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Las consecuencias políticas y geopolíticas del precio del petróleo

Por Rosendo Fraga |

La baja y el alza del precio del petróleo históricamente ha120726_b_mundo generado consecuencias políticas y geopolíticas importantes y esta vez seguramente será igual. Un cuarto de siglo atrás, cuando el petróleo bajó a 20 dólares, tuvo lugar la disolución de la URSS. Los expertos percibían que Moscú había perdido la Guerra Fría frente a los EEUU tanto en lo económico como en lo científico y tecnológico, pero esperaban un proceso de apertura gradual, en el cual a lo largo de una década tuviera lugar lo que finalmente ocurrió en meses. Cuando a un ex Consejero de Seguridad de la Casa Blanca le preguntaron en aquel entonces si sabía lo que iba a pasar contestó: «Sí, pero nunca pensé que iba a ser tan rápido». ¿Se hubiera disuelvo la URSS con el petróleo a 50 ó 60 dólares? Seguramente no en ese momento. En América Latina tiene lugar un fenómeno semejante. Con petróleo a 20 dólares tuvo lugar el «Caracazo», una gran protesta social y violenta en la capital venezolana contra el aumento del combustible, originado en que el gobierno de Carlos Andrés Pérez no podía seguir subsidiando el combustible como lo venía haciendo. Ello generó el surgimiento del Chavismo, que llega al poder por elecciones en 1998, tras dos intentos fallidos de acceder por un golpe militar. Ahora, al promediar la segunda década del siglo XXI, lo que está sucediendo con el petróleo también puede traer consecuencias políticas y geopolíticas importantes como entonces: Rusia puede ver agravada su situación económica y ello podría afectar la gobernabilidad de Putin, mientras que el régimen chavista puede colapsar, como lo anticipó su derrota en la reciente elección legislativa. Pero los efectos pueden ser más amplios. Por ejemplo, cómo puede influir sobre el conflicto que se desarrolla en el mundo musulmán entre Irán y Arabia Saudita. Además, la baja del petróleo afecta en mayor o menor medida al resto de las materias primas y ello tiene diversas consecuencias.

Antes, la baja del petróleo favoreció a los países desarrollados que lo importaban y perjudicó a los subdesarrollados exportadores, pero eso hoy es diferente. Las bolsas de Europa y Japón -dos países que son importadores netos de energía- deberían subir a medida que baja el petróleo, pero no está siendo así; al contrario, tienden más bien a bajar. EEUU ha pasado a ser exportador de petróleo y esta es una diferencia sustancial con lo que sucedía un cuarto de siglo atrás. China es hoy, de acuerdo a diferentes mediciones, la primera o la segunda economía del mundo e importa petróleo, por eso debería beneficiarse con una baja, pero no está resultando de esta manera. Hoy pareciera que el fenómeno genera más efectos negativos que positivos para la economía mundial, y que tanto Wall Street como las bolsas europeas se ven perjudicadas por el petróleo más barato. Pero en el mundo emergente pasa otro tanto -e incluso peor en algunos casos-, como lo evidencia el crecimiento fuertemente negativo que en 2016 tendrán dos países en el ámbito de los BRICS (Rusia y Brasil). El comienzo de los mercados globales en 2016 ha sido así el peor en décadas. Al mismo tiempo, el pronóstico del FMI para el año que se inicia es negativo y prevé menor crecimiento tanto para el mundo, como para EEUU y China.

En el pasado aumentaba el precio del petróleo a medida que se desestabilizaba Medio Oriente: hoy está resultando a la inversa. Pese al acuerdo entre Irán y las potencias occidentales, no cabe duda que la situación en el mundo árabe es sensiblemente peor que hace un año. El EI mantiene su Califato en Siria e Irak -aunque ha perdido en este país la ciudad de Ramadi- e intenta desarrollar otros, como en el caso de Libia y el Cáucaso, más próximos a Europa. Pero sus acciones terroristas suicidas se han globalizado y afectan a todas las regiones del mundo, con la excepción de América Latina. El conflicto entre los sunnitas liderados por Arabia Saudita -donde surgen dudas sobre su estabilidad por la baja del precio del petróleo aunque la haya impulsado- y los chiítas liderados por Irán -un país musulmán pero no árabe- está escalando y se ve fortalecido al volver a exportar petróleo a Occidente tras el fin de las sanciones. Una coalición de 60 países liderada por los EEUU bombardea desde hace más de un año al EI en Siria e Irak y realiza operaciones terrestres limitadas. Otra integrada por Rusia y los gobiernos chiítas opera con bombardeos y acciones terrestres contra el EI y también contra los enemigos del Presidente Assad en Siria. Una coalición liderada por Arabia Saudita e integrada por gobiernos árabes sunnitas combate contra las milicias chiítas en Yemen. Esta coalición se ha ampliado recientemente e integra no sólo a la mayoría de los 21 países de la Liga Árabe, sino también a gran parte de los 56 países de la Conferencia Islámica. A 14 años de la intervención occidental en Afganistán, ésta continúa y el país no logra estabilizarse; a 13 de la invasión de EEUU y sus aliados a Irak, el país lleva dos años de cruenta guerra civil; y a 5 de la Primavera Árabe, sólo en Túnez se vive un mayor grado de libertad. Pero frente a esta situación, y a contramano de lo que sucedía en el pasado, el precio del petróleo ha bajado en vez de subir.

Lo que suceda con el precio del petróleo en los próximos meses será decisivo no sólo para la marcha de la economía mundial, sino también para la política y la geopolítica. En la industria del petróleo suele decirse que hay dos tipos de pronosticadores en cuanto a su precio: los que aciertan y los que tienen suerte. Ello parece haber sucedió en los últimos meses. Hoy hay bancos de inversión occidentales que esperan que baje a 20 dólares, el mismo nivel que tuvo cuando se disolvió la URSS y colapsó el régimen político venezolano. Los más audaces han dicho que podría llegar a 10, pero hay quienes opinan en la dirección contraria. Hoy está claro que ya no rigen dos premisas: el mundo desarrollado no crece porque siga bajando y los conflictos en el mundo árabe no aumentan su precio. Pero es claro que, como en el pasado, los grandes exportadores se ven más perjudicados que los demás y regímenes políticos de tipo autoritario, como el de Putin en Rusia, la monarquía en Arabia Saudita y el Chavismo en Venezuela, pueden enfrentar turbulencias políticas. Pero la gran cuestión es si la baja del precio de petróleo se realimenta con el menor crecimiento chino y viceversa, lo que en principio no parece convenirle a nadie.

En conclusión: históricamente la baja del precio del petróleo ha tenido consecuencias políticas y geopolíticas globales, como fue la disolución de la URSS en 1990; pero ahora, a diferencia que en el pasado, el petróleo más barato no está incentivando el crecimiento de los países desarrollados y la posición de Wall Street es clara al respecto; en el pasado los conflictos políticos en el mundo árabe y los otros países exportadores generaban un aumento en el precio del petróleo, pero ello hoy tampoco está sucediendo y la realimentación entre la baja del petróleo y el menor crecimiento de China parecen constituirse en 2016 en el imponderable geopolítico, político y económico más importante.

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