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Y SIN EMBARGO, SIGUEN ESPERANDO

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos invita a abrir con docilidad nuestro corazón para entregarnos a nuestros hermanos más necesitados según la mirada de Cristo, mientras resuena el llamado del Papa Francisco en esta Jornada Mundial de los Pobres. Primera “Jornada Mundial de los Pobres”

Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

A menudo escuchamos o decimos “dame un tiempo”, “esperame un poco”, “en unos días te llamo”, “el año que viene lo volvemos a conversar”. No siempre uno se cree lo que dice o escucha. Pero no tenemos más remedio que esperar, aunque lo hagamos con algo de escepticismo.

A los pobres les sucede siempre. Tienen necesidades básicas sin cubrir, urgencias de salud, demoras en respuestas educativas, situaciones de graves postergaciones que se heredan de generación en generación. Y sin embargo, siguen esperando.

Esta semana que pasó pude visitar varias familias y comunidades atravesadas por la pobreza y algunas sumergidas en la miseria. En unas casas me decían “te estábamos esperando”, como expresando que lo más anhelado era la visita, la compañía y, como fruto del encuentro, la solidaridad.

Estamos desarrollando la primera “Jornada Mundial de los Pobres”. Y Francisco no usa eufemismos ni palabras complicadas: “Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma” (Mensaje del Papa n° 3). La solidaridad es fruto del afecto, que se alimentan mutuamente.

Muchas veces nos quejamos de lo mal que están las cosas en el mundo. Hablando somos unos genios para denunciar la corrupción, la riqueza que se acumula en pocas manos; pero a la hora del compromiso y de poner manos a la obra quedan unos pocos en carrera. “Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación” (Mensaje del Papa n° 4). Y para escuchar hace falta cercanía y prestar atención. Involucrarnos haciendo nuestros sus reclamos y angustias.

“Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera (Mensaje del Papa n° 5). El riesgo de la globalización de la indiferencia nos acecha. Muy a menudo se da una naturalización de la riqueza acumulada, la pobreza extendida, el planeta sobreexplotado. Consideramos “normal” la barbarie, la violencia, el despojo, la miseria.

Hay que dar pasos concretos para acercarnos a los pobres, encontrarnos con ellos en sus ranchos, casillas o en la calle; en las cárceles y los hospitales. Muy cerquita tuyo Jesús está presente en los niños con los pies descalzos en la tierra, con poca ropa, poca comida, y mucha necesidad de cariño. En su familia y en sus vecinos.

El Evangelio predicado por Jesús posee una potencialidad fuertemente renovadora que nos desinstala y provoca. Ciertamente que nos mueve a replantear el modo en el cual vivimos la fe y la proponemos a los demás. El Capítulo 25 de San Mateo es contundente, Jesús dice: “Tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y ustedes me dieron de beber; estaba de paso y me alojaron; desnudo y me vistieron; enfermo y me visitaron; preso, y me vinieron a ver” (Mt. 25, 35 -36). San Juan Pablo II, comentando este pasaje escribió que “esta página no es una simple invitación a la caridad: es una página de cristología, que ilumina el misterio de Cristo. Sobre esta página, la Iglesia comprueba su fidelidad como esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia” (NMI 49). Las herejías no son sólo de palabras o conceptos, también las hay de conductas.

El 23 de noviembre de 1977, cerca de las 6:30 de la mañana, se produjo el terremoto en Caucete, San Juan. Junto con las viviendas, se derrumbaron vidas e historias familiares, fuentes de trabajo… Emergieron orfandades, pobreza, soledad… Nos unimos al dolor, la oración, la esperanza.

El sábado que viene, 25 de noviembre, a las 10 de la mañana se celebrará en Córdoba la beatificación de la Madre Catalina. Una mujer que trabajó siempre junto a los más pobres de su tiempo, quienes tenían un lugar privilegiado en su corazón y sus acciones. Te invito a sumarte con tu oración y a seguir por televisión la imagen de la Misa.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

      
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BASTA DE VERSOS EN EL AMOR

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos invita a “abrir definitivamente el corazón a nuestros hermanos necesitados”. Señala que “en los más pobres está el mismo Jesús, es como tocar el cuerpo de Cristo extendiendo la mano con cariño y fe”. “Jornada Mundial de los Pobres”

  Por Mons. Jorge Lozano | (*) 

De la boca al cerebro hay unos pocos centímetros, y de ambos al corazón apenas unos 15. Y de allí a los pies y las manos a veces pareciera que miles de kilómetros. ¿Por qué arranco estas reflexiones mencionando cuestiones de medidas? Porque uno de los problemas que solemos tener los cristianos es el abismo entre lo que decimos cuando rezamos, lo que pensamos, lo que sentimos, y lo que finalmente hacemos en concreto. Corremos el riesgo de mucho Padre Nuestro rezado, pero poco vivido en el trato cotidiano con los demás.

En unas cuantas oportunidades escuché gente que alaba a Francisco por sus gestos de cercanía a los pobres, a los enfermos, lo presos… Pero eso no siempre alcanza para decidirse a imitarlo y seguir su ejemplo.

El domingo que viene, 19 de noviembre, se desarrollará la primera “Jornada Mundial de los Pobres” convocada por el Papa al concluir el año Jubilar de la Misericordia.

El lema elegido por el Santo Padre es “No amemos de palabra sino con obras”, tomado de una Carta de San Juan en el Nuevo Testamento: “Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras” (I Jn. 3, 18).

Es un fuerte llamado a dejar de lado el “verso elegante” para quedar bien, y pasar a las actitudes palpables con los hermanos. El amor no es una idea abstracta, sino una realidad bien concreta. El amor cuando está se nota, y cuando no también. Por eso decimos que “brilla por su ausencia”.

La carta de Santiago nos advierte que “la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta” (St. 2, 17). Y en un diálogo imaginario plantea: “muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe” (St. 2, 18).

Para decirlo con claridad: la cuestión no es hacer una donación en dinero de vez en cuando, que no está demás; ni tampoco dar la ropa que nos sobra y ocupa lugar en casa, aunque esto también hay que hacerlo. Deberíamos dar algunos pasos más, ir al encuentro con los pobres y hacerlos nuestros amigos, y que esto se nos incorpore de tal manera que se haga un estilo de vida.

El Papa en su mensaje para esta Jornada Mundial nos dice que “si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles” (n° 3). Un llamado claro a unir devoción al Cuerpo Eucarístico y amor al mismo Cuerpo del mismo Cristo en los pobres y excluidos. Tocar el cuerpo de Cristo es posible y accesible a todos, basta extender la mano con cariño y fe.

Por eso te aliento a que te propongas algunos compromisos bien concretos: ir a visitar a algún rancho pobre, tomar unos mates con familias a las que pocos visitan, escuchar sus anhelos, sus fracasos, sus pesares… Estoy seguro de que vos ves pobres a tu lado, andando las calles, durmiendo en ellas: probá salir de tu individualidad y acercarte aunque sea con un saludo, una sonrisa, un gesto de fraternidad. Muchos necesitan ser alentados, acompañados en sus búsquedas. 

Una Familia me ponía como ejemplo que iban a invitar a almorzar a su casa el domingo que viene a unos chicos que pasan por la cuadra a pedir comida con frecuencia habitual, otros que iban a llevar a unos adolescentes a comprar ropa, y no faltó quien me dijo que iban a ir a pasear con unos niños y a tomar helado.  La creatividad nos puede dar ideas hermosas para acercarnos a los más pobres y encontrar en ellos a Jesús.

La semana pasada estuvimos de Asamblea Plenaria de los Obispos de todas las diócesis del País. Hemos renovado autoridades y miembros de todas las Comisiones que tienen como finalidad ayudar en la tarea Pastoral en nuestros lugares y ser expresión de la Comunión Colegial. Recemos por esta nueva etapa que se inicia.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

        
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