la vida desde la concepción hasta la muerte natural”

 Por Mons. Jorge Lozano | (*) 

Hoy conmemoramos el momento en el cual Jesús entra en Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Eran días en los que multitudes acudían al Templo desde distintos puntos, y también el Maestro acompañado por sus discípulos.

El Señor sabe que pronto llegará “su hora”, el momento de dar la vida para la salvación de la humanidad. Por eso Él mismo organiza esta entrada en la Ciudad Santa. Es importante detenernos a considerar los elementos que se mencionan con prolijidad en el Evangelio de San Marcos 11, 1-10.

Entra montado en su burrito, como rey pacífico, no en un brioso caballo que inspira temor. Un animal “que nadie ha montado todavía” (Mc. 11,2) como los que se usaban para los sacrificios rituales. Lo hace rodeado de sus discípulos, pobres y humildes trabajadores, pescadores, no con una escolta armada que aleja. Salen a recibirlo los niños, los pobres, los vecinos del pueblo, no las autoridades más importantes de la ciudad. Adornan su paso con ramas y mantos, no con costosas alfombras del palacio. A propósito se nos marcan estos detalles para que acudamos también nosotros sin miedo. Los cantos y saludos evocan una procesión ritual, un acto sagrado.

Hoy salimos a la calle con alegría para aclamar y recibir a Jesús. Realizamos la bendición de los Ramos y vamos al Templo en una procesión festiva. Participar de esta expresión de la fe nos compromete a acompañar a Jesús en su camino de amor y entrega hasta dar la vida. Es un camino en ascenso, en subida hacia el amor que se entrega y nos da vida nueva.

Hace 40 días comenzamos la Cuaresma, que nos trajo hasta la puerta de la Semana Santa. Puertas que se abren para entrar juntos, de la mano de Jesús. Él nos invita a vivir estos días santos. Estamos invitados a participar de las celebraciones para morir y resucitar con Cristo.

Hoy, 25 de marzo, estamos a 9 meses de la Navidad, el nacimiento de Jesús. Conmemoremos ese momento maravilloso en el cual el ángel Gabriel le anuncia a la Virgen María que será la madre del Salvador, y por obra del Espíritu Santo comienza su embarazo. Por eso lo celebramos como el día del niño por nacer.

Numerosas iniciativas se realizaran en el País y el mundo. También en nuestras comunidades.

Invitamos a todas las mamás embarazadas a acercarse este día a las celebraciones para que sean bendecidas en la nueva vida que va creciendo en su vientre. Con la consigna “VALE TODA VIDA” queremos expresar el compromiso de cuidar la vida desde la concepción hasta la muerte natural.

La vida es un Don de Dios, un regalo que nadie tiene derecho a truncar. Si de verdad queremos cuidar a las mujeres más pobres generemos condiciones de vida digna; si nos rebela el abuso, la violación y la violencia, implementemos canales de accesos a la justicia y no convalidemos con el aborto la impunidad del delincuente. En la panza de la mujer embarazada hay otro corazón que late, otro cerebro que crece, otro cuerpo, un “otro” que tiene derecho a vivir. Cuidemos las dos vidas.

Cuidar la vida es fomentar la solidaridad, la cercanía, la revolución de la ternura.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

       

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SAN JOSÉ, MODELO DE VARÓN

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| REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos propone mirar a San José, y reconocer en este hombre humilde y sencillo un modelo a imitar. Este 19 de marzo la Iglesia celebra a San José quien se puso en marcha luego de haber escuchado a Dios en sueños. “Modelo de varón”

 Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

A veces se nos muestran caricaturas borrosas y burlonas acerca del “varón tipo”. Sería, por ejemplo, el que gana dinero sin esfuerzo, que es capaz de “divertirse” con varias mujeres a un mismo tiempo sin implicarse afectivamente; el que anda en autos lujosos, se niega a compromisos familiares, y consigue llegar al éxito sin trabajar. Algunas historietas de Patoruzú lo presentaban así a Isidoro Cañones.

La letra de un tango desnuda esa cáscara de alegría y frivolidad: “Yo sé que en las madrugadas, cuando las farras dejás, / sentís tu pecho oprimido / por un recuerdo querido / y te ponés a llorar” (Azucena Maizani). La soledad, el vacío existencial, la angustia, suelen ser la contracara oculta de vidas de plástico, superficiales y devotas de la apariencia.

Algunos estudiosos afirman que buena parte de la crisis sociocultural que atravesamos se debe a la ausencia del varón. Incluso algunas películas los muestran innecesarios para la resolución de conflictos, y que son capaces de entorpecer y arruinar las posibilidades de soluciones audaces. En el fondo, se reclama su rol de padre, ordenador de la vida familiar y social. ¡Cuántos papás se desentienden de sus hijos!

Este lunes 19 de marzo celebramos la solemnidad de San José, esposo de la Virgen María y Padre adoptivo de Jesús.

En él reconocemos a un varón cabal, íntegro. Varias escenas evangélicas lo pintan de cuerpo entero. Dios le habla en sueños y José obedece. No tiene todas las evidencias en claro, pero se juega acompañado por la gracia de Dios. Confía en esas señales que Dios le muestra aún en forma borrosa, pero que en su corazón resuenan a modo de interpelación e impulso audaz.

Un hombre de su pueblo, valorando la historia, con una firme esperanza en el cumplimiento de las promesas de la Salvación. Conocedor y practicante de su religión, el Evangelio nos lo muestra como varón piadoso acompañando a María y al Niño Jesús a las celebraciones en el Templo. Tanto a los 40 días del nacimiento para presentar al Primogénito, como en la Peregrinación con muchas familias vecinas a Jerusalén cuando Jesús tenía siete años de edad.

Fue migrante en la huida a Egipto ante la persecución de Herodes que buscaba al Niño para matarlo. Y allí partió José cuidando a su familia. Le tocó vivir en un país extranjero, sin vecinos de su pueblo ni amigos, sin conocidos. La dura experiencia que hoy atraviesan tantas familias desplazadas por razones étnicas, religiosas o políticas. Los que buscan escapar del hambre o los desastres naturales.

Hombre trabajador en la carpintería para ganar el sustento familiar. Tanto es así que a Jesús lo conocían por el oficio de José: “el hijo del carpintero”.

Es patrono de la Iglesia, porque confiamos en que así como cuidó a María y a Jesús, nos protege a todos nosotros.

Miremos a José y reconozcamos los varones en él un modelo a imitar. Miremos a José y pidamos que interceda por quienes sufren a causa de la paternidad. Por quienes tienen a sus hijos enfermos, presos, en la pobreza. Por quienes ven con dolor a sus hijos encadenados en el consumo de drogas, en el alcohol o el juego. Por quienes lloran la muerte temprana y absurda. Miremos a José.

El fin de semana que viene comenzamos la Semana Santa conmemorando con el Domingo de Ramos, la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén para dar su vida por amor a nosotros. Un día muy cercano a la fe de todos nosotros.

Coincide en esta oportunidad con el 25 de marzo, a nueve meses de la celebración de la Navidad. En muchos lugares se conmemora el “día del niño por nacer”. Por ese motivo, invitamos de manera especial a todas las mamás embarazadas a acercarse a las celebraciones para recibir la bendición para sí mismas y para la vida que va creciendo en su vientre.

Y en la línea del cuidado de la vida pequeña, el pasado viernes se conoció un documento elaborado por sacerdotes y religiosas que trabajan en villas de emergencia de la capital y el Gran Buenos Aires: “Con los pobres abrazamos la vida”. Les comparto este párrafo: “Como curas y religiosas desde la villa y barrios populares, nuestra experiencia de vecinos, fruto de una consagración, es la de haber aprendido de los villeros a amar y cuidar la vida. La cultura popular de estos barrios nos ha mostrado una manera real de optar por la vida. Muchas veces donde el Estado no llega, donde la sociedad mira para otro lado, la mujer sola o atravesada por la marginalidad encuentra en las redes de amor que se generan en nuestros barrios su ayuda y su esperanza, para ella y sus hijos”.

En el Arzobispado de San Juan hemos comenzado a publicar un Boletín de informaciones eclesiales locales y mundiales cada dos semanas. Allí compartimos acontecimientos de las Comunidades, el ritmo de la Arquidiócesis, enseñanzas del Papa… Te invito a suscribirte en forma gratuita desde el link: http://www.iglesiasanjuancuyo.org.ar/boletin-vamos-por-la-vida/

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

       

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¿YA PASARON 5 AÑOS?

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| REFLEXIÓN | En estos días cumplirá el Papa Francisco cinco años al frente de la Iglesia, Monseñor Jorge Lozano nos invita a pensar en algunas de sus enseñanzas signo de su Pontificado. “Aspectos de su liderazgo que nos ayudan a vivir mejor y más profundamente nuestra Fe”

 Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

Estamos muy cerquita de que se cumplan 5 años de que Francisco fuera elegido Papa para los católicos del mundo el 13 de marzo de 2013. A la vez, Francisco es reconocido como un líder espiritual por referentes de otras confesiones religiosas y es muy valorado y escuchado en otros ambientes. Científicos, políticos, economistas, líderes sociales, presidentes de países centrales y periféricos han expresado con claridad: hace rato que no veíamos un liderazgo ético y moral global como el de Francisco.

En sus 5 años de papado, en muchas ocasiones me he referido a las características de ese liderazgo, aspectos que nos ayudan a rezar, pensar, actuar. Nos señala nuevas avenidas por las cuales andar nuestra fe, actualiza permanentemente el mensaje de Jesús distinguiendo a los marginados y olvidados de nuestro tiempo en las esquinas secundarias de la vida. Les propongo repasemos juntos esas características:

COHERENCIA. Solemos expresar que “del dicho al hecho hay un largo trecho”. En Francisco no. Dice lo que piensa, hace lo que dice. Él va primero. Vive austeramente, recibe a los pobres, privilegia a los enfermos.

LENGUAJE CLARO. Sabe lo que quiere y lo expresa sin ambigüedades. Los lemas o frases cortas que utiliza son contundentes: Iglesia en salida, pobre y para los pobres. Pastores con olor a oveja, no con espíritu de príncipes.

EMPATÍA. Se pone en el lugar del otro y “lo registra”. Es capaz de identificar a una persona en medio de una multitud, parar el “papa móvil”, bajarse, lograr cercanía, unos pocos segundos de diálogo y bendición. Y en ese gesto es capaz de lograr que muchos se sientan abrazados y tratados con ternura. Mira desde las periferias para incluir y abrazar a todos. La multitud no es masa anónima, sino pueblo, comunidad. Varios han señalado que siendo Arzobispo de Buenos Aires miraba al centro de la Ciudad desde las Villas.

COMUNICA CON GESTOS. Solemos decir que “un gesto vale más que mil palabras”. Así lo percibimos en su agenda cuando sale de visita pastoral: Unidad penal, centro de rehabilitación de adictos, barrios, pobres, indígenas, trabajadores… Me hace acordar a una enseñanza de San Francisco de Asís a sus frailes: “Predica el Evangelio en todo momento, y si es necesario, usa palabras”. Cada Jueves Santo cuando se inclina en el lavatorio de los pies ante los pobres, junto con el agua derrama ternura y compasión.

ASUME RIESGOS. No habla de fútbol con el diario del lunes. Se juega por lo que entiende que es bueno, no espera a tener todo seguro. Su horizonte no es el éxito fácil o rápido. Ha asumido riesgos importantes buscando diálogo entre Palestina e Israel, Cuba y Estados Unidos, impulsando los acuerdos entre las FARC y Colombia, visitando a Egipto aunque no faltaron quienes le aconsejaron que no fuera por cuestiones de seguridad. Tiene audacia apostólica.

Podría intentar resumir su enseñanza en pocos renglones, pero tomo una dupla que suele ser el poderoso motor invisible de los grandes cambios y avances superadores entre las personas, las comunidades, las sociedades: el perdón y la misericordia. “Jamás renunciemos a ser signos humildes de perdón e instrumentos de misericordia” (Francisco, Asís, agosto 2016).

“Él nunca se cansa de perdonar; somos nosotros los que, a veces, nos cansamos de pedir perdón. Y no tenemos que cansarnos nunca, nunca. Él es el Padre amoroso que perdona siempre y cuyo corazón está lleno de misericordia para todos nosotros. Tenemos que aprender a ser más misericordiosos con todos” (Primer Ángelus de Francisco, 17 de marzo de 2013).

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

      

 

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PALABRAS DE ALIENTO PARA CUANDO SE HAGA LA NOCHE

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REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos invita a que miremos en ésta Cuaresma hacia nuestra propia Pascua, allí esta Jesús resucitado, felicidad verdadera. “Las dificultades de la vida nos acompañan siempre, es la lucha que tenemos en cada tiempo, pero nuestra Vocación es la luz, la alegría, la paz en el corazón”

 

 Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

Hay momentos en la vida en los que necesitamos gestos grandes de cercanía y amor que nos sostengan el ánimo y nos preparen para los momentos difíciles que puedan venir. Cuando un hijo va a rendir un examen importante la mamá se esmera en el desayuno, cuando alguien se tiene que ausentar un largo tiempo por trabajo se le hacen agasajos no comunes, antes de una cirugía complicada…

Jesús sabe que a los discípulos les va a costar mucho aceptar la Pasión. Apenas se los había anunciado, ya empezaron las discusiones y malos entendidos. No les resultará sencillo verlo sufrir, ser humillado, flagelado, despreciado y crucificado. Por eso quiere sostenerlos de manera especial a los tres más cercanos, Pedro, Santiago y Juan. Y, por qué no, también a vos y a mí. 

El domingo pasado lo veíamos a Jesús en el desierto luchando con la tentación del demonio. Una dimensión de la fe que está unida al bautismo. Lo hemos visto como verdadero hombre. Hoy la Palabra nos lo presenta en su dimensión gloriosa. La transfiguración de Jesús es también manifestación de la felicidad y la alegría desbordante, de vida nueva en plenitud. 

Estos tres discípulos, los más cercanos a Jesús, también serán los que le vean angustiado en el jardín de Getsemaní sudando gotas de sangre y abatido poco antes de ser llevado preso. 

A ellos se les concede contemplar esta visión rodeados de luz resplandeciente que sale del mismo Jesús. La voz del Padre dice: “Este es mi Hijo, el amado. ¡Escúchenlo!” (Mc 9, 2-9).

                                        Papa Francisco

Me hace acordar a la advertencia que hacía el Papa Francisco en su mensaje de Cuaresma, en la cual nos señala acerca del riesgo de voces falsas: “¿Qué formas asumen los falsos profetas? Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad”. Es un lenguaje muy claro acerca de cosas que suceden todos los días.

Y sigue diciendo Francisco: “Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas.…”. Por eso es tan importante escuchar a Jesús, dejar que su Palabra nos guíe.

Ante las dificultades y sufrimientos de las luchas que tenemos en este tiempo de Cuaresma, miremos adelante, a la Pascua de Cristo y a nuestra propia Pascua. Nuestra Vocación es la luz, la alegría, la felicidad. 

En esta vida nos toca muchas veces andar en la oscuridad, experimentar la lucha, enfrentar dificultades y la prueba del sufrimiento. Pero esto no es lo definitivo. La luz es nuestra meta. La Cuaresma nos adentra en la lucha con la tentación, pero la mirada está en la Pascua. 

La lucha viene de adentro de cada uno de nosotros. Por eso debemos asumir el camino de la conversión…

La lucha también viene del mundo y sus criterios de egoísmo, vanidad y sensualidad. Debemos también crecer en paciencia y aguante…

Dios nos fortalece y reanima. Gocemos de su presencia.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

         

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PROGRAMAR EN EL GPS: VIDA NUEVA Y PASCUA

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REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos invita a la reflexión del Papa Francisco donde nos propone para esta Cuaresma no dejar que el amor a los hermanos se enfríe. Tomando palabras de Jesús en el Evangelio de San Mateo, nos advierte que uno de los riesgos mayores que afronta la humanidad es perder aquello que le distingue del resto de la creación: el amor. “No dejemos que ese amor se apague, para mantenerlo vivo con ternura y entrega”.

 Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

¡Y hacia allá vamos! La Cuaresma nos lleva derechito a la celebración de la Pascua y a renovarnos en la vida de la fe, en la alegría. El camino que nos plantea está conformado por tres capas de pavimento que debemos transitar simultáneamente: la oración, el ayuno y la limosna.

En su mensaje para la Cuaresma de este año el Papa nos enseña acerca de estas tres propuestas: 

“El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida”.

“El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. (…) Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?”

“El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios”. 

Oración, ayuno y limosna están entrelazados y se necesitan mutuamente. Al privarnos de cosas superficiales o importantes podemos ahorrar un dinero con el cual ayudar a los pobres. Te propongo en estos 40 días obtener “un tesoro”. Buscá una cajita o un sobre, y allí andá guardando el fruto económico de tus sacrificios, para dedicarlo a los pobres.

Cada año el Papa nos propone un mensaje para ayudarnos a vivir en profundidad estas semanas con un lema particular. El de este año está tomado de unas palabras dichas por Jesús poco antes de entrar en Jerusalén para ser arrestado, condenado, crucificado y resucitar al tercer día. Las encontramos en el Evangelio de San Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12). Es una frase que me había pasado inadvertida, y que sin embargo, contiene una enseñanza muy honda y una seria preocupación del Señor.

Cuando se enfría el amor… Uno de los riesgos mayores que afronta la humanidad es perder aquello que le distingue del resto de la creación: el amor. Y junto con esa pérdida degradar la libertad, la paz, la amistad, la sonrisa, la alegría, la ternura, el sentido de la vida…

Cuando se enfría el amor todo se vuelve gris, aburrido, sin sentido. Cualquier pavada nos cansa o irrita. Nos volvemos quejosos, apáticos, desconfiados y hasta podemos caer en el cinismo. Va ganando lugar en nosotros una actitud de desprecio de todo, y la tristeza golpea a la puerta.

Tratamos mal a los hermanos, los juzgamos sin piedad, vemos sus defectos como si fueran ofensas intencionadas a mí mismo. Nos volvemos intolerantes, sin capacidad de comprensión. Hasta nos aislamos de los amigos y la familia, haciendo cada uno la suya. Los vínculos se vuelven funcionales según lo que necesitamos o nos conviene. Pero el amor emprende la fuga casi sin que nos demos cuenta.

Tratamos mal a la creación sin tener un corazón agradecido. Vamos contaminando todo a nuestro paso, con una mentalidad materialista del “uso y tiro”. No nos vemos como familia humana, y por tanto no cuidamos la casa común. Nos comportamos como tiranos en lugar de entrar en comunión con la hermana agua, la madre tierra. 

Tratamos mal a Dios a quien no vemos como Padre y amigo. Le desconfiamos, nos escondemos de su presencia como hicieron Adán y Eva conforme nos relata el libro del Génesis. Dejamos de rezar, de hablar con Él, de escuchar su Palabra.

Nos tratamos mal cada uno a sí mismo, sin perdonarnos derrotas y fracasos. Se desdibuja del rostro la sonrisa, damos paso a la amargura, a veces a la angustia existencial.

Cuando se enfría el amor perdemos la esperanza, y todo parece inútil…

La Iglesia cada año nos propone Cuarenta días de purificación y liberación. Para ello nos invita a ir al “Desierto”, signo de aridez que nos ayuda a mirar lo único necesario.

A su vez, en la Biblia el desierto es el lugar en el cual habla Dios. Adentrarse allí me hace dejar atrás lo que me puede distraer o dispersar, para encontrar y reavivar “el centro” de la vida. 

El desierto es el lugar del encuentro y del reencuentro con el primer amor, el noviazgo, la Palabra. (Os 2, 8-25; Jr 2, 2-5) El lugar de la aridez donde en el contraste la vida brilla de manera deslumbrante. Hay desiertos que despojan para el encuentro. En la Provincia de San Juan las manifestaciones de piedad popular multitudinarias se producen en el desierto como en San Expedito en Bermejo, o Santa Bárbara en Mogna, entre otros. 

Jesús nos invita a estar cerca de él. Quiere que pueda ver mi vida desde su corazón. Mirarme con sus ojos. Descubrir sin amargura mi mediocridad, mi chatura, mi pecado. Es un tiempo para “barajar y dar de nuevo”. 

Pero no basta el desierto, no alcanza con el silencio. Hace falta querer buscar a Dios y querer ser encontrados por Él. Nuestro Padre está deseoso de entrar en amistad con vos, conmigo, con todos. En Él el amor no se enfría jamás. Los textos de la Palabra de Dios durante este Tiempo nos muestran el Amor sin límites de Jesús, para que no se enfríe nuestra respuesta de amor.

Además de estas reflexiones dominicales, todos los miércoles -desde el 14 de febrero al 28 de marzo- estoy ofreciendo para quienes lo deseen unas charlas espirituales de 4 o 5 minutos. Las mismas estarán disponibles en Facebook, en Canal 4 en esos días a las 21.50 hs y en la página Web: www.iglesiasanjuancuyo.org.ar

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

         

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EL CAFÉ EN GRANOS Y LA PARROQUIA

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REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano sostiene que con el espíritu de “Iglesia en salida” que nos convoca con insistencia el Papa Francisco, pidamos al Padre nos muestre nuestras limitaciones pastorales y como hijos de Dios por el Bautismo, vivamos nuestra fe compartida en especial con los que no son confiados. “El tiempo de Cuaresma que se acerca nos mueve a revisar el modo que vivimos nuestra fe y ayudamos al hermano necesitado”

 Por Mons. Jorge Lozano | (*) 

El año pasado nos juntamos a cenar con varios amigos, y distribuimos qué llevaba cada uno. Por razones de practicidad a mí me encargaron llevar café en granos, ya que en la casa de la familia que nos recibía a todos les gustaba moler el café al momento de prepararlo.

Fui a un negocio a comprar y vi que había diversas propuestas en calidad y precio, con dibujos o fotos que eran bien elocuentes. Los mejores tenían un cartel que decía “granos seleccionados”, los mostraban parejitos y en color intenso, forma redondeada, tamaños semejantes. Las otras propuestas se promocionaban como “sabor suave”, o “primera cosecha”, etc. Y los dibujos nos mostraban granos más variados en color y tamaño.

Esta imagen me hizo pensar en nuestras Parroquias, que son la presencia más cercana de la Iglesia a nuestros a nuestros barrios y familias. Francisco saca como consecuencia que “esto supone que [la parroquia] realmente esté en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no se convierta en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos”. (EG 28)

No somos como los paquetes de café en que todos los granos son de “primera calidad”. Solemos tener el riesgo de incorporar actitudes que expresan aires de superioridad, o de mirar a los demás por encima del hombro. Muchas veces nos encontramos en nuestras comunidades con mediocridades y chaturas que estamos llamados a cambiar. La insistencia de convocarnos a la conversión pastoral reclama de una respuesta generosa de todos: obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y consagradas, fieles laicos. Sin darnos cuenta podemos ir aceptando formas de clericalismo que limitan la participación y ahogan la creatividad, que no dejan crecer ni intentar la búsqueda de caminos mejores. ¡Cuántas veces hemos escuchado decir: “acá siempre se hizo así”!

El Papa Francisco lo ha expresado con claridad en uno de sus discursos de su visita a Chile: “La falta de conciencia de que la misión es de toda la Iglesia y no del cura o del obispo limita el horizonte, y lo que es peor, coarta todas las iniciativas que el Espíritu puede estar impulsando en medio nuestro”. Digámoslo claro: los laicos no son nuestros peones, ni nuestros empleados. No tienen que repetir como «loros» lo que le decimos. “El clericalismo, lejos de impulsar los distintos aportes y propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos. El clericalismo se olvida de que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo fiel de Dios (cf. Lumen gentium, 9- 14) y no sólo a unos pocos elegidos e iluminados” (Francisco, 16 de enero de 2018). El clericalismo niega la eclesiología cristiana del evangelio (la vid y los sarmientos) y de las Cartas de San Pablo (el cuerpo, los miembros y la Cabeza), para terminar derivando en una especie de herejía pastoral.

Y qué importante es reconocer nuestras limitaciones en el estilo de conducción pastoral demasiado centrado en la presencia del sacerdote. Todos somos parroquia, todos los hijos de Dios por el Bautismo. “A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización. Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero. Pero tenemos que reconocer que el llamado a la revisión y renovación de las parroquias todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente, que sean ámbitos de viva comunión y participación, y se orienten completamente a la misión.” (EG 28)

En estos días en la Arquidiócesis de San Juan de Cuyo, como en tantas otras del País, se están realizando los cambios de los párrocos. Por eso es una buena oportunidad para revisar nuestras actitudes y estilos, el modo que tenemos de vivir la fe y compartirla con los que nos son confiados.

En las visitas que voy realizando en las parroquias suelen preguntarme cómo renovar el fervor misionero, cómo alentarse mutuamente en ser “Iglesia en salida, cercana a los pobres”. Es importante vernos como una madre que va en búsqueda de sus hijos para expresarles la ternura, y no como inspectora que va a cobrar facturas impagas.

Jesús vuelve a enviarnos permanentemente: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt. 28, 19). Acojamos su llamado.

El miércoles 14 de febrero comenzamos el Tiempo de Cuaresma que nos orienta hacia la Pascua. Además de estas reflexiones dominicales, todos los miércoles -desde el 14 de febrero al 28 de marzo- voy a ofrecer para quienes lo deseen unas charlas espirituales de 4 o 5 minutos. Las mismas estarán disponibles en Facebook, en Canal 4 en esos días a las 21.50 hs y en la página Web: www.iglesiasanjuancuyo.org.ar

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.    

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“YO SOY CATÓLICA, PERO NO SOY FANÁTICA”

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REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano pondera que la vida diaria de Jesús era muy intensa, tan vital, que infundía admiración en sus discípulos y los movía felices a seguirlo muy de cerca. Propone una mirada desde el corazón a estos pasajes del Evangelio para vivir de igual modo nuestra Fe. A 20 años de la muerte del Cardenal Eduardo Pironio piden por su Beatificación

 Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

Era de noche y estacioné el auto a cuatro cuadras del Templo al cual iba a celebrar una misa. No fue fácil encontrar ese lugar ya que había muchos vehículos en varias cuadras a la redonda. Yo pensé “si la cuarta parte de esta gente va a la misma misa que yo, van a quedar muchos afuera”. Y así fue. Todavía faltaba media hora para comenzar y ya no se podía entrar.

Pero no me quiero distraer. Cuando bajé del auto me saludó una señora que cuidaba los vehículos de la cuadra y, al verme vestido con la camisa que usamos los sacerdotes, me preguntó: “¿Usted es sacerdote católico?”. A lo cual le respondí que sí y que estaba yendo a misa a la Iglesia cercana. Y ahí fue que soltó esta frase: “Yo también soy católica, pero no soy fanática”. Te confieso que la primera impresión que me dio era que ella suponía que yo sí era fanático. Y superando la molestia inicial, me acerqué a conversar un ratito. Le pregunté dónde vivía, cómo era su familia. Me comentó que había bautizado a sus cinco hijos, que todos ya habían recibido la Comunión y dos, la Confirmación. Los tres más chicos no quisieron seguir con la catequesis. El diálogo se vio interrumpido un par de veces por algún auto que llegaba y otro que se iba. Nos saludamos cordialmente, me pidió la bendición para ella y su familia, y por el trabajo de su marido.

La verdad, no sé qué quiso decir en concreto respecto del fanatismo religioso. Pero esa expresión me quedó dando vueltas en el corazón.

Los evangelios nos muestran un ritmo de vida muy exigente de Jesús en su dedicación a la Predicación, la recepción de los enfermos, las enseñanzas a los discípulos en particular, la visita a los amigos, las discusiones con los jefes religiosos de su tiempo…

El Evangelio de San Marcos (1, 29-39) que leemos hoy en las misas nos muestra la agenda de una “jornada tipo” en la vida de Jesús y los discípulos. Van a la Sinagoga en sábado para participar del culto y, además, el Señor libera a un endemoniado. De allí van a casa de Pedro y Andrés; al llegar encuentran en cama y con fiebre a la suegra de Pedro, Jesús, tomándola de la mano, la cura. Al atardecer el pueblo se juntó en la puerta de la casa: llevaban a sus enfermos y endemoniados. Jesús reza por ellos, sana y sigue liberando del demonio. Después a dormir y, antes del amanecer, Jesús se había ido a un lugar desierto a orar, a estar a solas con su Padre. Cuando Pedro y los demás discípulos lo buscan para llevarlo de nuevo al pueblo, Jesús les dice “vayamos a otra parte a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido”. (Mc 1,38)

Tan intenso era el ritmo que llevaban que algunos parientes de Jesús se empezaron a preocupar. Unas pocas páginas más adelante el mismo evangelio nos dice que una vez “se juntó tanta gente que no lo dejaban ni comer. Al enterarse su familia, venían a llevárselo, porque decían ‘es un exaltado’ ”. (Mc 3, 20-21) Otras traducciones dicen que estaba fuera de sí. Una gran santa chilena que murió poco antes de cumplir 20 años de edad decía: “Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca” (Santa Teresa de los Andes).

Es que descubrir la grandeza del amor de Jesús por nosotros es algo que no deja de sorprendernos. El Documento Conclusivo de Aparecida nos enseña de este modo: “El Señor despertaba las aspiraciones profundas de sus discípulos y los atraía a sí llenos de asombro. El seguimiento es fruto de una fascinación que responde al deseo de realización humana, al deseo de vida plena. El discípulo es alguien apasionado por Cristo, al que reconoce como el maestro que lo conduce y acompaña”. (DA 277)

Las palabras usadas en este párrafo “aspiraciones-deseos-asombro-fascinación-apasionados” son muy fuertes, y están señalando una dimensión afectiva de experiencia de plenitud. El encuentro con Cristo no nos hace comprender una verdad abstracta e inocua. Nos toca las fibras más hondas y nos renueva en la esperanza. Y nos ubica en la necesidad de anunciarlo “por desborde de gratitud y alegría” (DA 14).

San Pablo nos compartió su experiencia: “¡Ay de mí si no predico el evangelio!” (I Cor 9,16). Un misionero incansable que lo soportó todo por amor y llegó a escribir “Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gal 2,20).

En estos primeros días de febrero me toca vivir experiencias muy hondas y particulares. Estoy predicando el Retiro anual a las monjas carmelitas, una experiencia profunda de comunión y oración. Se realiza este domingo el “Encuentro de verano” de la Acción Católica de San Juan con el lema “Él nos amó primero”, pasión con todos y para todos; buscando renovar el compromiso apostólico en cada comunidad. Varios Párrocos nuevos que empiezan a asumir sus servicios en las comunidades a las cuales son enviados…

Te pido recemos para que a todos los bautizados el Señor nos empuje al encuentro con Él y a la misión.

Este lunes 5 de febrero se cumplen 20 años de la muerte del Cardenal Eduardo Pironio, un hombre que vivió apasionadamente su amor a Jesús, a la Virgen María, a la Iglesia, a los pobres, a los jóvenes. Con este motivo este domingo se celebra una misa en la Basílica de Luján pidiendo por su Beatificación. Nos unimos a esa intención.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

     

 

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BUENAS NOTICIAS: CRECEN LAS ORGANIZACIONES PARA EL BIEN

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REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano invita a mirar a nuestro alrededor, donde “encontraremos gente buena haciendo cosas buenas, integran la larga lista de quienes se han comprometido con el prójimo para ayudar y llevar consuelo, demos gracias a Dios por ellos, mientras pensamos en qué podemos sumarnos”. Cada palabra del Papa Francisco en Chile y Perú fueron un llamado a encontrar nuestra mejor versión para servir a Cristo. Hay gente buena. Y es mucha

 Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

Ante la presencia en los diarios y en los noticieros (a veces con insistencia) de personas que hacen daño al prójimo, a la creación, y a sí mismos, se nos puede pasar por alto tanta generosidad en muchos más. El otro día escuchaba a un Sacerdote que predicaba “hace más ruido un árbol que cae en el bosque, que los miles que van creciendo en ese mismo momento”.

Hay gente buena a nivel personal, sin destacarse ni brillar. Las mamás que educan a sus hijos, les tratan con ternura, les enseñan a decir la verdad… Los abuelos y abuelas que cuidan a sus nietos. Vecinos que se ayudan y acompañan. Enfermos que son asistidos por sus familiares y amigos.

Gente que en medio de un clima egoísta e individualista mira más allá del metro cuadrado que ocupa. Me podrán decir que cada vez son menos. Es probable. Pero si no los destacamos se nos pierden los buenos ejemplos que arrastran y conmueven, interpelan y cuestionan la tibieza imperante.

También hay gente que se organiza para hacer el bien. Desde los movimientos sociales, las organizaciones no gubernamentales, las cooperativas…

Quisiera destacar a los grupos misioneros que durante el verano se multiplican por todo el País. Entre sus miembros hay algunos adultos, familias, religiosos, sacerdotes, diáconos… Pero en su mayoría son jóvenes. Ellos dedican parte de sus vacaciones (o todos los días que disponen) para ir al encuentro de otros, en general a lugares pobres. Durante el año tienen reuniones de oración y reflexión. Buscan donaciones, realizan actividades para recaudar fondos económicos.

Encarnan el pedido de Francisco de ser “Iglesia en salida, pobre y para los pobres”.

Algunos se dedican a servicios solidarios de trabajo manual: construir o arreglar casas, pintar escuelas o centros de salud, reparar capillas o centros de catequesis.

La mayoría de los grupos trabaja la misión casa por casa para compartir la alegría de la fe, organiza juegos para niños y adolescentes, encuentros para jóvenes y familias, celebraciones, misas. Son cientos de grupos. Esto es, sin dudas, una muy buena noticia.

Pero hay más para renovar la esperanza. En la Argentina se vienen multiplicando las Comunidades terapéuticas y Centros Barriales que buscan ayudar a quienes están dispuestos a emprender el difícil camino de superar el consumo y adicción a las drogas. Realizan tareas de prevención promoviendo actividades deportivas, culturales, religiosas, recreativas. Brindan familia, escucha, vínculos nuevos.

Mencionemos también a tantos varones y mujeres que voluntariamente participan de los servicios de Caritas. Talleres de capacitación laboral, apoyo escolar, emprendimientos laborales de lo más diversos.

Seguramente vos conocerás unos cuantos más que podemos agregar a una larga lista de gente que se compromete con los demás, haciendo un poco más soportable el desamparo, la soledad, la miseria.

Demos gracias a Dios por la generosidad de tanta gente, y pensemos en qué podemos sumarnos.

La semana pasada te compartía algunas enseñanzas del Papa en Chile. Quisiera ahora destacar algunas que expresó en Perú. Al hablarle al clero local, también sentí que nos habló a otros cleros de otras geografías, y lo destaco no por ombliguismo-personalista-corporativo sino porque agradezco que Francisco llame a que no rehúya cuestionarme, preguntarme, interpelarme; me hace bien que confíe en que puedo encontrar una mejor versión de mí mismo como servidor de Cristo en este tiempo: “Me gusta subrayar que nuestra fe, nuestra vocación es memoriosa, esa dimensión deuteronómica de la vida. Memoriosa porque sabe reconocer que ni la vida, ni la fe, ni la Iglesia comenzó con el nacimiento de ninguno de nosotros: la memoria mira al pasado para encontrar la savia que ha irrigado durante siglos el corazón de los discípulos, y así reconoce el paso de Dios por la vida de su pueblo. (…) Cuando yo digo ‘quiero que un obispo, un cura, una monja, un seminarista sea memorioso’, ¿Qué quiero decir? Y es lo que me gustaría compartir ahora. 1. Una dimensión es la alegre conciencia de sí. No hay que ser un inconsciente de sí mismo, no. Saber qué es lo que le está pasando, pero alegre conciencia de sí. (…) ¡Nos hace bien saber que no somos el Mesías! Nos libra de creernos demasiado importantes, demasiado ocupados. (…) Esta tentación se combate de muchos modos, pero también con la risa. (…) Aprender a reírse de uno mismo nos da la capacidad espiritual de estar delante del Señor con los propios límites, errores y pecados, pero también aciertos, y con la alegría de saber que Él está a nuestro lado. (…) 2. Lo segundo es la hora del llamado, hacernos cargo de la hora del llamado. (…) Nos hace bien recordar que nuestras vocaciones son una llamada de amor para amar, para servir. No para sacar tajada para nosotros mismos. (…) No te la creas, no sos el pueblo más importante, sos de lo peorcito, pero se enamoró de ese, y bueno, qué quieren, tiene mal gusto el Señor, pero se enamoró de ese… Amor de entrañas, amor de misericordia que mueve nuestras entrañas para ir a servir a otros al estilo de Jesucristo. No al estilo de los fariseos, de los saduceos, de los doctores de la ley, de los zelotes, no, no, esos buscaban su gloria. (…) 3. La alegría contagiosa. La alegría es contagiosa cuando es verdadera. (…) La fe en Jesús se contagia. Y si hay un cura, un obispo, una monja, un seminarista, un consagrado que no contagia es un aséptico, es de laboratorio, que salga y se ensucie las manos un poquito y ahí va a empezar a contagiar el amor de Jesús. (…) La fragmentación o el aislamiento no es algo que se da ‘fuera’ como si solamente fuese un problema del ‘mundo’. Hermanos, las divisiones, guerras, aislamientos los vivimos también dentro de nuestras comunidades, dentro de nuestros presbiterios, dentro de nuestras Conferencias episcopales ¡y cuánto mal nos hacen! Jesús nos envía a ser portadores de comunión, de unidad, pero tantas veces parece que lo hacemos desunidos y, lo que es peor, muchas veces poniéndonos zancadillas unos a otros, ¿o me equivoco?”.

Francisco y su carta encíclica Laudato Si’ se vieron patentizados en su mensaje dirigido a los pueblos de la Amazonia: “Sabemos de movimientos que, en nombre de la conservación de la selva, acaparan grandes extensiones de bosques y negocian con ellas generando situaciones de opresión a los pueblos originarios para quienes, de este modo, el territorio y los recursos naturales que hay en ellos se vuelven inaccesibles. Esta problemática provoca asfixia a sus pueblos y migración de las nuevas generaciones ante la falta de alternativas locales. Hemos de romper con el paradigma histórico que considera la Amazonia como una despensa inagotable de los Estados sin tener en cuenta a sus habitantes. Considero imprescindible realizar esfuerzos para generar espacios institucionales de respeto, reconocimiento y diálogo con los pueblos nativos; asumiendo y rescatando la cultura, lengua, tradiciones, derechos y espiritualidad que les son propias. (…) La cultura de nuestros pueblos es un signo de vida. La Amazonia, además de ser una reserva de la biodiversidad, es también una reserva cultural que debe preservarse ante los nuevos colonialismos”.

Cuánto para aprender, profundizar y rezar.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.            

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FRANCISCO SORPRENDE, ALIENTA, ENVÍA

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REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos invita a pensar en los gestos y acciones del Papa Francisco en su visita a Chile y Perú, un llamado paternal a la esperanza y la paz, a buscar a Jesús desde el corazón mirando a nuestros hermanos más necesitados. “Mi paz les doy” “Unidos por la esperanza”, los lemas de Francisco en Chile y Perú

 Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

Hemos visto -me atrevo a decir “compartido desde y con el corazón”- en estos días momentos de la visita del Papa a Chile y Perú. Personalmente he tenido la gracia de ser testigo cercano de varios de esos encuentros y celebraciones en Santiago de Chile, y pude seguir ampliamente por televisión otros en los cuales no podíamos trasladarnos.

Antes de seguir avanzando es conveniente especificar “qué es una Visita Apostólica”. Francisco, como sucesor del Apóstol San Pedro, tiene la misión encomendada por Jesús de confirmar y alentar en la fe a sus hermanos. (cfr Lc 22,32). Nuestro querido Papa consuela, ilumina desde la Palabra y con la Luz del Espíritu Santo.

Nos ha regalado gestos y palabras que enseñan a todos, católicos, hermanos de otros credos, agnósticos, ateos… Gestos y palabras dirigidas a todos los bautizados, o más especialmente a los consagrados y consagradas, los diáconos, los sacerdotes u obispos, los jóvenes, los excluidos… Son gestos y palabras contundentes, o como me decía un hombre en la calle, “me gusta porque habla clarito”.

Te comparto algunas frases de sus enseñanzas, que espero te sirvan de motivación para leerlas de forma completa.

Fue conmovedor escuchar sus palabras y los testimonios en la Unidad Penal de mujeres detenidas. La hermana Nelly le dijo “En Chile se encarcela la pobreza”, como en tantos países de América Latina; ¿y en Argentina? Una de las detenidas, Janeth, con valentía pidió perdón por los delitos cometidos y nos regaló un testimonio tan íntimo como desolador: “Papa amigo, aquí en la cárcel, he sido testigo de grandes dolores. He visto llorar a muchas compañeras al enterarse de que han abusado de sus hijos o que han asesinado a alguno de ellos. Y ese dolor Santo Padre, es totalmente desgarrador”. Francisco les dijo: “Ser privado de libertad no es lo mismo que estar privado de dignidad. De ahí que es necesario luchar contra todo tipo de corsé, de etiqueta que diga que no se puede cambiar, o que no vale la pena, o que todo da lo mismo. [Aquí el Papa recitó una frase del tango argentino ‘Cambalache’: ‘Dale que va que todo es igual, que allá en el horno nos vamos a encontrar’. No, no es todo lo mismo]. Queridas hermanas, ¡no! Todo no da lo mismo. Cada esfuerzo que se haga por luchar por un mañana mejor -aunque muchas veces pareciera que cae en saco roto- siempre dará fruto y se verá recompensado”.

A los consagrados y consagradas, seminaristas, novicias y novicios, diáconos, sacerdotes, obispos, reunidos en la Catedral les alentó a mirar la realidad, la Iglesia concreta, a no quedarse rumiando desolación, a servir a los pobres: “Somos, sí, llamados individualmente pero siempre a ser parte de un grupo más grande. No existe la selfie vocacional. La vocación exige que la foto te la saque otro, ¡qué le vamos a hacer! (…) Conozco el dolor que han significado los casos de abusos ocurridos a menores de edad y sigo con atención cuanto hacen para superar ese grave y doloroso mal. Dolor por el daño y sufrimiento de las víctimas y sus familias, que han visto traicionada la confianza que habían puesto en los ministros de la Iglesia. Dolor por el sufrimiento de las comunidades eclesiales, y dolor también por ustedes, hermanos, que además del desgaste por la entrega han vivido el daño que provoca la sospecha y el cuestionamiento, que en algunos o muchos pudo haber introducido la duda, el miedo y la desconfianza. Sé que a veces han sufrido insultos en el metro o caminando por la calle; que ir ‘vestido de cura’ en muchos lados se está ‘pagando caro’. Por eso los invito a que pidamos a Dios nos dé la lucidez de llamar a la realidad por su nombre, la valentía de pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que Él nos está diciendo. (…) Nos guste o no, estamos invitados a enfrentar la realidad así como se nos presenta. La realidad personal, comunitaria y social”.

Su visita al Hogar de Cristo nos dejó muy claro el mensaje de San Alberto Hurtado, su fundador en el año 1944, y también de Francisco: recibir y no cansarnos de recibir a nuestros hermanos más frágiles y vulnerables. Allí rezó ante la tumba del santo chileno, compartió charlas y mesa con miembros de la Compañía de Jesús, con colaboradores del Hogar y con quienes allí viven en concreta recuperación de su dignidad.

La celebración eucarística en Temuco estuvo cargada de simbolismos y llamados a cuidar la unidad. En ese sentido destacó que la solidaridad es la “única arma contra la desforestación de la esperanza”. Llamó también a “estar atentos a tentaciones que contaminen de raíz el don de la unidad”: confundir unidad con uniformidad y a distinguir las armas válidas para construir la unidad; aquí no vale todo. Advirtió también sobre la violencia en dos sentidos: “acuerdos que terminan en bonitas palabras que no se cumplen”, y “a la destrucción que termina cobrándose vidas humanas”. “No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro. (…) Decimos: ‘no a la violencia que destruye en ninguna de sus dos formas’.”

El encuentro con los jóvenes tampoco tuvo desperdicio. Francisco logró con ellos la empatía y el diálogo que lo caracterizan. Tomó como imagen el quedarse sin batería en el celular y sin WiFi para mostrarles la importancia de estar conectados con Cristo. La contraseña para conectarse la tomó de San Alberto Hurtado: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”. Los llamó a desplegar los sueños del corazón y a ser protagonistas del cambio. Citó al grupo musical chileno La Ley en su canción “Aquí”: “Al quedarnos sin esa ‘conexión’ que le da vida a nuestros sueños, el corazón comienza a perder fuerza, a quedarse también sin batería y como dice esa canción: ‘el ruido ambiente y soledad de la ciudad nos aíslan de todo. El mundo que gira al revés pretende sumergirme en él ahogando mis ideas’.” Y ahí aparece Cristo con su propuesta que da sentido a la vida: “Porque no basta con escuchar alguna enseñanza religiosa o aprender una doctrina; lo que queremos es vivir como Jesús vivió. Por eso los jóvenes del Evangelio le preguntan: ‘Señor, ¿dónde vives?’; ¿cómo vives? Queremos vivir como Jesús, Él sí que hace vibrar el corazón”.

Por último, una reflexión acerca de cosas que escuché aquí en Chile en las horas previas a la llegada de Francisco. Comentarios tendenciosos, y hasta mentirosos y deshonestos. Pretendían mostrarnos un pueblo indiferente al Papa, que mostraba frialdad y hasta enojo por su venida. Si bien es cierto que no todos se reconocen católicos, lo que vimos en las calles, los estadios, los campos, no coincidieron con esos negros nubarrones presagiados.

Un hermano de Chile me dijo respecto de Francisco: “No somos conscientes de la trascendencia de este hombre, no valoramos lo que tenemos”. Estoy feliz de haber participado de esta experiencia espiritual y pastoral. Pido al buen Dios nos ayude a abrir el corazón a quien nos regaló como pastor.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.              

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