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Y SIN EMBARGO, SIGUEN ESPERANDO

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos invita a abrir con docilidad nuestro corazón para entregarnos a nuestros hermanos más necesitados según la mirada de Cristo, mientras resuena el llamado del Papa Francisco en esta Jornada Mundial de los Pobres. Primera “Jornada Mundial de los Pobres”

Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

A menudo escuchamos o decimos “dame un tiempo”, “esperame un poco”, “en unos días te llamo”, “el año que viene lo volvemos a conversar”. No siempre uno se cree lo que dice o escucha. Pero no tenemos más remedio que esperar, aunque lo hagamos con algo de escepticismo.

A los pobres les sucede siempre. Tienen necesidades básicas sin cubrir, urgencias de salud, demoras en respuestas educativas, situaciones de graves postergaciones que se heredan de generación en generación. Y sin embargo, siguen esperando.

Esta semana que pasó pude visitar varias familias y comunidades atravesadas por la pobreza y algunas sumergidas en la miseria. En unas casas me decían “te estábamos esperando”, como expresando que lo más anhelado era la visita, la compañía y, como fruto del encuentro, la solidaridad.

Estamos desarrollando la primera “Jornada Mundial de los Pobres”. Y Francisco no usa eufemismos ni palabras complicadas: “Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma” (Mensaje del Papa n° 3). La solidaridad es fruto del afecto, que se alimentan mutuamente.

Muchas veces nos quejamos de lo mal que están las cosas en el mundo. Hablando somos unos genios para denunciar la corrupción, la riqueza que se acumula en pocas manos; pero a la hora del compromiso y de poner manos a la obra quedan unos pocos en carrera. “Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación” (Mensaje del Papa n° 4). Y para escuchar hace falta cercanía y prestar atención. Involucrarnos haciendo nuestros sus reclamos y angustias.

“Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera (Mensaje del Papa n° 5). El riesgo de la globalización de la indiferencia nos acecha. Muy a menudo se da una naturalización de la riqueza acumulada, la pobreza extendida, el planeta sobreexplotado. Consideramos “normal” la barbarie, la violencia, el despojo, la miseria.

Hay que dar pasos concretos para acercarnos a los pobres, encontrarnos con ellos en sus ranchos, casillas o en la calle; en las cárceles y los hospitales. Muy cerquita tuyo Jesús está presente en los niños con los pies descalzos en la tierra, con poca ropa, poca comida, y mucha necesidad de cariño. En su familia y en sus vecinos.

El Evangelio predicado por Jesús posee una potencialidad fuertemente renovadora que nos desinstala y provoca. Ciertamente que nos mueve a replantear el modo en el cual vivimos la fe y la proponemos a los demás. El Capítulo 25 de San Mateo es contundente, Jesús dice: “Tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y ustedes me dieron de beber; estaba de paso y me alojaron; desnudo y me vistieron; enfermo y me visitaron; preso, y me vinieron a ver” (Mt. 25, 35 -36). San Juan Pablo II, comentando este pasaje escribió que “esta página no es una simple invitación a la caridad: es una página de cristología, que ilumina el misterio de Cristo. Sobre esta página, la Iglesia comprueba su fidelidad como esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia” (NMI 49). Las herejías no son sólo de palabras o conceptos, también las hay de conductas.

El 23 de noviembre de 1977, cerca de las 6:30 de la mañana, se produjo el terremoto en Caucete, San Juan. Junto con las viviendas, se derrumbaron vidas e historias familiares, fuentes de trabajo… Emergieron orfandades, pobreza, soledad… Nos unimos al dolor, la oración, la esperanza.

El sábado que viene, 25 de noviembre, a las 10 de la mañana se celebrará en Córdoba la beatificación de la Madre Catalina. Una mujer que trabajó siempre junto a los más pobres de su tiempo, quienes tenían un lugar privilegiado en su corazón y sus acciones. Te invito a sumarte con tu oración y a seguir por televisión la imagen de la Misa.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

      
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BASTA DE VERSOS EN EL AMOR

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos invita a “abrir definitivamente el corazón a nuestros hermanos necesitados”. Señala que “en los más pobres está el mismo Jesús, es como tocar el cuerpo de Cristo extendiendo la mano con cariño y fe”. “Jornada Mundial de los Pobres”

  Por Mons. Jorge Lozano | (*) 

De la boca al cerebro hay unos pocos centímetros, y de ambos al corazón apenas unos 15. Y de allí a los pies y las manos a veces pareciera que miles de kilómetros. ¿Por qué arranco estas reflexiones mencionando cuestiones de medidas? Porque uno de los problemas que solemos tener los cristianos es el abismo entre lo que decimos cuando rezamos, lo que pensamos, lo que sentimos, y lo que finalmente hacemos en concreto. Corremos el riesgo de mucho Padre Nuestro rezado, pero poco vivido en el trato cotidiano con los demás.

En unas cuantas oportunidades escuché gente que alaba a Francisco por sus gestos de cercanía a los pobres, a los enfermos, lo presos… Pero eso no siempre alcanza para decidirse a imitarlo y seguir su ejemplo.

El domingo que viene, 19 de noviembre, se desarrollará la primera “Jornada Mundial de los Pobres” convocada por el Papa al concluir el año Jubilar de la Misericordia.

El lema elegido por el Santo Padre es “No amemos de palabra sino con obras”, tomado de una Carta de San Juan en el Nuevo Testamento: “Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras” (I Jn. 3, 18).

Es un fuerte llamado a dejar de lado el “verso elegante” para quedar bien, y pasar a las actitudes palpables con los hermanos. El amor no es una idea abstracta, sino una realidad bien concreta. El amor cuando está se nota, y cuando no también. Por eso decimos que “brilla por su ausencia”.

La carta de Santiago nos advierte que “la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta” (St. 2, 17). Y en un diálogo imaginario plantea: “muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe” (St. 2, 18).

Para decirlo con claridad: la cuestión no es hacer una donación en dinero de vez en cuando, que no está demás; ni tampoco dar la ropa que nos sobra y ocupa lugar en casa, aunque esto también hay que hacerlo. Deberíamos dar algunos pasos más, ir al encuentro con los pobres y hacerlos nuestros amigos, y que esto se nos incorpore de tal manera que se haga un estilo de vida.

El Papa en su mensaje para esta Jornada Mundial nos dice que “si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles” (n° 3). Un llamado claro a unir devoción al Cuerpo Eucarístico y amor al mismo Cuerpo del mismo Cristo en los pobres y excluidos. Tocar el cuerpo de Cristo es posible y accesible a todos, basta extender la mano con cariño y fe.

Por eso te aliento a que te propongas algunos compromisos bien concretos: ir a visitar a algún rancho pobre, tomar unos mates con familias a las que pocos visitan, escuchar sus anhelos, sus fracasos, sus pesares… Estoy seguro de que vos ves pobres a tu lado, andando las calles, durmiendo en ellas: probá salir de tu individualidad y acercarte aunque sea con un saludo, una sonrisa, un gesto de fraternidad. Muchos necesitan ser alentados, acompañados en sus búsquedas. 

Una Familia me ponía como ejemplo que iban a invitar a almorzar a su casa el domingo que viene a unos chicos que pasan por la cuadra a pedir comida con frecuencia habitual, otros que iban a llevar a unos adolescentes a comprar ropa, y no faltó quien me dijo que iban a ir a pasear con unos niños y a tomar helado.  La creatividad nos puede dar ideas hermosas para acercarnos a los más pobres y encontrar en ellos a Jesús.

La semana pasada estuvimos de Asamblea Plenaria de los Obispos de todas las diócesis del País. Hemos renovado autoridades y miembros de todas las Comisiones que tienen como finalidad ayudar en la tarea Pastoral en nuestros lugares y ser expresión de la Comunión Colegial. Recemos por esta nueva etapa que se inicia.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

        
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HACE UN AÑO LLEGUÉ A SAN JUAN

 

  Por Mons. Jorge Lozano | (*)

El 4 de noviembre del año pasado comencé mi servicio pastoral como Arzobispo Coadjutor en San Juan de Cuyo. Tengo recuerdos muy hondos de una celebración muy bonita, cargada de sentimientos: dejar la querida Diócesis de Gualeguaychú, despedirme de tantos hermanos e historias compartidas, para abrir el corazón y la mente a nuevos desafíos.

Necesité de entrada ponerle rostros a la Arquidiócesis de San Juan de Cuyo. Empezar a conocer las historias de las comunidades, percibir la idiosincrasia de cada una, sus logros y fracasos, expectativas y anhelos. Poco a poco, una realidad geográfica se fue poblando de personas, familia, grupos… Una realidad dinámica, con sus procesos desplegados, sus caminos recorridos. Vida compartida y comprometida en la misión de la Iglesia.

Varios me preguntaban con ansiedad cuáles eran mis orientaciones pastorales y si iba a dar algunas directivas o fijar objetivos de trabajo. En realidad no es adecuado que esas decisiones las discierna yo solo en mi escritorio o con la participación de unos pocos. Por eso estamos conformando el Consejo Pastoral Arquidiocesano, para que hagamos ese camino con las diversas vocaciones, servicios, ministerios y carismas de la Iglesia en San Juan. Pero, como nos enseña el Papa Francisco, “el objetivo de estos procesos participativos no será principalmente la organización eclesial, sino el sueño misionero de llegar a todos”. (EG 31) La principal preocupación no es la estructura sino la vitalidad, no son los cargos y organigramas sino la fidelidad a la vocación. Son herramientas que pueden ayudar a fortalecer la Comunión y la Misión, pero los frutos no vienen de modo automático sino que hará falta disponibilidad al diálogo, apertura al Espíritu para discernir los signos de los tiempos.

Además, debemos reconocer que los horizontes ya están trazados con claridad. Los podría expresar con palabras del Papa: Iglesia en salida, pobre y para los pobres, que vive la alegría del Evangelio, y que nos convoca a ser discípulos misioneros de Jesucristo.

El Santo Padre ha puesto algunos documentos muy importantes en el camino de su Magisterio: “La alegría del Evangelio (sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual); “Laudato Si’” (sobre el cuidado de la casa común); “La alegría del amor” (sobre el amor en la familia). Y ahora nos convoca a centrar la mirada en “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

La tarea que tenemos consiste en ver cuál es nuestro punto de partida y el de cada comunidad. Desde dónde debemos partir hacia esos horizontes. Pido a Jesús me ayude a plasmar lo que enseña Francisco acerca de la misión del Obispo que “a veces estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados y, sobre todo, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos”. (EG 31) Es una tarea artesanal para la cual contamos con el Evangelio, con la Gracia del Espíritu Santo, y con la sabiduría y generosidad del Pueblo de Dios.

Estamos transitando un tiempo apasionante en la vida de la Iglesia. Somos convocados, llamados juntos, para dar testimonio del amor de Dios.  Vuelvo a poner este tiempo en el corazón y la intercesión de tres grandes hombres que nos muestran el camino: San Juan Bautista, el Precursor de Jesús apasionado por la verdad; San José Gabriel del Rosario Brochero, enamorado de Jesús con su vida pobre y entregada; y el Siervo de Dios Monseñor José Américo Orzali, el Buen Pastor de Cuyo, incansable en recorrer las comunidades y alentar la predicación de la fe.

El 2 y 3 de noviembre en Buenos Aires, participé del “II Diálogo de Alto Nivel de Ética y Economía. Finanzas sostenibles, trabajo digno y desarrollo inclusivo”. Entre las muchas personas con las que estuvimos compartiendo pareceres, tuvimos como eje el imperioso pedido del Papa Francisco de “escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” y planteamos la necesidad de expresar nuevos valores humanos que se reflejen en instancias superadoras en la economía y la política en diálogo permanente con la ética.

Esta semana que iniciamos tendremos la Asamblea Plenaria de los Obispos de todas las diócesis del País. Te pido nos acompañes con tu oración. Y pongamos también en nuestras oraciones a las víctimas del atentado en Nueva York y a todos quienes sufren violencia en el mundo.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

      
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MAMÁS CON TODAS LAS LETRAS

REFLEXIÓN Monseñor Jorge Lozano sostiene que cada mamá y cada niño están en el corazón de Dios desde siempre, y cuando el bebé es concebido, se cumple el sueño eterno del Creador que por amor nos regala vida. Feliz día mamá que haces posible éste milagro! Les envío mi cariño y bendición! Que tengan una buena semana!”

Por Mons. Jorge Lozano | (*)    

En las diversas culturas suele suceder que las palabras más significativas o valiosas tienen pocas letras: sí, no, vida, mamá, papá, paz, amor… Tal vez sea porque las usamos con frecuencia, o para que los niños las aprendan con mayor facilidad. En pocas letras se dice mucho.

En la Argentina estamos celebrando hoy el día de la madre, una vocación con todas las letras. Todos nosotros hemos nacido de una mamá y, salvo algunas experiencias dolorosas que alguno pudo haber sufrido, el vínculo con la mamá es fundante de cariño y afecto. Desde la panza hay dos corazones que laten cada uno a su propio ritmo, pero muy cerquita uno del otro, a apenas unos pocos centímetros de distancia.

Una comunicación durante el embarazo que se manifiesta también en acariciar el vientre y la vida que alberga, hasta se puede ver el contorno de los pies del bebé que se dibujan en la piel materna.

Francisco nos enseña que “el embarazo es una época difícil, pero también es un tiempo maravilloso. La madre acompaña a Dios para que se produzca el milagro de una nueva vida” (AL 168). Qué mirada tan certera. Por eso podemos decir que “cada niño que se forma dentro de su madre es un proyecto eterno del Padre Dios y de su amor eterno: «Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jr 1,5). Cada niño está en el corazón de Dios desde siempre, y en el momento en que es concebido se cumple el sueño eterno del Creador” (AL 168). Nadie vive por casualidad. Ninguna vida es producto de la fatalidad ni mucho menos un castigo divino.

Al nacer aparecen palabras nuevas cargadas de luz: caricia, beso, calor, mejilla, mirada…

Un salmo asume esos momentos para expresar la belleza del vínculo con Dios: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros. / No he pretendido grandes cosas / ni he tenido aspiraciones desmedidas. / No, yo aplaco y modelo mis deseos: / como niño tranquilo en brazos de su madre, / así está mi alma dentro de mí” (Salmo 131).

Esta escena la podemos contemplar en nuestra imaginación y ¡cuántas obras de arte la han recogido! En muchas plazas está el “monumento a la madre” y nos evoca al niño con todo su entorno de paz. Mamá también es la que relata los primeros cuentos y está dispuesta a repetirlos todas las veces que sea necesario. Así alienta, estimula la imaginación, ayuda al crecimiento afectivo, emocional, creativo. Ella consuela ante el dolor y los golpes que forman parte del crecimiento y la vida: caerse de la bicicleta, tropezar en la vereda, pincharse con una espina… Muchas incluso acompañan la iniciación en la fe enseñando las primeras oraciones, a hacer la señal de la cruz, a tirarle un besito a la imagen de la Virgen. ¡Qué importante es esta dedicación a la fe!

Sin embargo, debemos reconocer (aunque nos duela) que muchos niños no son queridos y esperados con ternura y alegría. Circunstancias difíciles los muestran como una carga o un problema. Debemos como familia y como sociedad cuidar a los más frágiles y no trasladarles a ellos problemáticas de los adultos. Es importante no enredarse en reproches por lo que debió haberse hecho y acoger del mejor modo la vida nueva que irrumpe. No debemos olvidar que condiciones socioeconómicas de pobreza y exclusión provocan el sufrimiento de las familias y la angustia materna, robando a los más pequeños la infancia y ensombreciendo el futuro. Y miremos particularmente a niños y adolescentes que tienen negada la ternura de la mamá.

Permitime que cambie apenas un poco de perspectiva y veamos la Iglesia como madre. Ella debe salir con ternura al encuentro de sus hijos. Si queremos que nuestras comunidades reflejen el rostro misericordioso de Dios, debemos revisar las actitudes, los gestos, el lenguaje, el modo en el cual saludamos, la manera de corregir errores… Los que tenemos alguna responsabilidad, también el modo en que mostramos la autoridad. Cada comunidad engendra nuevos hijos de Dios por medio del Bautismo, pero después nos cuesta más hacernos cargo, corriendo el riesgo de comportarnos como madre abandónica que no cuida esa vida en la fe. A veces encontramos por la vida a gente dolorida o lastimada por respuestas hirientes o tratos despóticos en las Parroquias por parte de Sacerdotes, Diáconos, Secretarias, Catequistas, Obispos. Gente que se acerca a realizar una consulta y es tratada como si nos molestara su presencia. Es muy importante ser Iglesia de puertas y corazones abiertos, comunidades capaces de brindar ternura, consuelo y aliento. Esa es nuestra vocación con todas las letras.

¡Feliz día para todas las mamás!

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

      
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LA MISIÓN EN EL CORAZÓN DE LA IGLESIA

REFLEXIÓN Monseñor Jorge Lozano reafirma que “Cada año, en el mes de octubre, al celebrar la Jornada Mundial de las Misiones, la Iglesia nos impulsa a la oración y al testimonio para llevarle al hermano la alegría de Jesús Resucitado, Fe y Esperanza compartida que ilumina la vida”. “Que el Señor te acompañe en esta semana!!”

Por Mons. Jorge Lozano | (*)    

Un cuerpo no vive sin el corazón. Es un órgano vital, lo necesitamos. Así también es la misión. No se trata de una actividad más, una tarea de dos semanas al año, o con ocasión de las Fiestas Patronales. La evangelización es la naturaleza misma de la Iglesia, para eso fue formada. Tanto es así, que una comunidad que no evangeliza languidece, se debilita y entra en estado vegetativo. Perdura pero no vive la alegría de la fe comunicada.

El Beato Pablo VI enseñó que “evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa” (Evangelii Nuntiandi n° 14).

Cada año, en el mes de octubre, se celebra la Jornada Mundial de las Misiones, para sensibilizarnos y movernos a la oración que compromete. Francisco en el Mensaje para este año nos dice que “La misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime. Muchos movimientos del mundo saben proponer grandes ideales o expresiones éticas sublimes. A través de la misión de la Iglesia, Jesucristo sigue evangelizando y actuando; por eso, ella representa el kairos, el tiempo propicio de la salvación en la historia. A través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra. «Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable.» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 276)”. (Mensaje, n° 3)

Esta certeza de la vida nueva de Jesús Resucitado es la que nos impulsa a la misión y el testimonio. El Espíritu Santo derramado en el corazón de cada creyente y en cada comunidad irradia luz y comunica alegría. No la carcajada de una ocurrencia chistosa, sino la serena paz que nos hace confiar en el Amor que nos sostiene.

En este sentido nos dice el Papa que “la misión dice a la Iglesia que ella no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino. Una Iglesia autorreferencial, que se complace en éxitos terrenos, no es la Iglesia de Cristo, no es su cuerpo crucificado y glorioso. Es por eso que debemos preferir «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» (EG 49)” (íd, n° 7). A veces vivimos como acartonados y con movimientos temerosos y cortitos, como madrina o padrino de casamiento que recién se terminó de cambiar para ir a la Iglesia y no quiere arrugar ni un poquito su ropa para salir prolijos en las fotos. Necesitamos soltarnos más y difundir la vida del Resucitado.

Muchos en el mundo no han oído hablar de Jesús, o apenas lo reconocen como un personaje del pasado. No como el Hijo de Dios que entrega su Vida por la salvación del mundo. Incluso en nuestro país, entre nosotros, es creciente el número de familia que no bautizan a sus hijos. Yo he podido visitar barrios muy pobres en los cuales los niños no van a catequesis o la abandonan prematuramente. Muchas veces doy gracias a Dios porque encuentro catequistas que con sacrificio reúnen a los niños en alguna casa del barrio o bajo un árbol; pero otras me quedo con el dolor de constatar que dejamos a muchos sin el Pan de la Palabra.

El lema propuesto este año es “La misión en el corazón de la fe cristiana”.

Claro que no todo es fácil ni sin contradicciones. Muchos misioneros en otras tierras experimentan persecución, cárcel, y hasta la muerte. Ellos necesitan de nuestro apoyo afectivo y espiritual. Recemos por ellos. Son enviados en nombre de toda la Iglesia.

El aporte económico en las colectas de este fin de semana es una manera concreta de darles una mano.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

    
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LA FE NOS PONE EN CAMINO

REFLEXIÓN Mientras miles de jóvenes caminan a Luján, Monseñor Jorge Lozano invita a no quedarnos cómodamente sentados, a renovar de corazón la alegría de caminar nuestra Fe, y unidos espiritualmente a esos peregrinos, rezar desde nuestro corazón, “Madre, enséñanos a construir la paz”. “Vamos a andar la fe”   

  Por Mons. Jorge Lozano | (*)   

Tener fe en Dios es mucho más que creer. A veces decimos que la fe consiste en creer en Dios. Y esto es cierto. Pero me animo a decir que es mucho más que eso. Incluso algunos explican ese “creer” como el afirmar verdades tan ciertas como abstractas. Las diversas tradiciones judeo-cristianas nos muestran que creer es ponerse en camino.

Así fue la experiencia de Abraham, Moisés, el Pueblo de Israel. Los judíos piadosos peregrinaban hacia Jerusalén algunas veces al año, igual hicieron María y José con el Niño Jesús, como nos cuenta el Evangelio de San Lucas. Para los cristianos las peregrinaciones también son muy importantes. Los Santuarios son lugares a los cuales acuden muchos fieles para expresar la fe con esta actitud peregrina.

Durante este fin de semana se está desarrollando la Peregrinación Juvenil al Santuario de la Virgen de Luján. Cientos de miles de jóvenes de diversos lugares del país (también han viajado unos cuantos de San Juan) caminando dan testimonio de su fe. 

De los fieles que van caminando, cerca del 20% pertenecen a grupos parroquiales o de instituciones católicas. El otro 80% está compuesto por grupos de amigos, compañeros de trabajo, familiares que sienten un llamado a ponerse en camino. La Virgen es la que convoca más allá de las estructuras orgánicas de la Iglesia y sus organizaciones, que se ponen al servicio de la totalidad. 

El lema de este año es una oración confiada a la Virgen: “Madre, enséñanos a construir la paz”. Esta oración por momentos sale de un corazón sereno, pero también surge de la angustia de la violencia en la calle, la escuela, la cancha, la sociedad en general. En la entrada de la Basílica de Luján hay varios cuadernos en los cuales los peregrinos escriben sus intenciones y necesidades. El lema se formula mediante una lectura atenta de esas peticiones confiadas al corazón de la Madre.

Hace unos años los obispos argentinos señalamos que “la sociedad está enferma de violencia”. Necesitamos paz que se traduce en armonía, diálogo, amistad, unión. La pobreza es violencia, la inequidad es una agresión al hermano. 

La paz es un don de Dios y por eso la pedimos. Pero también se requiere de nuestro compromiso en la búsqueda del bien común y del respeto de la dignidad de todos, de cada persona, de cada creatura, parte del proyecto del amor de Dios. El maltrato a la creación de Dios es una manera de darle la espalda al creador.

En María nos reconocemos hermanos. Ella es la Madre que cobija a los desamparados, consuela a los tristes, escucha a los despreciados, alienta en la esperanza. Ella es la Reina de la paz. 

Muchos no vamos a ir a Luján caminando. Pero todos podemos unirnos espiritualmente, en casa o en el Templo, y rezar “Madre, enséñanos a construir la paz”

Podemos rezar por los que peregrinan para que vivan esta expresión de fe con disponibilidad del corazón. Pidamos también por los miles de voluntarios y servidores que entregan su tiempo y su cariño para atender las necesidades más diversas: desde servir un mate cocido, hacer masajes, dar un plato de comida, coordinar puestos sanitarios, etc. 

Renovemos también la dimensión peregrina de la fe. Pensemos si estamos “instalados” en la comodidad o aburguesados en la fe. Vamos a andar la fe.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

      
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SUEÑOS DE LIBERTAD

REFLEXIÓN Monseñor Jorge Lozano sostiene que “Dios, nos ha creado libres para crecer como personas y para buscarlo a Él. Libertad es el grito de cada corazón, de cada familia, de cada barrio. Juntos pidamos a nuestra Madre, la Virgen de la Merced, interceda ante el Padre Bueno, para que nos libere de toda forma de esclavitud”. Sueños de Libertad

Por Mons. Jorge Lozano | (*)    

Todos queremos ser libres, claro. Y por eso rechazamos toda forma de esclavitud. Duele mucho reconocer que todavía hay lugares en el mundo donde las personas son vendidas como mercancía y sometidas brutalmente a distintas formas de trabajos forzados o explotación sexual. 

La trata de personas es uno de los delitos más aberrantes que claman al cielo. Ayer, sábado 23 de septiembre, se conmemoró el “Día internacional contra la explotación sexual y el tráfico de mujeres, niñas y niños”. Es un clamor que brota de la injusticia, el atropello, las consecuencias devastadoras en las víctimas y sus familias. Abramos la mente y el corazón y ofrezcamos nuestra oración. 

Francisco decía: “Deseo reclamar el esfuerzo de todos para que esta plaga aberrante, forma de esclavitud moderna, sea adecuadamente combatida. Esto es feo, es cruel, es criminal”. (31 de julio 2017)

Pero también hay otras formas de esclavitud, como la dependencia química de una sustancia (la droga, el alcohol), del juego de azar (la ludopatía), la pornografía…  Varias de ellas son nuevas y otras más antiguas. Todas son como cadenas que nos oprimen, nos atan más allá de la voluntad y pisotean la dignidad humana.

En el Himno Nacional cantamos “Oíd el ruido de rotas cadenas… ¡Libertad!”. Este grito por la Patria también es anhelo de cada corazón, cada familia, cada barrio.  Hoy, 24 de septiembre, celebramos la fiesta de la Virgen María como Nuestra Señora de la Merced. En la oración de la misa rezamos “Padre misericordioso, que otorgaste la redención a los hombres por medio de tu Hijo, concede a cuantos invocamos a tu Madre con el título de la Merced, mantenernos en la verdadera libertad de hijos, que Jesucristo nos mereció con su sacrificio, y ofrecerla incansablemente a todos los hombres”.

En las representaciones más antiguas de esta advocación de la Virgen se la pinta con cadenas y grilletas abiertas en las manos y con algunos esclavos liberados junto a sus pies. 

Su devoción encuentra el origen con la Orden de la Merced (de los padres mercedarios) fundada por San Pedro Nolasco en 1218 en Barcelona. Por aquellos años los árabes dominaban en España y muchos cristianos eran sometidos a esclavitud a causa de la fe. Esta orden religiosa se comprometía en su liberación, y durante ese tiempo lograron liberar a cerca de cien mil cristianos. 

En el castellano que se hablaba en el siglo XIII la palabra “merced” refería a lo que hoy decimos como “misericordia”

Los misioneros que vinieron a América trajeron esta advocación. El General Manuel Belgrano le tenía gran cariño y devoción, y a ella se encomendó antes de la batalla de Tucumán, y reconoció su victoria a la ayuda de la Virgen María. Por eso le ofrendó el bastón de mando y la nombró Generala del Ejército. 

Volvamos la mirada a nuestras luchas y esclavitudes de hoy. ¡Cómo necesitamos de la Virgen María! ¡Cómo necesitamos reconocernos como hermanos y cobijarnos bajo su manto!

Al escribir este artículo entré en Internet y recé con varias representaciones de su imagen, especialmente algunos con los cautivos liberados a sus pies. Después de contemplarlas un rato, cerré los ojos e imaginé muchos rostros, historias concretas que necesitan experimentar liberación. 

Vos y yo podemos hacer algo.

El martes 19 un terremoto sacudió la ciudad de México y otras cercanas provocando cientos de muertos, heridos y desaparecidos. Aún hoy siguen las búsquedas de personas que puedan estar sobreviviendo tapadas por los escombros. Rezamos por México y todos los afectados por esta tragedia.

Desde el miércoles 20 y hasta el viernes 22 de esta semana se celebró el Rosh Hashaná, Año Nuevo Judío. ¡Shaná Tová (prosperidad), queridos hermanos! Sigamos viviendo en fraternidad.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

    
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FRANCISCO EN COLOMBIA

REFLEXIÓN No sé si a vos te pasa, pero a mí sí. Son tantas las cosas que suceden en una semana, y tan importantes, que no tengo capacidad de asimilarlas en su dimensión profunda. Necesito parar un poco y volver a ellas de un modo más reposado. Te invito a recoger algunas enseñanzas que nos deja la visita misionera de Francisco en Colombia 

  Por Mons. Jorge Lozano | (*)    

Han sido días intensos desde la agenda, y sobre todo desde lo emotivo, especialmente la tarde del 7 de septiembre en el Parque Las Malocas en el Gran Encuentro de Oración por la Reconciliación Nacional. Los testimonios fueron escuchados con atención por el Papa y por los millones de feligreses cristianos y de otras confesiones que a través de los medios de comunicación nos hemos sumado a la multitud colombiana. 

No sé si llamar a esos testimonios como desgarradores, conmovedores, pero abrir la intimidad es valiente cuando lo que se comparte hace vibrar, emocionar, palpar con respeto el misterio del drama de la existencia humana. ¡De cuánto daño somos capaces! ¡Cuánto horror podemos provocar en la vida! En Colombia atravesaron 50 años de violencia que significaron la muerte de 2 millones de personas y 6 millones de desplazados. Heridas abundan por donde se mire, se escuche, se palpe…

Las palabras de Francisco en el encuentro con quienes fueron víctimas de la violencia y otros que expresaron su arrepentimiento tienen una fuerza de sanación y ternura. “Ustedes llevan en su corazón y en su carne las huellas de la historia viva y reciente de su pueblo, marcada por eventos trágicos pero también llena de gestos heroicos, de gran humanidad y de alto valor espiritual de fe y esperanza. Vengo aquí con respeto y con una conciencia clara de estar, como Moisés, pisando un terreno sagrado (cf. Ex 3,5).”

“Y estoy aquí no tanto para hablar yo sino para estar cerca de ustedes y mirarlos a los ojos, para escucharlos y abrir mi corazón a vuestro testimonio de vida y de fe. Y si me lo permiten, desearía también abrazarlos y llorar con ustedes, quisiera que recemos juntos y que nos perdonemos -yo también tengo que pedir perdón- y que así, todos juntos, podamos mirar y caminar hacia delante con fe y esperanza.”

Presidía la oración una imagen de un Cristo crucificado que había sido dañado en un Templo en el cual fueron masacradas decenas de personas en el año 2002.

“Cristo roto y amputado, para nosotros es «más Cristo» aún, porque nos muestra una vez más que Él vino para sufrir por su pueblo y con su pueblo; y para enseñarnos también que el odio no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte y la violencia. Nos enseña a transformar el dolor en fuente de vida y resurrección, para que junto a Él y con Él aprendamos la fuerza del perdón, la grandeza del amor.” 

También tuvo Francisco palabras de aliento y esperanza por lo que todavía falta recorrer: “Aun cuando perduren conflictos, violencia o sentimientos de venganza, no impidamos que la justicia y la misericordia se encuentren en un abrazo que asuma la historia de dolor de Colombia. Sanemos aquel dolor y acojamos a todo ser humano que cometió delitos, los reconoce, se arrepiente y se compromete a reparar, contribuyendo a la construcción del orden nuevo donde brille la justicia y la paz”. Pasos importantes: reconocer el delito, arrepentirse, reparar… 

No es impunidad, ni negación del daño, ni olvido. “La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Las tres juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas y se transformen en instrumentos de venganza sobre quien es más débil. La verdad no debe, de hecho, conducir a la venganza, sino más bien a la reconciliación y al perdón. Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos”.

¡Y cuánto consuelo en el abrazo, el aliento, la ternura!

Cuando le habló a los Obispos que conforman el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) les recordó “las tentaciones” que había Indicado ya en su viaje a Río de Janeiro durante la Jornada Mundial de la Juventud del 2013: “Tentaciones, todavía presentes, de la ideologización del mensaje evangélico, del funcionalismo eclesial y del clericalismo, porque está siempre en juego la salvación que nos trae Cristo. Esta debe llegar con fuerza al corazón del hombre para interpelar su libertad, invitándolo a un éxodo permanente desde la propia autorreferencialidad hacia la comunión con Dios y con los demás hermanos”. Y también señaló a Aparecida, poniendo en esa conferencia del 2007 una lupa grande: “Aparecida es un tesoro cuyo descubrimiento todavía está incompleto. Estoy seguro de que cada uno de ustedes descubre cuánto se ha enraizado su riqueza en las Iglesias que llevan en el corazón. Como los primeros discípulos enviados por Jesús en plan misionero, también nosotros podemos contar con entusiasmo todo cuanto hemos hecho (cf. Mc 6,30). Sin embargo, es necesario estar atentos. Las realidades indispensables de la vida humana y de la Iglesia no son nunca un monumento sino un patrimonio vivo. Resulta mucho más cómodo transformarlas en recuerdos de los cuales se celebran los aniversarios: ¡50 años de Medellín, 20 de Ecclesia in America, 10 de Aparecida! En cambio, es otra cosa: custodiar y hacer fluir la riqueza de tal patrimonio (pater – munus) constituyen el munus de nuestra paternidad episcopal hacia la Iglesia de nuestro continente”.

Con los seminaristas y consagrados fue muy claro. Nada de mundanidad, opciones claras, testimonio de vida pobre… Expresó que las vocaciones nacen también en familias imperfectas. Perseverar con los más vulnerables, con la lectura de la Palabra y les pidió que no se olviden de adorar al Señor. “Las vocaciones de especial consagración mueren cuando se quieren nutrir de honores, cuando están impulsadas por la búsqueda de una tranquilidad personal y de promoción social, cuando la motivación es «subir de categoría», apegarse a intereses materiales, que llegan incluso a la torpeza del afán de lucro. Lo dije ya en otras ocasiones y lo quiero repetir como algo que es verdad y es cierto, no se olviden, el diablo entra por el bolsillo, siempre. Esto no es privativo de los comienzos, todos nosotros tenemos que estar atentos porque la corrupción en los hombres y las mujeres que están en la Iglesia empieza así, poquito a poquito, luego -nos lo dice Jesús mismo- se enraíza en el corazón y acaba desalojando a Dios de la propia vida. «No se puede servir a Dios y al dinero» (Mt 6,21.24).”

Hoy se cumple un nuevo aniversario de la creación de la Diócesis de San Juan de Cuyo en 1834. Demos gracias a Dios que nos llama a ser familia suya.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina. 

     
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SOÑAR CON LOS PIES EN LA TIERRA

REFLEXIÓN Monseñor Jorge Lozano sostiene nos pide que en el umbral del “Día del Maestro”, y muy cerca de festejar junto al Profesor, demos gracias a Dios por los docentes que promueven valores, que enseñan a dialogar y ser solidarios a nuestros niños y jóvenes. Además, “La visita del Papa Francisco a Colombia lleva un sólido y claro mensaje de paz al pueblo colombiano”

    Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

Celebramos este 11 de septiembre el Día del Maestro y dentro de poquitos días, el 17, el del Profesor. Estas dos fechas nos ayudan a prestar atención a los docentes y al acontecimiento educativo.

Miremos primero a quienes se dedican a la tarea educativa con niños, en el nivel inicial y primario. Tienen la hermosa tarea, y a veces ardua y difícil, de tener que iniciar a los niños en los valores humanos y evangélicos como una bella enseñanza para la vida. Desplegar la imaginación en los cuentos, ayudar a dialogar. ¡Cómo nos cuesta a los adultos dialogar, escucharnos! A veces pienso que nuestra educación (la de los “grandes”) fue floja en ayudarnos a dialogar. En el tiempo de la infancia aprendemos e incorporamos (o no) las cualidades que nos ayudan a la vida en familia. Las crisis y dificultades que se manifiestan en faltas de tolerancia o problemas de convivencia son carencias no bien resueltas en la niñez.

Es el tiempo para descubrir a Jesús como amigo y ayudar a acercarse a su Palabra. De mostrar aquellos valores que a veces vienen de la propia familia y otros hay que ir incorporando en la escuela, como es la búsqueda de la verdad; el aprecio por la sinceridad; cuidar a los más frágiles, a los más débiles; ser generosos y serviciales; tener una mirada, podríamos decir, iluminada por la Palabra de Dios acerca de los bienes de la creación y el don del propio cuerpo que ayude a ir teniendo una preparación remota para la vida familiar y el amor. ¡Qué importante la educación para el amor! La educación sexual integral.

Ya en la adolescencia y juventud, la tarea está orientada a poder afianzar aquellos valores adquiridos en los primeros años de escolaridad. Pero también abiertos a la trascendencia; a la búsqueda de un mundo nuevo; a poder soñar con la paz, con la justicia, la libertad; todos anhelos y sueños puestos por Dios en el corazón humano. Como dice el documento de Aparecida, todos esos anhelos, “vienen de Dios y claman por Dios”. En esas búsquedas profundas, la tarea del docente consiste en mostrar horizontes de sentido, apuntar alto, buscar aquellos ideales más nobles e importantes. Para que sueñen con un mundo nuevo. Es el momento de alentar ideales y utopías. Ayudar a discernir entre ellas y las fantasías fugaces que a veces ofrece la droga, el alcohol, la violencia. Despertar corazones magnánimos capaces de entregar la vida en la búsqueda de ideales, y a la vez comprometidos con los pobres concretos del barrio vecino o con los refugiados en Haití o Europa, o con los que sufren las guerras y persecuciones.

Francisco también nos dice que, “una auténtica fe que nunca es cómoda e individualista, siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra” (EG 183).

Es importante cuidarnos de la “cultura del descarte”, del uso y tiro. Fomentar iniciativas solidarias con los pobres y amigables con la creación.

Los sueños y los anhelos no nos tienen que hacer apartar de lo que es la situación concreta del sufrimiento que muchos viven, por eso tener el corazón en el cielo y los pies sobre la tierra. Y los maestros y profesores pueden encauzar y promover estos valores en la vida de nuestros niños y jóvenes.

En estos días (del 6 al 10 de septiembre), la visita del Papa Francisco a Colombia lleva un sólido y claro mensaje de paz al pueblo colombiano. “Demos el primer paso” es su lema y se comprueba en cada encuentro, en cada saludo. Demos el primer paso hacia el otro, mi prójimo. Le dijo a los jóvenes el día de su llegada a Bogotá que “no se dejen robar la alegría, la esperanza”, a los Obispos del CELAM les pidió que trabajen para el reino “con pasión” e insistió en el “discipulado misionero” de Aparecida, en su primera Misa en el Parque Simón Bolívar pidió a los colombianos “ser constructores de la paz, promotores de la vida”.

Aprendamos de esta catequesis de nuestro querido Papa en su andar por tierra colombiana. Que podamos también aplicar esas intenciones en nuestras vidas personales y comunitarias. Alegría, pasión, paz.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

    
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UN SOBRE VACÍO EN TUS MANOS…

REFLEXIÓN Monseñor Jorge Lozano sostiene que “Un sobre vacío en tus manospuede ser guardado para el momento que lo necesites, o tal vez lo podes usar muy pronto”.  Invita ésta semana a pensar en la Colecta “Más por Menos” del próximo domingo 10 de septiembre

Por Mons. Jorge Lozano | (*)    

Los sobres están preparados para albergar temporalmente cartas, fotos, tarjetas, que esperan ser entregados. Contienen mensajes para destinatarios concretos.

El sábado 9 y el domingo 10 de septiembre en todas las Parroquias, Capillas, Colegios, se realiza la Colecta Nacional “Más por Menos”. Ya muy conocida por todos. 

Hace tiempo venimos señalando (no sólo en la Iglesia) que en nuestro País hay inequidad en la distribución de los bienes. Esto implica que existen zonas muy ricas que contrastan lastimosamente con zonas muy pobres en las cuales la miseria parece cubrirlo todo. Una pobreza estructural que no logramos superar. En estos lugares (ricos y pobres) están nuestras comunidades eclesiales que buscan asumir una misma misión: anunciar la Buena Noticia del amor de Dios que nos hace hermanos. 

Esta breve descripción nos hace ver que hay Parroquias con muchos recursos económicos y posibilidades: proyector de video, salas bien pintadas y con temperaturas templadas, baños, mobiliario lindo, láminas, etc. Y otras con techo de chapa que calienta en verano y deja pasar frío en invierno, contrapiso sin revestir, paredes sin revocar, o comunidades que dan catequesis debajo de un árbol. Las mismas asimetrías sociales se transforman en eclesiales. Y esto no es justo. 

La colecta “Más por Menos” quiere ser un canal bien cercano de ayuda concreta, que busca restaurar la equidad entre todas las comunidades que profesamos una misma fe

Con el dinero recaudado también se ayuda a la participación de agentes pastorales en Encuentros Diocesanos o Nacionales diversos, se sostienen opciones de capacitación pastoral, se colabora para organizar cursos… ¡Y cuántas iniciativas de justicia y promoción humana!: Capacitación laboral, oficios, microemprendimientos de trabajo, huertas comunitarias, material didáctico y recreativo…

Te invito a entrar en la página de la colecta: www.colectamaspormenos.com.ar 

Allí podrás ver fotos de diversos emprendimientos que se sostuvieron con la colecta del año pasado. A mí me motivó mucho ver los rostros de alegría de quienes ponen manos a la obra impulsados por la solidaridad. 

El lema elegido para este año es significativo: “Tu solidaridad fortalece mi esperanza”. Cuando nos sentimos acompañados, aun en medio de dificultades, estamos de mejor ánimo y la esperanza se fortalece por las manos fraternas. En cambio, cuando nos abandonan o ignoran, la tristeza y el desaliento van ganando espacio en nuestro interior. 

En el sobre vacío que tenés o te entregarán podés poner tu colaboración para la colecta. No es sólo dinero, es también un mensaje que hacés llegar de “me importa” o “no me importa”, de “me comprometo” o “que se arreglen”.

Francisco nos enseña que “la Palabra ‘solidaridad’ está un poco gastada y a veces se interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad”. Veamos qué pasa el fin de semana que viene.

El viernes 1º de septiembre se rezó en comunión por el cuidado de la creación, pedido del Papa Francisco a todas las personas de buena voluntad. En una celebración en una mezquita porteña organizada por diversas instituciones eclesiales, referentes de distintos credos oraron especialmente por el cuidado del agua en nuestro planeta. Fue una ocasión de inmensa fraternidad en la que solo era importante estar unidos por el amor a nuestro único mundo, a nuestra hermana agua. Las oraciones coincidieron en apelar a la responsabilidad intergeneracional de cuidado de la vida en todas sus formas, en saber ver la presencia de Dios en todas ellas.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

      
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