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SOBREDOSIS DE ANESTESIA ESPIRITUAL

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano sostiene que la Navidad no es magia, es la realidad de una familia humilde cuyo Hijo nace en un pesebre porque no había posada en el pueblo, es la realidad de Dios Hijo que se hace pequeño y llama a nuestros corazones pidiendo un lugar cálido para nacer. Cual será nuestra respuesta? Miramos para otro lado?

  Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

Cuando nos sometemos a una cirugía o realizamos un tratamiento odontológico suelen aplicarnos una anestesia para menguar el dolor. Sentimos como si se adormeciera la piel o la zona en la cual debe hacer efecto. Recuerdo hace un tiempo haber ido al dentista, y al regresar a casa tener el labio con una sensación de hormigueo que dificultaba tomar mate. Según puedo saber, la anestesia es factible que sea local o total, dependiendo del tipo de intervención a realizar.

Pensaba que esto nos puede suceder también en el alma o en la vida espiritual. De tanto acostumbrarnos al pecado ya no nos duele, o ver pobres ya no nos llama la atención. Este adormecimiento espiritual se puede producir con uno mismo o con los demás. 

Conmigo mismo me puedo acostumbrar a convivir con el pecado en alguna o varias de sus expresiones: la mentira, la sensualidad, la superficialidad, la mediocridad, la pereza, el egoísmo… Y tanto nos habituamos que la conciencia ya no es escuchada. O nos justificamos poniendo excusas, o trasladando la culpa a otros. Después de un tiempo ya no nos duele pecar, o lo que es peor pretendemos llamar bien al mal. Como encogiendo los hombros diciendo “es lo que hay”.

Es la tentación de suponer haber llegado al tope de la vida espiritual y negarse a crecer un poco más cada día. Tirarse a chanta, y aceptar convivir con la mediocridad como si fuera la salida más común y la única posible. 

Pero podemos estar adormecidos también ante los demás, vivir como si no existieran, casi como si fueran invisibles o parte de otro mundo con el cual es imposible entrar en contacto. Naturalizamos la pobreza, esquivamos las personas molestas, evadimos responsabilidades comunes a todos. Le hacemos una gambeta de lujo al compromiso, y con un firulete decimos “ooolee” como excelentes toreros. Somos campeones del “yo no fui” y el “a mí qué”

Reclamamos que los demás hagan lo que les corresponde pero yo siempre tengo una excusa para borrarme. Jesús denunciaba a quienes murmuraban por atrás (Jn.6, 41) y a los dirigentes que “atan pesadas cargas en los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo”. (Mt. 23,4)

Faltan pocos días para la Noche Buena y la Navidad. Está muy al alcance de la mano la posibilidad de la evasión de la realidad escapando a mundos imaginarios de fantasías inexistentes. La Navidad no es mágica. En la magia parece que sucede lo que sabemos no pasa en realidad. Los conejos y las palomas no viven en los sombreros, y las personas no pueden ser atravesadas por espadas o dividir su cuerpo en dos partes y seguir como si nada. En la Noche Buena no hay trucos de magia que hace Dios. Es realismo puro. Una familia pobre, una cueva de animales como morada y lugar del parto, pastores que cuidan sus rebaños en la noche, escapar a Egipto ante la persecución de Herodes… ¿Dónde está la magia de la Navidad?

Los ángeles en el cielo, la alegría del Pueblo, los Reyes que siguen una estrella para adorar al Niño, son parte de la obra de Dios, que también quiere llegar a nosotros. Preparemos el corazón. Dios te está buscando.

Hoy es el cumpleaños del Papa Francisco, cumple 81 años. Le damos gracias por su entrega a la Iglesia universal, su testimonio de ternura por nuestra madre la Virgen, por su empeño en vivir como Jesús y ser testigo de su amor por todo hombre y mujer de este, su tiempo, por expresar su apego incondicional a la justicia, la verdad, la paz en todo el mundo. Rezamos por él y su tarea.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

           

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CIELO NUEVO Y TIERRA NUEVA

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano expresa que el tiempo de Adviento nos lleva a buscar y encontrar a nuestro hermano, mirando también la dimensión espiritual de nuestra vida, Jesús nos llama ser peregrinos en la Tierra caminando con la Buena Noticia del Evangelio. Invita a hacerlo juntos

 Por Mons. Jorge Lozano | (*)   

La vez pasada me puse a pensar en el cielo y me acordé de un diálogo mantenido hace un tiempo con una joven de unos 25 años de edad. Su nombre es Maricel. Ella me preguntó: “Padre, ¿cómo es el cielo? Porque yo sé que Fernando está allí, pero no alcanzo a imaginarme qué hace”. Fernando, su novio, había fallecido hacía un mes.  Y fuimos imaginando juntos. “¿Qué cosas le hacían feliz a Fernando? ¿Qué lugares disfrutaba más? ¿En qué momento del día o la semana lo veías más contento?” En “el cielo de Maricel”, Fernando estaba tomando mate con amigos, contemplando un atardecer recostado en un árbol frondoso y aromático, con pajaritos que daban música al momento, rodeado de flores multicolores, y con la guitarra a un costado. De a poco se fue completando la escena imaginando hasta los detalles más insospechados.

El Papa Benedicto XVI publicó hace 10 años una Encíclica sobre la esperanza cristiana, titulada “Spe Salvi”, que significa “en esperanza somos salvados”. Allí nos enseña bellamente acerca de la vida eterna invitándonos a despojarnos del pensamiento de la temporalidad “y augurar de algún modo que la eternidad no sea un continuo sucederse de días del calendario, sino como el momento pleno de satisfacción, en el cual la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos la totalidad. Sería el momento del sumergirse en el océano del amor infinito, en el cual el tiempo –el antes y el después– ya no existe. Podemos únicamente tratar de pensar que este momento es la vida en sentido pleno, sumergirse siempre de nuevo en la inmensidad del ser, a la vez que estamos desbordados simplemente por la alegría”. (SS 12)

Jesús nos enseña que ha venido para que tengamos vida en abundancia (Jn. 10, 10). La segunda lectura que hoy proclamamos en las misas nos recuerda que “nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia”. (II Pe 3, 13)

¡Qué bueno prestar atención a esta dupla!: cielo y tierra nuevos. Nuestra esperanza a futuro no se desliga de este mundo. Toda la tierra, todo el universo es creación de Dios, una expresión de su amor. Nuestra vocación cristiana no nos hace espiritualoides. Un documento de los Obispos de la Argentina expresa que “Nunca hemos de separar la santificación de los compromisos sociales. Estamos llamados a una felicidad que no se alcanza en esta vida. Pero no podemos ser peregrinos al cielo si vivimos como fugitivos de la ciudad terrena”. (Navega Mar Adentro n° 74)

Pero tampoco debemos caer en dejar de lado la dimensión espiritual de nuestra vida. El Evangelio es Buena Noticia para toda la existencia.

Este fin de semana estamos entre dos fiestas muy significativas de la Virgen María: La Inmaculada Concepción (8 de diciembre) y Nuestra Señora de Guadalupe (el 12). En María contemplamos nuestra vocación a la santidad y pureza de vida, y la ternura de Dios que llega en lenguaje sencillo a sus hijos más pequeños. Ella nos alienta en la esperanza: “¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?”.

En muchas casas, templos, vidrieras de los comercios se empieza a armar el Pesebre. Desde los más simples y pequeños hasta los más grandes y completos, se nos muestra a toda la creación en actitud de espera paciente: las estrellas, montañas, campos, animales diversos, los pastores, San José, la Virgen. Todo el Universo aguardando al Salvador.

En algunas veredas se percibe el aroma de los jazmines, característico de este tiempo. Renovemos el deseo de cielo nuevo y tierra nueva. Ensanchemos el horizonte. No te achiques. No esperes menos de lo que Dios nos promete

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

         

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“SE TE ESCAPÓ LA TORTUGA”

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano sostiene que el tiempo de Adviento es de esperanza, es una invitación que nos hace la Iglesia a escuchar, ver, palpar, la presencia de Cristo Vivo. Convoca a hacerlo juntos

  Por Mons. Jorge Lozano | (*) 

Es un dicho que solemos usar para expresar que hay oportunidades que se nos pierden por no tener una actitud de responsabilidad ante la vida, y por no saber valorar el momento, por dejarnos estar.

Podemos decir que muestra una dejadez prolongada ligada a la pereza que nos hace “dejar para mañana lo que podemos hacer hoy”. Y esto nos puede suceder en el ámbito del estudio, del trabajo, de los arreglos en la casa, de las compras, etc. O también en nuestra dimensión espiritual.

Un himno que rezamos en la Liturgia de las Horas expresa: “Mañana le abriremos, respondía, para lo mismo responder mañana”.

Pero hoy otro dicho que en algo difiere del de la tortuga: “Al mejor cazador se le escapa la liebre”. Aquí no hay pereza, pero sí la pérdida de una oportunidad. Tal vez exceso de confianza en uno mismo, o falta de preparación. O subestimar la situación. Todos podemos tener un descuido o distracción.

Hoy comenzamos un nuevo Tiempo Litúrgico, el Adviento, que nos llevará a preparar la vida para la próxima celebración navideña. Muy pronto comenzarán algunos “estímulos” de afuera que son tentaciones para desviarnos de lo central. Comenzará a aparecer Papá Noel por todos lados, ofertas de compras y seremos presa de las preocupaciones (cuando no de discusiones) acerca de adónde ir a comer el 24 y 25 de diciembre, cómo organizarnos para los regalos, etc.

Estamos a tres semanas de la Navidad. Por eso el llamado de alerta es para que no se te escape la tortuga. Tampoco presumas de manejarlo todo y que no se te piante la liebre.

Este consejo no te lo doy como quien sabe todo y siempre hace bien las cosas. Este domingo 3 de diciembre estoy cumpliendo 35 años de sacerdote. Y a mí me pasó varias veces de perder liebres y tortugas.

Pero volvamos al principio. La Palabra “Adviento” significa visita, llegada de alguien importante que es esperado. Lo más fascinante es que esperamos a quien ya ha venido, a quien está presente. En este sentido, “el esperado” es “el ya presente pero no descubierto del todo”.

Una invitación a escuchar, ver, palpar, la presencia de Cristo Vivo.

Hay una triple mirada acerca de la visita del Señor: la primera en la cual vino humilde en el Pesebre de Belén, la tercera que acontecerá al final de los tiempos, y la intermedia, que acontece cada día.

Por un lado miramos a la Navidad (pasado), al futuro (el fin de los tiempos) y el presente (la experiencia de Encuentro en la Liturgia, los pobres, la comunidad, la misión).

Contemplando el pasado hacemos memoria de los inicios de la obra salvadora de Dios, del cumplimiento de las promesas hechas a los profetas.

Mirando el futuro reconocemos la culminación de nuestra vocación: la plenitud de vida, la santidad, la alegría desbordante.

Y así nos ubicamos en el presente como tiempo de trabajo. No es una espera pasiva de lo porvenir, sino de preparar el terreno, sembrar, buscar a Jesús en los pobres, disponer el corazón para el encuentro cotidiano.

Por eso el Evangelio que hoy proclamamos nos empuja a estar atentos al tiempo presente, mirando al pasado y al futuro. Nos abrimos a la esperanza. No es una invitación a la ilusión ni al dramatismo, sino al realismo del tiempo concreto.

Por eso te sugiero realices algún propósito concreto para las próximas semanas: lectura de la Biblia, visita a alguien con quien estés con enojo, atender a los pobres o enfermos.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

       
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FIESTA EN EL CIELO Y EN LA TIERRA

REFLEXIÓN | Ayer, sábado 25, se realizó la ceremonia en la cual fue beatificada la Madre Catalina de María Rodríguez. Mujer que nació en Córdoba el 27 de noviembre de 1823 y murió el 5 de abril de 1896. “Madre Catalina nos muestra el camino hacia el Corazón de Jesús y de María Santísima”

 Por Mons. Jorge Lozano | (*)   

Con este paso de la beatificación, la Iglesia nos muestra en ella una persona que vivió conforme al Evangelio y que se encuentra gozando de la presencia de Jesús Resucitado junto a todos los Santos y Beatos.

¿Son solamente ellos los que están en el cielo? Ciertamente que no. ¡Cuánta gente buena hemos conocido y que la Iglesia no ha necesitado declarar su Santidad! Confiamos que ellos también están en el cielo. Seguramente que vos también podrías contar historias de personas realmente muy buenas y que hicieron mucho bien en sus Parroquias, barrios, instituciones.

Podemos evocar a mamás y papás, enfermeras, docentes, misioneros, catequistas, sacerdotes, diáconos, obispos, dirigentes de Movimientos… Un sinnúmero de fieles que también han vivido a fondo el Evangelio, y muchas veces de modo oculto y silencioso.

Catalina se destacó por su gran confianza en el Corazón de Jesús, y su mayor anhelo era serle fiel y agradarle en todo. Cuando tenía 17 años de edad hizo sus ejercicios espirituales de San Ignacio, y pensó en consagrarse a Dios en la vida religiosa, pero la única opción que había en ese tiempo para las mujeres eran los Monasterios de Clausura, y ella sentía que no era esa su vocación.

A los 27 años se casó con un hombre viudo que había tenido dos hijos en su matrimonio anterior, y Catalina se dedicó a cuidarlos y atender las cuestiones hogareñas. De ese matrimonio tuvo una hija que murió al nacer.  Cuando su esposo falleció fue anidando el sueño de fundar una Congregación Religiosa con características particulares.

Pasa el tiempo, va madurando esa intuición y, en 1872, cuando tenía 49 años funda la primera congregación de vida apostólica en la Argentina. Tuvo que sortear muchas dificultades para lograr lo que ella había llamado su “Sueño Dorado”. Una mujer que se animó a soñar y ser perseverante en esa búsqueda. Que no se achicó ni tuvo miedo a la adversidad. Pienso que en eso podemos también parecernos todos nosotros. Sea cual sea nuestra vocación estamos llamados a cosas grandes, nobles ideales que el Espíritu Santo pone en nuestros corazones. A veces, por quedarnos en “lo prudente o aceptable para los demás”, podemos caer en el conformismo de la tibieza que no nos ayuda a crecer, y corre el riesgo de quitar atractivo a la vida cristiana. Una “vida común” que en realidad es chirle y sin consistencia. Lo que el Papa Benedicto XVI denominaba “gris pragmatismo”.

En algo más podemos tomar su vida como modelo: se dejó interpelar y conmover por los más heridos de la sociedad. Quiso ser consuelo y se comprometió en la promoción humana de los pobres y abandonados, llevando la luz de la fe y el aliento de la caridad concreta. Por eso “Catalina es de todos”, como indican algunas de las frases que actualizaron su mensaje. Su “Sueño Dorado” no significó abstraerse de la realidad ni vivir en una burbuja misticoide, sino pisar la tierra y el barro para servir a los más pobres y desamparados. Como nos enseña Francisco, “la misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo”. Con la comunidad de religiosas fundada por ella, fue estrecha colaboradora de San José Gabriel del Rosario Brochero en la organización de los Ejercicios Espirituales en la Villa del Tránsito y también en la puesta en marcha del Colegio de Niñas.

Hoy celebramos en la Iglesia la Solemnidad de Cristo como Rey del Universo. La Acción Católica lo asume como su Fiesta. Doy gracias a Dios por tantos dones espirituales y pastorales que nos ha regalado por medio de esta querida Institución.

Unamos también nuestra oración por los tripulantes del submarino ARA San Juan, por sus familiares y amigos.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

       
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Y SIN EMBARGO, SIGUEN ESPERANDO

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos invita a abrir con docilidad nuestro corazón para entregarnos a nuestros hermanos más necesitados según la mirada de Cristo, mientras resuena el llamado del Papa Francisco en esta Jornada Mundial de los Pobres. Primera “Jornada Mundial de los Pobres”

Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

A menudo escuchamos o decimos “dame un tiempo”, “esperame un poco”, “en unos días te llamo”, “el año que viene lo volvemos a conversar”. No siempre uno se cree lo que dice o escucha. Pero no tenemos más remedio que esperar, aunque lo hagamos con algo de escepticismo.

A los pobres les sucede siempre. Tienen necesidades básicas sin cubrir, urgencias de salud, demoras en respuestas educativas, situaciones de graves postergaciones que se heredan de generación en generación. Y sin embargo, siguen esperando.

Esta semana que pasó pude visitar varias familias y comunidades atravesadas por la pobreza y algunas sumergidas en la miseria. En unas casas me decían “te estábamos esperando”, como expresando que lo más anhelado era la visita, la compañía y, como fruto del encuentro, la solidaridad.

Estamos desarrollando la primera “Jornada Mundial de los Pobres”. Y Francisco no usa eufemismos ni palabras complicadas: “Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma” (Mensaje del Papa n° 3). La solidaridad es fruto del afecto, que se alimentan mutuamente.

Muchas veces nos quejamos de lo mal que están las cosas en el mundo. Hablando somos unos genios para denunciar la corrupción, la riqueza que se acumula en pocas manos; pero a la hora del compromiso y de poner manos a la obra quedan unos pocos en carrera. “Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación” (Mensaje del Papa n° 4). Y para escuchar hace falta cercanía y prestar atención. Involucrarnos haciendo nuestros sus reclamos y angustias.

“Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera (Mensaje del Papa n° 5). El riesgo de la globalización de la indiferencia nos acecha. Muy a menudo se da una naturalización de la riqueza acumulada, la pobreza extendida, el planeta sobreexplotado. Consideramos “normal” la barbarie, la violencia, el despojo, la miseria.

Hay que dar pasos concretos para acercarnos a los pobres, encontrarnos con ellos en sus ranchos, casillas o en la calle; en las cárceles y los hospitales. Muy cerquita tuyo Jesús está presente en los niños con los pies descalzos en la tierra, con poca ropa, poca comida, y mucha necesidad de cariño. En su familia y en sus vecinos.

El Evangelio predicado por Jesús posee una potencialidad fuertemente renovadora que nos desinstala y provoca. Ciertamente que nos mueve a replantear el modo en el cual vivimos la fe y la proponemos a los demás. El Capítulo 25 de San Mateo es contundente, Jesús dice: “Tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y ustedes me dieron de beber; estaba de paso y me alojaron; desnudo y me vistieron; enfermo y me visitaron; preso, y me vinieron a ver” (Mt. 25, 35 -36). San Juan Pablo II, comentando este pasaje escribió que “esta página no es una simple invitación a la caridad: es una página de cristología, que ilumina el misterio de Cristo. Sobre esta página, la Iglesia comprueba su fidelidad como esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia” (NMI 49). Las herejías no son sólo de palabras o conceptos, también las hay de conductas.

El 23 de noviembre de 1977, cerca de las 6:30 de la mañana, se produjo el terremoto en Caucete, San Juan. Junto con las viviendas, se derrumbaron vidas e historias familiares, fuentes de trabajo… Emergieron orfandades, pobreza, soledad… Nos unimos al dolor, la oración, la esperanza.

El sábado que viene, 25 de noviembre, a las 10 de la mañana se celebrará en Córdoba la beatificación de la Madre Catalina. Una mujer que trabajó siempre junto a los más pobres de su tiempo, quienes tenían un lugar privilegiado en su corazón y sus acciones. Te invito a sumarte con tu oración y a seguir por televisión la imagen de la Misa.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

      
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BASTA DE VERSOS EN EL AMOR

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos invita a “abrir definitivamente el corazón a nuestros hermanos necesitados”. Señala que “en los más pobres está el mismo Jesús, es como tocar el cuerpo de Cristo extendiendo la mano con cariño y fe”. “Jornada Mundial de los Pobres”

  Por Mons. Jorge Lozano | (*) 

De la boca al cerebro hay unos pocos centímetros, y de ambos al corazón apenas unos 15. Y de allí a los pies y las manos a veces pareciera que miles de kilómetros. ¿Por qué arranco estas reflexiones mencionando cuestiones de medidas? Porque uno de los problemas que solemos tener los cristianos es el abismo entre lo que decimos cuando rezamos, lo que pensamos, lo que sentimos, y lo que finalmente hacemos en concreto. Corremos el riesgo de mucho Padre Nuestro rezado, pero poco vivido en el trato cotidiano con los demás.

En unas cuantas oportunidades escuché gente que alaba a Francisco por sus gestos de cercanía a los pobres, a los enfermos, lo presos… Pero eso no siempre alcanza para decidirse a imitarlo y seguir su ejemplo.

El domingo que viene, 19 de noviembre, se desarrollará la primera “Jornada Mundial de los Pobres” convocada por el Papa al concluir el año Jubilar de la Misericordia.

El lema elegido por el Santo Padre es “No amemos de palabra sino con obras”, tomado de una Carta de San Juan en el Nuevo Testamento: “Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras” (I Jn. 3, 18).

Es un fuerte llamado a dejar de lado el “verso elegante” para quedar bien, y pasar a las actitudes palpables con los hermanos. El amor no es una idea abstracta, sino una realidad bien concreta. El amor cuando está se nota, y cuando no también. Por eso decimos que “brilla por su ausencia”.

La carta de Santiago nos advierte que “la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta” (St. 2, 17). Y en un diálogo imaginario plantea: “muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe” (St. 2, 18).

Para decirlo con claridad: la cuestión no es hacer una donación en dinero de vez en cuando, que no está demás; ni tampoco dar la ropa que nos sobra y ocupa lugar en casa, aunque esto también hay que hacerlo. Deberíamos dar algunos pasos más, ir al encuentro con los pobres y hacerlos nuestros amigos, y que esto se nos incorpore de tal manera que se haga un estilo de vida.

El Papa en su mensaje para esta Jornada Mundial nos dice que “si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles” (n° 3). Un llamado claro a unir devoción al Cuerpo Eucarístico y amor al mismo Cuerpo del mismo Cristo en los pobres y excluidos. Tocar el cuerpo de Cristo es posible y accesible a todos, basta extender la mano con cariño y fe.

Por eso te aliento a que te propongas algunos compromisos bien concretos: ir a visitar a algún rancho pobre, tomar unos mates con familias a las que pocos visitan, escuchar sus anhelos, sus fracasos, sus pesares… Estoy seguro de que vos ves pobres a tu lado, andando las calles, durmiendo en ellas: probá salir de tu individualidad y acercarte aunque sea con un saludo, una sonrisa, un gesto de fraternidad. Muchos necesitan ser alentados, acompañados en sus búsquedas. 

Una Familia me ponía como ejemplo que iban a invitar a almorzar a su casa el domingo que viene a unos chicos que pasan por la cuadra a pedir comida con frecuencia habitual, otros que iban a llevar a unos adolescentes a comprar ropa, y no faltó quien me dijo que iban a ir a pasear con unos niños y a tomar helado.  La creatividad nos puede dar ideas hermosas para acercarnos a los más pobres y encontrar en ellos a Jesús.

La semana pasada estuvimos de Asamblea Plenaria de los Obispos de todas las diócesis del País. Hemos renovado autoridades y miembros de todas las Comisiones que tienen como finalidad ayudar en la tarea Pastoral en nuestros lugares y ser expresión de la Comunión Colegial. Recemos por esta nueva etapa que se inicia.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

        
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HACE UN AÑO LLEGUÉ A SAN JUAN

 

  Por Mons. Jorge Lozano | (*)

El 4 de noviembre del año pasado comencé mi servicio pastoral como Arzobispo Coadjutor en San Juan de Cuyo. Tengo recuerdos muy hondos de una celebración muy bonita, cargada de sentimientos: dejar la querida Diócesis de Gualeguaychú, despedirme de tantos hermanos e historias compartidas, para abrir el corazón y la mente a nuevos desafíos.

Necesité de entrada ponerle rostros a la Arquidiócesis de San Juan de Cuyo. Empezar a conocer las historias de las comunidades, percibir la idiosincrasia de cada una, sus logros y fracasos, expectativas y anhelos. Poco a poco, una realidad geográfica se fue poblando de personas, familia, grupos… Una realidad dinámica, con sus procesos desplegados, sus caminos recorridos. Vida compartida y comprometida en la misión de la Iglesia.

Varios me preguntaban con ansiedad cuáles eran mis orientaciones pastorales y si iba a dar algunas directivas o fijar objetivos de trabajo. En realidad no es adecuado que esas decisiones las discierna yo solo en mi escritorio o con la participación de unos pocos. Por eso estamos conformando el Consejo Pastoral Arquidiocesano, para que hagamos ese camino con las diversas vocaciones, servicios, ministerios y carismas de la Iglesia en San Juan. Pero, como nos enseña el Papa Francisco, “el objetivo de estos procesos participativos no será principalmente la organización eclesial, sino el sueño misionero de llegar a todos”. (EG 31) La principal preocupación no es la estructura sino la vitalidad, no son los cargos y organigramas sino la fidelidad a la vocación. Son herramientas que pueden ayudar a fortalecer la Comunión y la Misión, pero los frutos no vienen de modo automático sino que hará falta disponibilidad al diálogo, apertura al Espíritu para discernir los signos de los tiempos.

Además, debemos reconocer que los horizontes ya están trazados con claridad. Los podría expresar con palabras del Papa: Iglesia en salida, pobre y para los pobres, que vive la alegría del Evangelio, y que nos convoca a ser discípulos misioneros de Jesucristo.

El Santo Padre ha puesto algunos documentos muy importantes en el camino de su Magisterio: “La alegría del Evangelio (sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual); “Laudato Si’” (sobre el cuidado de la casa común); “La alegría del amor” (sobre el amor en la familia). Y ahora nos convoca a centrar la mirada en “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

La tarea que tenemos consiste en ver cuál es nuestro punto de partida y el de cada comunidad. Desde dónde debemos partir hacia esos horizontes. Pido a Jesús me ayude a plasmar lo que enseña Francisco acerca de la misión del Obispo que “a veces estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados y, sobre todo, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos”. (EG 31) Es una tarea artesanal para la cual contamos con el Evangelio, con la Gracia del Espíritu Santo, y con la sabiduría y generosidad del Pueblo de Dios.

Estamos transitando un tiempo apasionante en la vida de la Iglesia. Somos convocados, llamados juntos, para dar testimonio del amor de Dios.  Vuelvo a poner este tiempo en el corazón y la intercesión de tres grandes hombres que nos muestran el camino: San Juan Bautista, el Precursor de Jesús apasionado por la verdad; San José Gabriel del Rosario Brochero, enamorado de Jesús con su vida pobre y entregada; y el Siervo de Dios Monseñor José Américo Orzali, el Buen Pastor de Cuyo, incansable en recorrer las comunidades y alentar la predicación de la fe.

El 2 y 3 de noviembre en Buenos Aires, participé del “II Diálogo de Alto Nivel de Ética y Economía. Finanzas sostenibles, trabajo digno y desarrollo inclusivo”. Entre las muchas personas con las que estuvimos compartiendo pareceres, tuvimos como eje el imperioso pedido del Papa Francisco de “escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” y planteamos la necesidad de expresar nuevos valores humanos que se reflejen en instancias superadoras en la economía y la política en diálogo permanente con la ética.

Esta semana que iniciamos tendremos la Asamblea Plenaria de los Obispos de todas las diócesis del País. Te pido nos acompañes con tu oración. Y pongamos también en nuestras oraciones a las víctimas del atentado en Nueva York y a todos quienes sufren violencia en el mundo.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

      
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MAMÁS CON TODAS LAS LETRAS

REFLEXIÓN Monseñor Jorge Lozano sostiene que cada mamá y cada niño están en el corazón de Dios desde siempre, y cuando el bebé es concebido, se cumple el sueño eterno del Creador que por amor nos regala vida. Feliz día mamá que haces posible éste milagro! Les envío mi cariño y bendición! Que tengan una buena semana!”

Por Mons. Jorge Lozano | (*)    

En las diversas culturas suele suceder que las palabras más significativas o valiosas tienen pocas letras: sí, no, vida, mamá, papá, paz, amor… Tal vez sea porque las usamos con frecuencia, o para que los niños las aprendan con mayor facilidad. En pocas letras se dice mucho.

En la Argentina estamos celebrando hoy el día de la madre, una vocación con todas las letras. Todos nosotros hemos nacido de una mamá y, salvo algunas experiencias dolorosas que alguno pudo haber sufrido, el vínculo con la mamá es fundante de cariño y afecto. Desde la panza hay dos corazones que laten cada uno a su propio ritmo, pero muy cerquita uno del otro, a apenas unos pocos centímetros de distancia.

Una comunicación durante el embarazo que se manifiesta también en acariciar el vientre y la vida que alberga, hasta se puede ver el contorno de los pies del bebé que se dibujan en la piel materna.

Francisco nos enseña que “el embarazo es una época difícil, pero también es un tiempo maravilloso. La madre acompaña a Dios para que se produzca el milagro de una nueva vida” (AL 168). Qué mirada tan certera. Por eso podemos decir que “cada niño que se forma dentro de su madre es un proyecto eterno del Padre Dios y de su amor eterno: «Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jr 1,5). Cada niño está en el corazón de Dios desde siempre, y en el momento en que es concebido se cumple el sueño eterno del Creador” (AL 168). Nadie vive por casualidad. Ninguna vida es producto de la fatalidad ni mucho menos un castigo divino.

Al nacer aparecen palabras nuevas cargadas de luz: caricia, beso, calor, mejilla, mirada…

Un salmo asume esos momentos para expresar la belleza del vínculo con Dios: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros. / No he pretendido grandes cosas / ni he tenido aspiraciones desmedidas. / No, yo aplaco y modelo mis deseos: / como niño tranquilo en brazos de su madre, / así está mi alma dentro de mí” (Salmo 131).

Esta escena la podemos contemplar en nuestra imaginación y ¡cuántas obras de arte la han recogido! En muchas plazas está el “monumento a la madre” y nos evoca al niño con todo su entorno de paz. Mamá también es la que relata los primeros cuentos y está dispuesta a repetirlos todas las veces que sea necesario. Así alienta, estimula la imaginación, ayuda al crecimiento afectivo, emocional, creativo. Ella consuela ante el dolor y los golpes que forman parte del crecimiento y la vida: caerse de la bicicleta, tropezar en la vereda, pincharse con una espina… Muchas incluso acompañan la iniciación en la fe enseñando las primeras oraciones, a hacer la señal de la cruz, a tirarle un besito a la imagen de la Virgen. ¡Qué importante es esta dedicación a la fe!

Sin embargo, debemos reconocer (aunque nos duela) que muchos niños no son queridos y esperados con ternura y alegría. Circunstancias difíciles los muestran como una carga o un problema. Debemos como familia y como sociedad cuidar a los más frágiles y no trasladarles a ellos problemáticas de los adultos. Es importante no enredarse en reproches por lo que debió haberse hecho y acoger del mejor modo la vida nueva que irrumpe. No debemos olvidar que condiciones socioeconómicas de pobreza y exclusión provocan el sufrimiento de las familias y la angustia materna, robando a los más pequeños la infancia y ensombreciendo el futuro. Y miremos particularmente a niños y adolescentes que tienen negada la ternura de la mamá.

Permitime que cambie apenas un poco de perspectiva y veamos la Iglesia como madre. Ella debe salir con ternura al encuentro de sus hijos. Si queremos que nuestras comunidades reflejen el rostro misericordioso de Dios, debemos revisar las actitudes, los gestos, el lenguaje, el modo en el cual saludamos, la manera de corregir errores… Los que tenemos alguna responsabilidad, también el modo en que mostramos la autoridad. Cada comunidad engendra nuevos hijos de Dios por medio del Bautismo, pero después nos cuesta más hacernos cargo, corriendo el riesgo de comportarnos como madre abandónica que no cuida esa vida en la fe. A veces encontramos por la vida a gente dolorida o lastimada por respuestas hirientes o tratos despóticos en las Parroquias por parte de Sacerdotes, Diáconos, Secretarias, Catequistas, Obispos. Gente que se acerca a realizar una consulta y es tratada como si nos molestara su presencia. Es muy importante ser Iglesia de puertas y corazones abiertos, comunidades capaces de brindar ternura, consuelo y aliento. Esa es nuestra vocación con todas las letras.

¡Feliz día para todas las mamás!

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

      
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LA MISIÓN EN EL CORAZÓN DE LA IGLESIA

REFLEXIÓN Monseñor Jorge Lozano reafirma que “Cada año, en el mes de octubre, al celebrar la Jornada Mundial de las Misiones, la Iglesia nos impulsa a la oración y al testimonio para llevarle al hermano la alegría de Jesús Resucitado, Fe y Esperanza compartida que ilumina la vida”. “Que el Señor te acompañe en esta semana!!”

Por Mons. Jorge Lozano | (*)    

Un cuerpo no vive sin el corazón. Es un órgano vital, lo necesitamos. Así también es la misión. No se trata de una actividad más, una tarea de dos semanas al año, o con ocasión de las Fiestas Patronales. La evangelización es la naturaleza misma de la Iglesia, para eso fue formada. Tanto es así, que una comunidad que no evangeliza languidece, se debilita y entra en estado vegetativo. Perdura pero no vive la alegría de la fe comunicada.

El Beato Pablo VI enseñó que “evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa” (Evangelii Nuntiandi n° 14).

Cada año, en el mes de octubre, se celebra la Jornada Mundial de las Misiones, para sensibilizarnos y movernos a la oración que compromete. Francisco en el Mensaje para este año nos dice que “La misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime. Muchos movimientos del mundo saben proponer grandes ideales o expresiones éticas sublimes. A través de la misión de la Iglesia, Jesucristo sigue evangelizando y actuando; por eso, ella representa el kairos, el tiempo propicio de la salvación en la historia. A través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra. «Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable.» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 276)”. (Mensaje, n° 3)

Esta certeza de la vida nueva de Jesús Resucitado es la que nos impulsa a la misión y el testimonio. El Espíritu Santo derramado en el corazón de cada creyente y en cada comunidad irradia luz y comunica alegría. No la carcajada de una ocurrencia chistosa, sino la serena paz que nos hace confiar en el Amor que nos sostiene.

En este sentido nos dice el Papa que “la misión dice a la Iglesia que ella no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino. Una Iglesia autorreferencial, que se complace en éxitos terrenos, no es la Iglesia de Cristo, no es su cuerpo crucificado y glorioso. Es por eso que debemos preferir «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» (EG 49)” (íd, n° 7). A veces vivimos como acartonados y con movimientos temerosos y cortitos, como madrina o padrino de casamiento que recién se terminó de cambiar para ir a la Iglesia y no quiere arrugar ni un poquito su ropa para salir prolijos en las fotos. Necesitamos soltarnos más y difundir la vida del Resucitado.

Muchos en el mundo no han oído hablar de Jesús, o apenas lo reconocen como un personaje del pasado. No como el Hijo de Dios que entrega su Vida por la salvación del mundo. Incluso en nuestro país, entre nosotros, es creciente el número de familia que no bautizan a sus hijos. Yo he podido visitar barrios muy pobres en los cuales los niños no van a catequesis o la abandonan prematuramente. Muchas veces doy gracias a Dios porque encuentro catequistas que con sacrificio reúnen a los niños en alguna casa del barrio o bajo un árbol; pero otras me quedo con el dolor de constatar que dejamos a muchos sin el Pan de la Palabra.

El lema propuesto este año es “La misión en el corazón de la fe cristiana”.

Claro que no todo es fácil ni sin contradicciones. Muchos misioneros en otras tierras experimentan persecución, cárcel, y hasta la muerte. Ellos necesitan de nuestro apoyo afectivo y espiritual. Recemos por ellos. Son enviados en nombre de toda la Iglesia.

El aporte económico en las colectas de este fin de semana es una manera concreta de darles una mano.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

    
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LA FE NOS PONE EN CAMINO

REFLEXIÓN Mientras miles de jóvenes caminan a Luján, Monseñor Jorge Lozano invita a no quedarnos cómodamente sentados, a renovar de corazón la alegría de caminar nuestra Fe, y unidos espiritualmente a esos peregrinos, rezar desde nuestro corazón, “Madre, enséñanos a construir la paz”. “Vamos a andar la fe”   

  Por Mons. Jorge Lozano | (*)   

Tener fe en Dios es mucho más que creer. A veces decimos que la fe consiste en creer en Dios. Y esto es cierto. Pero me animo a decir que es mucho más que eso. Incluso algunos explican ese “creer” como el afirmar verdades tan ciertas como abstractas. Las diversas tradiciones judeo-cristianas nos muestran que creer es ponerse en camino.

Así fue la experiencia de Abraham, Moisés, el Pueblo de Israel. Los judíos piadosos peregrinaban hacia Jerusalén algunas veces al año, igual hicieron María y José con el Niño Jesús, como nos cuenta el Evangelio de San Lucas. Para los cristianos las peregrinaciones también son muy importantes. Los Santuarios son lugares a los cuales acuden muchos fieles para expresar la fe con esta actitud peregrina.

Durante este fin de semana se está desarrollando la Peregrinación Juvenil al Santuario de la Virgen de Luján. Cientos de miles de jóvenes de diversos lugares del país (también han viajado unos cuantos de San Juan) caminando dan testimonio de su fe. 

De los fieles que van caminando, cerca del 20% pertenecen a grupos parroquiales o de instituciones católicas. El otro 80% está compuesto por grupos de amigos, compañeros de trabajo, familiares que sienten un llamado a ponerse en camino. La Virgen es la que convoca más allá de las estructuras orgánicas de la Iglesia y sus organizaciones, que se ponen al servicio de la totalidad. 

El lema de este año es una oración confiada a la Virgen: “Madre, enséñanos a construir la paz”. Esta oración por momentos sale de un corazón sereno, pero también surge de la angustia de la violencia en la calle, la escuela, la cancha, la sociedad en general. En la entrada de la Basílica de Luján hay varios cuadernos en los cuales los peregrinos escriben sus intenciones y necesidades. El lema se formula mediante una lectura atenta de esas peticiones confiadas al corazón de la Madre.

Hace unos años los obispos argentinos señalamos que “la sociedad está enferma de violencia”. Necesitamos paz que se traduce en armonía, diálogo, amistad, unión. La pobreza es violencia, la inequidad es una agresión al hermano. 

La paz es un don de Dios y por eso la pedimos. Pero también se requiere de nuestro compromiso en la búsqueda del bien común y del respeto de la dignidad de todos, de cada persona, de cada creatura, parte del proyecto del amor de Dios. El maltrato a la creación de Dios es una manera de darle la espalda al creador.

En María nos reconocemos hermanos. Ella es la Madre que cobija a los desamparados, consuela a los tristes, escucha a los despreciados, alienta en la esperanza. Ella es la Reina de la paz. 

Muchos no vamos a ir a Luján caminando. Pero todos podemos unirnos espiritualmente, en casa o en el Templo, y rezar “Madre, enséñanos a construir la paz”

Podemos rezar por los que peregrinan para que vivan esta expresión de fe con disponibilidad del corazón. Pidamos también por los miles de voluntarios y servidores que entregan su tiempo y su cariño para atender las necesidades más diversas: desde servir un mate cocido, hacer masajes, dar un plato de comida, coordinar puestos sanitarios, etc. 

Renovemos también la dimensión peregrina de la fe. Pensemos si estamos “instalados” en la comodidad o aburguesados en la fe. Vamos a andar la fe.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

      
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