Archivo de la etiqueta: reflexión

PROGRAMAR EN EL GPS: VIDA NUEVA Y PASCUA

GIF

 

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos invita a la reflexión del Papa Francisco donde nos propone para esta Cuaresma no dejar que el amor a los hermanos se enfríe. Tomando palabras de Jesús en el Evangelio de San Mateo, nos advierte que uno de los riesgos mayores que afronta la humanidad es perder aquello que le distingue del resto de la creación: el amor. “No dejemos que ese amor se apague, para mantenerlo vivo con ternura y entrega”.

 Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

¡Y hacia allá vamos! La Cuaresma nos lleva derechito a la celebración de la Pascua y a renovarnos en la vida de la fe, en la alegría. El camino que nos plantea está conformado por tres capas de pavimento que debemos transitar simultáneamente: la oración, el ayuno y la limosna.

En su mensaje para la Cuaresma de este año el Papa nos enseña acerca de estas tres propuestas: 

“El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida”.

“El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. (…) Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?”

“El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios”. 

Oración, ayuno y limosna están entrelazados y se necesitan mutuamente. Al privarnos de cosas superficiales o importantes podemos ahorrar un dinero con el cual ayudar a los pobres. Te propongo en estos 40 días obtener “un tesoro”. Buscá una cajita o un sobre, y allí andá guardando el fruto económico de tus sacrificios, para dedicarlo a los pobres.

Cada año el Papa nos propone un mensaje para ayudarnos a vivir en profundidad estas semanas con un lema particular. El de este año está tomado de unas palabras dichas por Jesús poco antes de entrar en Jerusalén para ser arrestado, condenado, crucificado y resucitar al tercer día. Las encontramos en el Evangelio de San Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12). Es una frase que me había pasado inadvertida, y que sin embargo, contiene una enseñanza muy honda y una seria preocupación del Señor.

Cuando se enfría el amor… Uno de los riesgos mayores que afronta la humanidad es perder aquello que le distingue del resto de la creación: el amor. Y junto con esa pérdida degradar la libertad, la paz, la amistad, la sonrisa, la alegría, la ternura, el sentido de la vida…

Cuando se enfría el amor todo se vuelve gris, aburrido, sin sentido. Cualquier pavada nos cansa o irrita. Nos volvemos quejosos, apáticos, desconfiados y hasta podemos caer en el cinismo. Va ganando lugar en nosotros una actitud de desprecio de todo, y la tristeza golpea a la puerta.

Tratamos mal a los hermanos, los juzgamos sin piedad, vemos sus defectos como si fueran ofensas intencionadas a mí mismo. Nos volvemos intolerantes, sin capacidad de comprensión. Hasta nos aislamos de los amigos y la familia, haciendo cada uno la suya. Los vínculos se vuelven funcionales según lo que necesitamos o nos conviene. Pero el amor emprende la fuga casi sin que nos demos cuenta.

Tratamos mal a la creación sin tener un corazón agradecido. Vamos contaminando todo a nuestro paso, con una mentalidad materialista del “uso y tiro”. No nos vemos como familia humana, y por tanto no cuidamos la casa común. Nos comportamos como tiranos en lugar de entrar en comunión con la hermana agua, la madre tierra. 

Tratamos mal a Dios a quien no vemos como Padre y amigo. Le desconfiamos, nos escondemos de su presencia como hicieron Adán y Eva conforme nos relata el libro del Génesis. Dejamos de rezar, de hablar con Él, de escuchar su Palabra.

Nos tratamos mal cada uno a sí mismo, sin perdonarnos derrotas y fracasos. Se desdibuja del rostro la sonrisa, damos paso a la amargura, a veces a la angustia existencial.

Cuando se enfría el amor perdemos la esperanza, y todo parece inútil…

La Iglesia cada año nos propone Cuarenta días de purificación y liberación. Para ello nos invita a ir al “Desierto”, signo de aridez que nos ayuda a mirar lo único necesario.

A su vez, en la Biblia el desierto es el lugar en el cual habla Dios. Adentrarse allí me hace dejar atrás lo que me puede distraer o dispersar, para encontrar y reavivar “el centro” de la vida. 

El desierto es el lugar del encuentro y del reencuentro con el primer amor, el noviazgo, la Palabra. (Os 2, 8-25; Jr 2, 2-5) El lugar de la aridez donde en el contraste la vida brilla de manera deslumbrante. Hay desiertos que despojan para el encuentro. En la Provincia de San Juan las manifestaciones de piedad popular multitudinarias se producen en el desierto como en San Expedito en Bermejo, o Santa Bárbara en Mogna, entre otros. 

Jesús nos invita a estar cerca de él. Quiere que pueda ver mi vida desde su corazón. Mirarme con sus ojos. Descubrir sin amargura mi mediocridad, mi chatura, mi pecado. Es un tiempo para “barajar y dar de nuevo”. 

Pero no basta el desierto, no alcanza con el silencio. Hace falta querer buscar a Dios y querer ser encontrados por Él. Nuestro Padre está deseoso de entrar en amistad con vos, conmigo, con todos. En Él el amor no se enfría jamás. Los textos de la Palabra de Dios durante este Tiempo nos muestran el Amor sin límites de Jesús, para que no se enfríe nuestra respuesta de amor.

Además de estas reflexiones dominicales, todos los miércoles -desde el 14 de febrero al 28 de marzo- estoy ofreciendo para quienes lo deseen unas charlas espirituales de 4 o 5 minutos. Las mismas estarán disponibles en Facebook, en Canal 4 en esos días a las 21.50 hs y en la página Web: www.iglesiasanjuancuyo.org.ar

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

         

GIF

Share Button

EL CAFÉ EN GRANOS Y LA PARROQUIA

GIF

   

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano sostiene que con el espíritu de “Iglesia en salida” que nos convoca con insistencia el Papa Francisco, pidamos al Padre nos muestre nuestras limitaciones pastorales y como hijos de Dios por el Bautismo, vivamos nuestra fe compartida en especial con los que no son confiados. “El tiempo de Cuaresma que se acerca nos mueve a revisar el modo que vivimos nuestra fe y ayudamos al hermano necesitado”

 Por Mons. Jorge Lozano | (*) 

El año pasado nos juntamos a cenar con varios amigos, y distribuimos qué llevaba cada uno. Por razones de practicidad a mí me encargaron llevar café en granos, ya que en la casa de la familia que nos recibía a todos les gustaba moler el café al momento de prepararlo.

Fui a un negocio a comprar y vi que había diversas propuestas en calidad y precio, con dibujos o fotos que eran bien elocuentes. Los mejores tenían un cartel que decía “granos seleccionados”, los mostraban parejitos y en color intenso, forma redondeada, tamaños semejantes. Las otras propuestas se promocionaban como “sabor suave”, o “primera cosecha”, etc. Y los dibujos nos mostraban granos más variados en color y tamaño.

Esta imagen me hizo pensar en nuestras Parroquias, que son la presencia más cercana de la Iglesia a nuestros a nuestros barrios y familias. Francisco saca como consecuencia que “esto supone que [la parroquia] realmente esté en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no se convierta en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos”. (EG 28)

No somos como los paquetes de café en que todos los granos son de “primera calidad”. Solemos tener el riesgo de incorporar actitudes que expresan aires de superioridad, o de mirar a los demás por encima del hombro. Muchas veces nos encontramos en nuestras comunidades con mediocridades y chaturas que estamos llamados a cambiar. La insistencia de convocarnos a la conversión pastoral reclama de una respuesta generosa de todos: obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y consagradas, fieles laicos. Sin darnos cuenta podemos ir aceptando formas de clericalismo que limitan la participación y ahogan la creatividad, que no dejan crecer ni intentar la búsqueda de caminos mejores. ¡Cuántas veces hemos escuchado decir: “acá siempre se hizo así”!

El Papa Francisco lo ha expresado con claridad en uno de sus discursos de su visita a Chile: “La falta de conciencia de que la misión es de toda la Iglesia y no del cura o del obispo limita el horizonte, y lo que es peor, coarta todas las iniciativas que el Espíritu puede estar impulsando en medio nuestro”. Digámoslo claro: los laicos no son nuestros peones, ni nuestros empleados. No tienen que repetir como «loros» lo que le decimos. “El clericalismo, lejos de impulsar los distintos aportes y propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos. El clericalismo se olvida de que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo fiel de Dios (cf. Lumen gentium, 9- 14) y no sólo a unos pocos elegidos e iluminados” (Francisco, 16 de enero de 2018). El clericalismo niega la eclesiología cristiana del evangelio (la vid y los sarmientos) y de las Cartas de San Pablo (el cuerpo, los miembros y la Cabeza), para terminar derivando en una especie de herejía pastoral.

Y qué importante es reconocer nuestras limitaciones en el estilo de conducción pastoral demasiado centrado en la presencia del sacerdote. Todos somos parroquia, todos los hijos de Dios por el Bautismo. “A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización. Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero. Pero tenemos que reconocer que el llamado a la revisión y renovación de las parroquias todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente, que sean ámbitos de viva comunión y participación, y se orienten completamente a la misión.” (EG 28)

En estos días en la Arquidiócesis de San Juan de Cuyo, como en tantas otras del País, se están realizando los cambios de los párrocos. Por eso es una buena oportunidad para revisar nuestras actitudes y estilos, el modo que tenemos de vivir la fe y compartirla con los que nos son confiados.

En las visitas que voy realizando en las parroquias suelen preguntarme cómo renovar el fervor misionero, cómo alentarse mutuamente en ser “Iglesia en salida, cercana a los pobres”. Es importante vernos como una madre que va en búsqueda de sus hijos para expresarles la ternura, y no como inspectora que va a cobrar facturas impagas.

Jesús vuelve a enviarnos permanentemente: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt. 28, 19). Acojamos su llamado.

El miércoles 14 de febrero comenzamos el Tiempo de Cuaresma que nos orienta hacia la Pascua. Además de estas reflexiones dominicales, todos los miércoles -desde el 14 de febrero al 28 de marzo- voy a ofrecer para quienes lo deseen unas charlas espirituales de 4 o 5 minutos. Las mismas estarán disponibles en Facebook, en Canal 4 en esos días a las 21.50 hs y en la página Web: www.iglesiasanjuancuyo.org.ar

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.    

GIF

Share Button

“YO SOY CATÓLICA, PERO NO SOY FANÁTICA”

GIF

   

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano pondera que la vida diaria de Jesús era muy intensa, tan vital, que infundía admiración en sus discípulos y los movía felices a seguirlo muy de cerca. Propone una mirada desde el corazón a estos pasajes del Evangelio para vivir de igual modo nuestra Fe. A 20 años de la muerte del Cardenal Eduardo Pironio piden por su Beatificación

 Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

Era de noche y estacioné el auto a cuatro cuadras del Templo al cual iba a celebrar una misa. No fue fácil encontrar ese lugar ya que había muchos vehículos en varias cuadras a la redonda. Yo pensé “si la cuarta parte de esta gente va a la misma misa que yo, van a quedar muchos afuera”. Y así fue. Todavía faltaba media hora para comenzar y ya no se podía entrar.

Pero no me quiero distraer. Cuando bajé del auto me saludó una señora que cuidaba los vehículos de la cuadra y, al verme vestido con la camisa que usamos los sacerdotes, me preguntó: “¿Usted es sacerdote católico?”. A lo cual le respondí que sí y que estaba yendo a misa a la Iglesia cercana. Y ahí fue que soltó esta frase: “Yo también soy católica, pero no soy fanática”. Te confieso que la primera impresión que me dio era que ella suponía que yo sí era fanático. Y superando la molestia inicial, me acerqué a conversar un ratito. Le pregunté dónde vivía, cómo era su familia. Me comentó que había bautizado a sus cinco hijos, que todos ya habían recibido la Comunión y dos, la Confirmación. Los tres más chicos no quisieron seguir con la catequesis. El diálogo se vio interrumpido un par de veces por algún auto que llegaba y otro que se iba. Nos saludamos cordialmente, me pidió la bendición para ella y su familia, y por el trabajo de su marido.

La verdad, no sé qué quiso decir en concreto respecto del fanatismo religioso. Pero esa expresión me quedó dando vueltas en el corazón.

Los evangelios nos muestran un ritmo de vida muy exigente de Jesús en su dedicación a la Predicación, la recepción de los enfermos, las enseñanzas a los discípulos en particular, la visita a los amigos, las discusiones con los jefes religiosos de su tiempo…

El Evangelio de San Marcos (1, 29-39) que leemos hoy en las misas nos muestra la agenda de una “jornada tipo” en la vida de Jesús y los discípulos. Van a la Sinagoga en sábado para participar del culto y, además, el Señor libera a un endemoniado. De allí van a casa de Pedro y Andrés; al llegar encuentran en cama y con fiebre a la suegra de Pedro, Jesús, tomándola de la mano, la cura. Al atardecer el pueblo se juntó en la puerta de la casa: llevaban a sus enfermos y endemoniados. Jesús reza por ellos, sana y sigue liberando del demonio. Después a dormir y, antes del amanecer, Jesús se había ido a un lugar desierto a orar, a estar a solas con su Padre. Cuando Pedro y los demás discípulos lo buscan para llevarlo de nuevo al pueblo, Jesús les dice “vayamos a otra parte a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido”. (Mc 1,38)

Tan intenso era el ritmo que llevaban que algunos parientes de Jesús se empezaron a preocupar. Unas pocas páginas más adelante el mismo evangelio nos dice que una vez “se juntó tanta gente que no lo dejaban ni comer. Al enterarse su familia, venían a llevárselo, porque decían ‘es un exaltado’ ”. (Mc 3, 20-21) Otras traducciones dicen que estaba fuera de sí. Una gran santa chilena que murió poco antes de cumplir 20 años de edad decía: “Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca” (Santa Teresa de los Andes).

Es que descubrir la grandeza del amor de Jesús por nosotros es algo que no deja de sorprendernos. El Documento Conclusivo de Aparecida nos enseña de este modo: “El Señor despertaba las aspiraciones profundas de sus discípulos y los atraía a sí llenos de asombro. El seguimiento es fruto de una fascinación que responde al deseo de realización humana, al deseo de vida plena. El discípulo es alguien apasionado por Cristo, al que reconoce como el maestro que lo conduce y acompaña”. (DA 277)

Las palabras usadas en este párrafo “aspiraciones-deseos-asombro-fascinación-apasionados” son muy fuertes, y están señalando una dimensión afectiva de experiencia de plenitud. El encuentro con Cristo no nos hace comprender una verdad abstracta e inocua. Nos toca las fibras más hondas y nos renueva en la esperanza. Y nos ubica en la necesidad de anunciarlo “por desborde de gratitud y alegría” (DA 14).

San Pablo nos compartió su experiencia: “¡Ay de mí si no predico el evangelio!” (I Cor 9,16). Un misionero incansable que lo soportó todo por amor y llegó a escribir “Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gal 2,20).

En estos primeros días de febrero me toca vivir experiencias muy hondas y particulares. Estoy predicando el Retiro anual a las monjas carmelitas, una experiencia profunda de comunión y oración. Se realiza este domingo el “Encuentro de verano” de la Acción Católica de San Juan con el lema “Él nos amó primero”, pasión con todos y para todos; buscando renovar el compromiso apostólico en cada comunidad. Varios Párrocos nuevos que empiezan a asumir sus servicios en las comunidades a las cuales son enviados…

Te pido recemos para que a todos los bautizados el Señor nos empuje al encuentro con Él y a la misión.

Este lunes 5 de febrero se cumplen 20 años de la muerte del Cardenal Eduardo Pironio, un hombre que vivió apasionadamente su amor a Jesús, a la Virgen María, a la Iglesia, a los pobres, a los jóvenes. Con este motivo este domingo se celebra una misa en la Basílica de Luján pidiendo por su Beatificación. Nos unimos a esa intención.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

     

 

GIF

   

Share Button

BUENAS NOTICIAS: CRECEN LAS ORGANIZACIONES PARA EL BIEN

GIF

   

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano invita a mirar a nuestro alrededor, donde “encontraremos gente buena haciendo cosas buenas, integran la larga lista de quienes se han comprometido con el prójimo para ayudar y llevar consuelo, demos gracias a Dios por ellos, mientras pensamos en qué podemos sumarnos”. Cada palabra del Papa Francisco en Chile y Perú fueron un llamado a encontrar nuestra mejor versión para servir a Cristo. Hay gente buena. Y es mucha

 Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

Ante la presencia en los diarios y en los noticieros (a veces con insistencia) de personas que hacen daño al prójimo, a la creación, y a sí mismos, se nos puede pasar por alto tanta generosidad en muchos más. El otro día escuchaba a un Sacerdote que predicaba “hace más ruido un árbol que cae en el bosque, que los miles que van creciendo en ese mismo momento”.

Hay gente buena a nivel personal, sin destacarse ni brillar. Las mamás que educan a sus hijos, les tratan con ternura, les enseñan a decir la verdad… Los abuelos y abuelas que cuidan a sus nietos. Vecinos que se ayudan y acompañan. Enfermos que son asistidos por sus familiares y amigos.

Gente que en medio de un clima egoísta e individualista mira más allá del metro cuadrado que ocupa. Me podrán decir que cada vez son menos. Es probable. Pero si no los destacamos se nos pierden los buenos ejemplos que arrastran y conmueven, interpelan y cuestionan la tibieza imperante.

También hay gente que se organiza para hacer el bien. Desde los movimientos sociales, las organizaciones no gubernamentales, las cooperativas…

Quisiera destacar a los grupos misioneros que durante el verano se multiplican por todo el País. Entre sus miembros hay algunos adultos, familias, religiosos, sacerdotes, diáconos… Pero en su mayoría son jóvenes. Ellos dedican parte de sus vacaciones (o todos los días que disponen) para ir al encuentro de otros, en general a lugares pobres. Durante el año tienen reuniones de oración y reflexión. Buscan donaciones, realizan actividades para recaudar fondos económicos.

Encarnan el pedido de Francisco de ser “Iglesia en salida, pobre y para los pobres”.

Algunos se dedican a servicios solidarios de trabajo manual: construir o arreglar casas, pintar escuelas o centros de salud, reparar capillas o centros de catequesis.

La mayoría de los grupos trabaja la misión casa por casa para compartir la alegría de la fe, organiza juegos para niños y adolescentes, encuentros para jóvenes y familias, celebraciones, misas. Son cientos de grupos. Esto es, sin dudas, una muy buena noticia.

Pero hay más para renovar la esperanza. En la Argentina se vienen multiplicando las Comunidades terapéuticas y Centros Barriales que buscan ayudar a quienes están dispuestos a emprender el difícil camino de superar el consumo y adicción a las drogas. Realizan tareas de prevención promoviendo actividades deportivas, culturales, religiosas, recreativas. Brindan familia, escucha, vínculos nuevos.

Mencionemos también a tantos varones y mujeres que voluntariamente participan de los servicios de Caritas. Talleres de capacitación laboral, apoyo escolar, emprendimientos laborales de lo más diversos.

Seguramente vos conocerás unos cuantos más que podemos agregar a una larga lista de gente que se compromete con los demás, haciendo un poco más soportable el desamparo, la soledad, la miseria.

Demos gracias a Dios por la generosidad de tanta gente, y pensemos en qué podemos sumarnos.

La semana pasada te compartía algunas enseñanzas del Papa en Chile. Quisiera ahora destacar algunas que expresó en Perú. Al hablarle al clero local, también sentí que nos habló a otros cleros de otras geografías, y lo destaco no por ombliguismo-personalista-corporativo sino porque agradezco que Francisco llame a que no rehúya cuestionarme, preguntarme, interpelarme; me hace bien que confíe en que puedo encontrar una mejor versión de mí mismo como servidor de Cristo en este tiempo: “Me gusta subrayar que nuestra fe, nuestra vocación es memoriosa, esa dimensión deuteronómica de la vida. Memoriosa porque sabe reconocer que ni la vida, ni la fe, ni la Iglesia comenzó con el nacimiento de ninguno de nosotros: la memoria mira al pasado para encontrar la savia que ha irrigado durante siglos el corazón de los discípulos, y así reconoce el paso de Dios por la vida de su pueblo. (…) Cuando yo digo ‘quiero que un obispo, un cura, una monja, un seminarista sea memorioso’, ¿Qué quiero decir? Y es lo que me gustaría compartir ahora. 1. Una dimensión es la alegre conciencia de sí. No hay que ser un inconsciente de sí mismo, no. Saber qué es lo que le está pasando, pero alegre conciencia de sí. (…) ¡Nos hace bien saber que no somos el Mesías! Nos libra de creernos demasiado importantes, demasiado ocupados. (…) Esta tentación se combate de muchos modos, pero también con la risa. (…) Aprender a reírse de uno mismo nos da la capacidad espiritual de estar delante del Señor con los propios límites, errores y pecados, pero también aciertos, y con la alegría de saber que Él está a nuestro lado. (…) 2. Lo segundo es la hora del llamado, hacernos cargo de la hora del llamado. (…) Nos hace bien recordar que nuestras vocaciones son una llamada de amor para amar, para servir. No para sacar tajada para nosotros mismos. (…) No te la creas, no sos el pueblo más importante, sos de lo peorcito, pero se enamoró de ese, y bueno, qué quieren, tiene mal gusto el Señor, pero se enamoró de ese… Amor de entrañas, amor de misericordia que mueve nuestras entrañas para ir a servir a otros al estilo de Jesucristo. No al estilo de los fariseos, de los saduceos, de los doctores de la ley, de los zelotes, no, no, esos buscaban su gloria. (…) 3. La alegría contagiosa. La alegría es contagiosa cuando es verdadera. (…) La fe en Jesús se contagia. Y si hay un cura, un obispo, una monja, un seminarista, un consagrado que no contagia es un aséptico, es de laboratorio, que salga y se ensucie las manos un poquito y ahí va a empezar a contagiar el amor de Jesús. (…) La fragmentación o el aislamiento no es algo que se da ‘fuera’ como si solamente fuese un problema del ‘mundo’. Hermanos, las divisiones, guerras, aislamientos los vivimos también dentro de nuestras comunidades, dentro de nuestros presbiterios, dentro de nuestras Conferencias episcopales ¡y cuánto mal nos hacen! Jesús nos envía a ser portadores de comunión, de unidad, pero tantas veces parece que lo hacemos desunidos y, lo que es peor, muchas veces poniéndonos zancadillas unos a otros, ¿o me equivoco?”.

Francisco y su carta encíclica Laudato Si’ se vieron patentizados en su mensaje dirigido a los pueblos de la Amazonia: “Sabemos de movimientos que, en nombre de la conservación de la selva, acaparan grandes extensiones de bosques y negocian con ellas generando situaciones de opresión a los pueblos originarios para quienes, de este modo, el territorio y los recursos naturales que hay en ellos se vuelven inaccesibles. Esta problemática provoca asfixia a sus pueblos y migración de las nuevas generaciones ante la falta de alternativas locales. Hemos de romper con el paradigma histórico que considera la Amazonia como una despensa inagotable de los Estados sin tener en cuenta a sus habitantes. Considero imprescindible realizar esfuerzos para generar espacios institucionales de respeto, reconocimiento y diálogo con los pueblos nativos; asumiendo y rescatando la cultura, lengua, tradiciones, derechos y espiritualidad que les son propias. (…) La cultura de nuestros pueblos es un signo de vida. La Amazonia, además de ser una reserva de la biodiversidad, es también una reserva cultural que debe preservarse ante los nuevos colonialismos”.

Cuánto para aprender, profundizar y rezar.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.            

GIF

 

Share Button

FRANCISCO SORPRENDE, ALIENTA, ENVÍA

GIF

   

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos invita a pensar en los gestos y acciones del Papa Francisco en su visita a Chile y Perú, un llamado paternal a la esperanza y la paz, a buscar a Jesús desde el corazón mirando a nuestros hermanos más necesitados. “Mi paz les doy” “Unidos por la esperanza”, los lemas de Francisco en Chile y Perú

 Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

Hemos visto -me atrevo a decir “compartido desde y con el corazón”- en estos días momentos de la visita del Papa a Chile y Perú. Personalmente he tenido la gracia de ser testigo cercano de varios de esos encuentros y celebraciones en Santiago de Chile, y pude seguir ampliamente por televisión otros en los cuales no podíamos trasladarnos.

Antes de seguir avanzando es conveniente especificar “qué es una Visita Apostólica”. Francisco, como sucesor del Apóstol San Pedro, tiene la misión encomendada por Jesús de confirmar y alentar en la fe a sus hermanos. (cfr Lc 22,32). Nuestro querido Papa consuela, ilumina desde la Palabra y con la Luz del Espíritu Santo.

Nos ha regalado gestos y palabras que enseñan a todos, católicos, hermanos de otros credos, agnósticos, ateos… Gestos y palabras dirigidas a todos los bautizados, o más especialmente a los consagrados y consagradas, los diáconos, los sacerdotes u obispos, los jóvenes, los excluidos… Son gestos y palabras contundentes, o como me decía un hombre en la calle, “me gusta porque habla clarito”.

Te comparto algunas frases de sus enseñanzas, que espero te sirvan de motivación para leerlas de forma completa.

Fue conmovedor escuchar sus palabras y los testimonios en la Unidad Penal de mujeres detenidas. La hermana Nelly le dijo “En Chile se encarcela la pobreza”, como en tantos países de América Latina; ¿y en Argentina? Una de las detenidas, Janeth, con valentía pidió perdón por los delitos cometidos y nos regaló un testimonio tan íntimo como desolador: “Papa amigo, aquí en la cárcel, he sido testigo de grandes dolores. He visto llorar a muchas compañeras al enterarse de que han abusado de sus hijos o que han asesinado a alguno de ellos. Y ese dolor Santo Padre, es totalmente desgarrador”. Francisco les dijo: “Ser privado de libertad no es lo mismo que estar privado de dignidad. De ahí que es necesario luchar contra todo tipo de corsé, de etiqueta que diga que no se puede cambiar, o que no vale la pena, o que todo da lo mismo. [Aquí el Papa recitó una frase del tango argentino ‘Cambalache’: ‘Dale que va que todo es igual, que allá en el horno nos vamos a encontrar’. No, no es todo lo mismo]. Queridas hermanas, ¡no! Todo no da lo mismo. Cada esfuerzo que se haga por luchar por un mañana mejor -aunque muchas veces pareciera que cae en saco roto- siempre dará fruto y se verá recompensado”.

A los consagrados y consagradas, seminaristas, novicias y novicios, diáconos, sacerdotes, obispos, reunidos en la Catedral les alentó a mirar la realidad, la Iglesia concreta, a no quedarse rumiando desolación, a servir a los pobres: “Somos, sí, llamados individualmente pero siempre a ser parte de un grupo más grande. No existe la selfie vocacional. La vocación exige que la foto te la saque otro, ¡qué le vamos a hacer! (…) Conozco el dolor que han significado los casos de abusos ocurridos a menores de edad y sigo con atención cuanto hacen para superar ese grave y doloroso mal. Dolor por el daño y sufrimiento de las víctimas y sus familias, que han visto traicionada la confianza que habían puesto en los ministros de la Iglesia. Dolor por el sufrimiento de las comunidades eclesiales, y dolor también por ustedes, hermanos, que además del desgaste por la entrega han vivido el daño que provoca la sospecha y el cuestionamiento, que en algunos o muchos pudo haber introducido la duda, el miedo y la desconfianza. Sé que a veces han sufrido insultos en el metro o caminando por la calle; que ir ‘vestido de cura’ en muchos lados se está ‘pagando caro’. Por eso los invito a que pidamos a Dios nos dé la lucidez de llamar a la realidad por su nombre, la valentía de pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que Él nos está diciendo. (…) Nos guste o no, estamos invitados a enfrentar la realidad así como se nos presenta. La realidad personal, comunitaria y social”.

Su visita al Hogar de Cristo nos dejó muy claro el mensaje de San Alberto Hurtado, su fundador en el año 1944, y también de Francisco: recibir y no cansarnos de recibir a nuestros hermanos más frágiles y vulnerables. Allí rezó ante la tumba del santo chileno, compartió charlas y mesa con miembros de la Compañía de Jesús, con colaboradores del Hogar y con quienes allí viven en concreta recuperación de su dignidad.

La celebración eucarística en Temuco estuvo cargada de simbolismos y llamados a cuidar la unidad. En ese sentido destacó que la solidaridad es la “única arma contra la desforestación de la esperanza”. Llamó también a “estar atentos a tentaciones que contaminen de raíz el don de la unidad”: confundir unidad con uniformidad y a distinguir las armas válidas para construir la unidad; aquí no vale todo. Advirtió también sobre la violencia en dos sentidos: “acuerdos que terminan en bonitas palabras que no se cumplen”, y “a la destrucción que termina cobrándose vidas humanas”. “No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro. (…) Decimos: ‘no a la violencia que destruye en ninguna de sus dos formas’.”

El encuentro con los jóvenes tampoco tuvo desperdicio. Francisco logró con ellos la empatía y el diálogo que lo caracterizan. Tomó como imagen el quedarse sin batería en el celular y sin WiFi para mostrarles la importancia de estar conectados con Cristo. La contraseña para conectarse la tomó de San Alberto Hurtado: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”. Los llamó a desplegar los sueños del corazón y a ser protagonistas del cambio. Citó al grupo musical chileno La Ley en su canción “Aquí”: “Al quedarnos sin esa ‘conexión’ que le da vida a nuestros sueños, el corazón comienza a perder fuerza, a quedarse también sin batería y como dice esa canción: ‘el ruido ambiente y soledad de la ciudad nos aíslan de todo. El mundo que gira al revés pretende sumergirme en él ahogando mis ideas’.” Y ahí aparece Cristo con su propuesta que da sentido a la vida: “Porque no basta con escuchar alguna enseñanza religiosa o aprender una doctrina; lo que queremos es vivir como Jesús vivió. Por eso los jóvenes del Evangelio le preguntan: ‘Señor, ¿dónde vives?’; ¿cómo vives? Queremos vivir como Jesús, Él sí que hace vibrar el corazón”.

Por último, una reflexión acerca de cosas que escuché aquí en Chile en las horas previas a la llegada de Francisco. Comentarios tendenciosos, y hasta mentirosos y deshonestos. Pretendían mostrarnos un pueblo indiferente al Papa, que mostraba frialdad y hasta enojo por su venida. Si bien es cierto que no todos se reconocen católicos, lo que vimos en las calles, los estadios, los campos, no coincidieron con esos negros nubarrones presagiados.

Un hermano de Chile me dijo respecto de Francisco: “No somos conscientes de la trascendencia de este hombre, no valoramos lo que tenemos”. Estoy feliz de haber participado de esta experiencia espiritual y pastoral. Pido al buen Dios nos ayude a abrir el corazón a quien nos regaló como pastor.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.              

GIF

Share Button

FRANCISCO, CHILE Y PERÚ TE ESPERAN

GIF

   

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos señala que el Papa Francisco viaja a Chile y Perú para iluminar espacios oscuros en nuestro corazón, y aunque no podemos predecir los puntos principales hacia donde el Santo Padre quiere guiarnos, debemos desde ahora abrir nuestro corazón para escuchar su palabra que tendrá un fuerte contenido evangélico. “Mi paz les doy” “Unidos por la esperanza”

  Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

Dentro de pocos días el Papa Francisco estará de visita pastoral en Chile y Perú. En cada país la agenda y los mensajes tienen características particulares, como las tuvo en Colombia y en los otros países.

La visita del Papa es realizada en cuanto que es el sucesor del Apóstol Pedro y va a alentar a la Iglesia en la fe y la misión. Siempre suscita expectativas en los agentes pastorales, los catequistas, los diáconos, los sacerdotes y obispos, los movimientos apostólicos, las comunidades cristianas.

Pero no podemos desconocer las incidencias sociales y políticas de su presencia. Sus mensajes tienen un fuerte contenido evangélico y, justamente por eso, también profético que obliga al contraste con la cultura, la política, la economía… todo lo que tiene relación con la persona y puede hacerle feliz o pisotear su dignidad.

¿Cuáles serán sus acentos en la visita a Chile? ¿Cuáles en Perú? Es difícil decirlo con certeza. Pero podemos hacer el esfuerzo de imaginar e intuir algo de sus luces buscando iluminar espacios de sombras.

Chile tiene muy baja tasa de natalidad; es un país que envejece. ¿Qué mensaje habrá para los jóvenes? Seguramente los aliente a soñar con un mundo nuevo, ser protagonistas, cuidarse del vacío existencial y de los paraísos artificiales de la droga y el consumismo.

En Perú respecto de los jóvenes también hay preocupación por las fuentes de trabajo, los horizontes a veces inciertos para formar familia o elaborar proyectos de vida previsibles.

No es posible hoy desviar la mirada acerca de los pueblos originarios, con una implicancia muy particular en el país vecino. Los caminos que han transitado los países de América Latina han sido muy diversos y obedecieron a desafíos históricos propios. ¿Cuál será el mensaje de Francisco? ¿Qué resultará del encuentro previsto con algunos referentes mapuches?

El lema de la visita en Chile es muy importante: “Mi paz les doy”. Está tomado de las palabras de Jesús a los discípulos durante la última Cena. La cita completa del Evangelio dice: “Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman!”. (Jn. 14, 27) Un mensaje de esperanza y consuelo.

En Perú el lema será “Unidos por la esperanza”, una propuesta que se afianza en la necesidad de comunión y en el horizonte a futuro, en un sentido cronológico y escatológico.

La exigencia que hoy tiene la Iglesia es la coherencia, también en América Latina. Francisco ha insistido –¿podemos esperar algo distinto?– en la necesidad de la austeridad en el estilo de vida de los pastores, la cercanía con los pobres, los enfermos, los presos… En ambos países los pobres seguramente esperan mucho del Papa: que los visibilice, los abrace, les dé protagonismo. No son “sobrantes” o “descartables”. Un gran Santo Jesuita chileno San Alberto Hurtado –a quien el Papa conoce bien– ha marcado un camino posible de recorrer en el servicio solidario concreto. En el mismo sendero podemos ubicar a Santo Toribio de Mogrovejo, Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres. La evangelización siempre debe estar unida a la promoción humana y el servicio a los pobres.

En fin. Todo está preparado con prolijidad y cariño. Con apertura del corazón y la mente. El mensajero de la paz y la justicia llegará en pocos días. Sus enseñanzas también resonarán como un eco en la Argentina y en todo el Continente.

El Señor me ha regalado hace unos años tener amigos en Chile y Perú. Las expectativas que tienen son intensas. Si Dios quiere podré acompañar algunas celebraciones en Santiago de Chile. Desde allí intentaré compartir algunos relatos por el Facebook o en algún otro espacio.

Aprovechá el tiempo de descanso para seguir estas visitas por TV o Internet, y dejarte iluminar por las homilías y mensajes.

Mañana, 15 de enero, se cumple un nuevo aniversario del Terremoto en San Juan de 1944. Recemos por quienes murieron y por quienes cargan cicatrices en el cuerpo y en el alma. Hace unos días estuve conversando con una Señora que en aquel tiempo tenía 11 años de edad, y estaba con su familia cerca de la ciudad de San Juan. Me sorprendió en su relato cómo conserva detalles de esa noche: el suelo, los animales, los árboles, su familia, sus vecinos. Cuidemos esa memoria del dolor atravesado con nuestro respetuoso recuerdo.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

     

Share Button

LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS: Las estrellas nos guían

GIF

 

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano invita a caminar juntos, sin descanso, en busca del Niño Jesús, reconociéndonos peregrinos, es el mismo Dios quien nos llama y nos guía. “Los signos de los tiempos”

  Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

Entre los personajes que habitualmente están en los pesebres encontramos a los llamados “Reyes Magos”. En realidad el Evangelio de San Mateo (2, 1-12) los presenta como hombres sabios que vienen siguiendo una estrella desde lejos.

A esta fiesta que celebramos ayer la llamamos “Epifanía”, palabra de origen griego que significa “manifestación”. Se muestra así desde el inicio de la vida de Jesús esta destinación universal de su obra salvadora. No sólo es el esperado por el pueblo de Israel, el anunciado por los profetas, sino también el anhelado por todas las naciones. En estos personajes reconocemos a los pueblos paganos que no conocen a Dios, pero lo buscan con corazón sincero.

La estrella es un signo exterior de la luz que guía. En los Evangelios varias veces se identifica a la luz con Dios y Jesús dice de sí mismo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas”. (Jn. 8,12)

La estrella que siguieron nos hace pensar que ellos no salieron sin rumbo, sin dejarse conducir. No se pusieron en marcha por propia iniciativa sino acompañados en la noche. Dios los fue llevando y ellos fueron dóciles. A lo largo de la vida vos y yo también andamos tras algunos sueños. Para eso es importante levantar la mirada y prestar atención a los signos que Dios pone en el camino.

Seguramente mucha gente vio esa estrella en el cielo, pero no le dieron importancia, o solamente se quedaron sorprendidos por un “fenómeno raro y bonito”. Desaprovecharon esa oportunidad. Pero el relato de San Mateo nos dice también que ellos fueron a preguntar qué decían las Escrituras acerca del lugar en el cual debía nacer el Mesías. Se contraponen dos actitudes: los escribas tenían “datos teóricos” acerca del lugar, pero no fueron a encontrarlo aunque les quedaba cerquita, en cambio estos hombres paganos recorren cientos de kilómetros, averiguan, se disponen a estar en camino. ¿No será esta también una advertencia para nosotros? A veces pienso que corremos el riesgo de “acostumbrarnos” a la fe y vamos perdiendo esta dimensión de búsqueda constante. Nos quedamos en teorías abstractas sin reconocernos como peregrinos.

También vemos cómo la fe une culturas diversas. La Revelación del amor de Dios y su obra salvadora no es propiedad de un solo formato cultural.

Cada etapa de la historia tiene su sentido particular para esa generación. Hoy también. Menciono algunos acontecimientos de estas décadas: el Concilio Vaticano II, las Asambleas de Obispos de América Latina y el Caribe, la elección del Papa Francisco, la canonización del Cura Brochero, las beatificaciones. Varias veces me he preguntado, “¿qué nos está queriendo decir Dios con estos sucesos?, ¿qué signos son y hacia dónde nos invitan a caminar?”. Es bueno no pasar de largo, que no se nos pierdan como algo más, y menos aún, como más de lo mismo.

El Concilio Vaticano II en la Constitución Pastoral “Gaudium et spes” -que significa “los gozos y las esperanzas”- nos enseña que “para cumplir esta misión es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas. Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dramático que con frecuencia le caracteriza”. (GS 4)

Y esto no es responsabilidad única de los Pastores, sino de todos los bautizados que formamos el Pueblo de Dios, la Iglesia: “El Pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espíritu del Señor, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios. La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Por ello orienta la mente hacia soluciones plenamente humanas”. (GS 11)

Los anhelos más profundos del corazón humano vienen de Dios y claman por Dios, decimos los Obispos (DA 380). Seguir el camino no siempre es apacible. Abraham, Moisés, el Pueblo de Israel, tuvieron que soportar fatigas y contradicciones. Varias veces enfrentaron la tentación de volver atrás. Pero siguieron caminando guiados por Dios.

Vos, ¿en qué caminos estás? ¿Cuál es tu horizonte? ¿Tenés anhelos o sueños que guíen tu vida?

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

         

Share Button

AÑO NUEVO, ¿MUNDO NUEVO?

GIF

 

REFLEXIÓN Monseñor Jorge Lozano nos invita a poner nuestra mirada en la “Jornada Mundial de la Paz”, acompañar entonces este deseo de Paz y sumar nuestra oración y compromiso. “Demos gracias a Dios por este 2017 que concluye y abramos el corazón al nuevo año que llega”

  Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

El transcurrir un año más en el calendario nos marca un acontecimiento cronológico respecto del tiempo que va pasando. Que ese devenir sea para crecer en el bien, para avanzar en el desarrollo integral de cada quien, para ser en definitiva mejores personas, eso no depende del almanaque sino de las opciones que cada uno va tomando, y de las decisiones familiares y comunitarias que asumimos o dejamos de lado.

En algunos ámbitos puede haber condiciones externas más favorables, pero cambiar para mejor no es automático.

El Niño Jesús nos acerca a gozar de la ternura de Dios, a renovarnos en la alegría de la fe, a confiar en el camino de la sencillez y la humildad. Podemos seguir por ese sendero, o dejarnos llevar por el egoísmo, el consumismo, el aislamiento. 

En estos días muchos disponen de más tiempo libre, sea porque no hay que llevar a los chicos a la escuela, o porque se pueden tomar un tiempo de descanso del trabajo. Es una oportunidad para leer un buen libro, salir a pasear en familia, fortalecer los vínculos afectivos, conversar con tranquilidad acerca de los anhelos que están en nuestros corazones, visitar a quienes hace rato no vemos, contemplar un lindo paisaje cerca de casa o en una plaza tomando unos mates. Si podés proponete leer alguno de los Evangelios o las cartas de San Pablo, unos renglones cada día. Vas a ver cómo te ayuda a mirar de otro modo la vida.

Demos gracias a Dios por este 2017 que concluye y abramos el corazón al nuevo año que llega con el deseo de crecer en la fe y el servicio a los hermanos. Mañana 1º de enero estamos convocados a rezar en la Jornada Mundial de la Paz con el lema “Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz”.

En el mundo hay más de 250 millones de migrantes, de los cuales 22 millones y medio son refugiados. Son personas y grupos familiares que buscan un lugar para vivir en paz. El Papa Francisco ha escrito un Mensaje para motivarnos a la oración y la reflexión. Allí nos dice que “muchos de ellos están dispuestos a arriesgar sus vidas a través de un viaje que, en la mayoría de los casos, es largo y peligroso; están dispuestos a soportar el cansancio y el sufrimiento, a afrontar las alambradas y los muros que se alzan para alejarlos de su destino. Con espíritu de misericordia, abrazamos a todos los que huyen de la guerra y del hambre, o que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental”.

Los motivos para dejar la propia tierra son diversos. A veces los conflictos armados, las persecuciones étnicas o religiosas violentas, la pobreza, el hambre, la falta de oportunidades para un futuro mejor. Ninguno emprende la fuga sin motivos serios de sobrevivencia. Mi recuerdo se va necesariamente junto a la Sagrada Familia obligada a huir de Egipto ante la persecución de Herodes. 

Llegar a un lugar desconocido por lo general no es experiencia positiva. “Los que fomentan el miedo hacia los migrantes, en ocasiones con fines políticos, en lugar de construir la paz siembran violencia, discriminación racial y xenofobia, que son fuente de gran preocupación para todos aquellos que se toman en serio la protección de cada ser humano.” (Mensaje)

Francisco nos llama a un cambio de mentalidad, y asumir esta realidad con una perspectiva positiva, descubriendo que ellos “no llegan con las manos vacías: traen consigo la riqueza de su valentía, su capacidad, sus energías y sus aspiraciones, y por supuesto los tesoros de su propia cultura, enriqueciendo así la vida de las naciones que los acogen. Esta mirada sabe también descubrir la creatividad, la tenacidad y el espíritu de sacrificio de incontables personas, familias y comunidades que, en todos los rincones del mundo, abren sus puertas y sus corazones a los migrantes y refugiados, incluso cuando los recursos no son abundantes”. (Mensaje)

El Papa enmarca su Mensaje en el contexto de la política internacional de cara al año que se inicia. “Una propuesta para dos Pactos internacionales. Deseo de todo corazón que este espíritu anime el proceso que, durante todo el año 2018, llevará a la definición y aprobación por parte de las Naciones Unidas de dos pactos mundiales: uno, para una migración segura, ordenada y regulada, y otro, sobre refugiados. En cuanto acuerdos adoptados a nivel mundial, estos pactos constituirán un marco de referencia para desarrollar propuestas políticas y poner en práctica medidas concretas. Por esta razón, es importante que estén inspirados por la compasión, la visión de futuro y la valentía, con el fin de aprovechar cualquier ocasión que permita avanzar en la construcción de la paz: sólo así el necesario realismo de la política internacional no se verá derrotado por el cinismo y la globalización de la indiferencia”.

Acompañemos entonces este deseo de Paz y sumemos nuestra oración y compromiso.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

       

   
Share Button

BESAR NIÑOS DE YESO O PAPEL NO ALCANZA

GIF

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano sostiene “Uno de los gestos que realizamos en las celebraciones de la Noche Buena y la Navidad es besar una imagen del Niño Dios. Es un gesto sencillo que nos ayuda a expresar afecto al Salvador que viene a encontrarnos. Pero será un gesto vacío si no besamos también la presencia de Dios en los marginados, los frágiles, los enfermos, los niños pobres de carne y hueso. Resultaría como si en el día de la madre o del padre besáramos su foto y los ignoráramos a ellos 

  Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

Durante el tiempo en el cual nos vinimos preparando para la celebración de la Navidad, una de las oraciones para pedir perdón en la misa utiliza binomios aparentemente distintos: “Tú que siendo grande te hiciste pequeño, que siendo rico te hiciste pobre, que siendo fuerte te hiciste débil”. Esto no implica una degradación de Dios, una especie de ir a menos, sino la elección de un camino. Dios decide venir a nosotros como niño pobre, frágil, necesitado de ternura, aunque desborda de ella. 

¿Un camino sorprendente? De algún modo sí, pero es el modo en el cual Dios quiso acercarse para que no le tengamos miedo. Quiere discípulos que le sigan atraídos por amor y no por obligación. Por ser sus amigos y no sus esclavos.

Una carta de San Juan nos lo refiere clarito: “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1 Jn 4, 16). Creemos porque primero experimentamos el amor que Dios tiene por nosotros. Tanto nos ama que nos hace su familia. La misma carta de San Juan lo expresa con asombro: “¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente”. (I Jn. 3, 1) Y es así, somos de su familia. 

Y de ese amor damos testimonio. El Papa Benedicto XVI expresó en el discurso inaugural de la Asamblea de Obispos de América Latina y el Caribe que “la Iglesia crece por atracción, no por proselitismo”. Es la atracción del amor fraterno, de la belleza y la alegría de la fe. La misión no es hacer propaganda, sino compartir la alegría de reconocernos amados por Dios. 

Uno de los gestos que realizamos en las celebraciones de la Noche Buena y la Navidad es besar una imagen del Niño Dios. Es un gesto sencillo que nos ayuda a expresar afecto al Salvador que viene a encontrarnos. Pero será un gesto vacío si no besamos también la presencia de Dios en los marginados, los frágiles, los enfermos, los niños pobres de carne y hueso. Resultaría como si en el día de la madre o del padre besáramos su foto y los ignoráramos a ellos. 

Los cristianos corremos el riesgo de reemplazar las realidades por ideas. Como si nos resultara más cómodo vincularnos con una imagen de yeso o una foto de papel, antes que con la carne de Cristo en cada hermano. 

El Concilio Vaticano II lo enseñó de manera hermosa: “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado”. (GS 22). Por eso dirá el mismo texto que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”. (GS 22)

Esta dimensión de encarnación tiene consecuencias concretas en nuestra vida cristiana. Dios está presente en el trabajo, la familia, los amigos, la salud, el estudio…

Te comparto unos versos de un poema muy bello como consejo a quien busca encontrarse con el Niño Dios: “No lo busques en los sitios / donde la luz brilla más / y donde es más poderoso el poder de la ciudad; / deja las calles del centro, / entra en las del arrabal, / y allí donde la pobreza / linda con la oscuridad, / en la casa más humilde / al Niño Dios hallarás”. (Francisco Luis Bernárdez)

Así sucedió en la primera Noche Buena. Los Pastores eran los más postergados de aquella sociedad. Rudos, sucios, con mal olor, dormían al aire libre o en cuevas y pegados a los animales. Eran de ir poco a la ciudad y cuando iban no solían ser bien recibidos. Sin embargo, son los que dan alojamiento a José y María para que ella pueda dar a luz, cuando no hubo lugar para ellos en la posada. También son los primeros pobres que se abren a la buena noticia, y acuden presurosos a ver la señal tan sencilla que indican los ángeles: “un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”.

La Palabra de Dios en la Noche Buena y la Navidad nos presenta también otros binomios en tensión, como polos contrapuestos: palacio-establo, ciudad-arrabal, poder-debilidad, fuerza-fragilidad, los que mandan-los que obedecen, los importantes-los humildes. Tensiones que de una u otra manera siguen presentes en el corazón de cada uno, en cada familia, en el mundo.

Dios eligió el camino de la pequeñez, la humildad… Abramos el corazón a su presencia y a nuestros hermanos. ¡Feliz Navidad!

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

              

   
Share Button

Y SIN EMBARGO, SIGUEN ESPERANDO

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano nos invita a abrir con docilidad nuestro corazón para entregarnos a nuestros hermanos más necesitados según la mirada de Cristo, mientras resuena el llamado del Papa Francisco en esta Jornada Mundial de los Pobres. Primera “Jornada Mundial de los Pobres”

Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

A menudo escuchamos o decimos “dame un tiempo”, “esperame un poco”, “en unos días te llamo”, “el año que viene lo volvemos a conversar”. No siempre uno se cree lo que dice o escucha. Pero no tenemos más remedio que esperar, aunque lo hagamos con algo de escepticismo.

A los pobres les sucede siempre. Tienen necesidades básicas sin cubrir, urgencias de salud, demoras en respuestas educativas, situaciones de graves postergaciones que se heredan de generación en generación. Y sin embargo, siguen esperando.

Esta semana que pasó pude visitar varias familias y comunidades atravesadas por la pobreza y algunas sumergidas en la miseria. En unas casas me decían “te estábamos esperando”, como expresando que lo más anhelado era la visita, la compañía y, como fruto del encuentro, la solidaridad.

Estamos desarrollando la primera “Jornada Mundial de los Pobres”. Y Francisco no usa eufemismos ni palabras complicadas: “Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma” (Mensaje del Papa n° 3). La solidaridad es fruto del afecto, que se alimentan mutuamente.

Muchas veces nos quejamos de lo mal que están las cosas en el mundo. Hablando somos unos genios para denunciar la corrupción, la riqueza que se acumula en pocas manos; pero a la hora del compromiso y de poner manos a la obra quedan unos pocos en carrera. “Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación” (Mensaje del Papa n° 4). Y para escuchar hace falta cercanía y prestar atención. Involucrarnos haciendo nuestros sus reclamos y angustias.

“Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera (Mensaje del Papa n° 5). El riesgo de la globalización de la indiferencia nos acecha. Muy a menudo se da una naturalización de la riqueza acumulada, la pobreza extendida, el planeta sobreexplotado. Consideramos “normal” la barbarie, la violencia, el despojo, la miseria.

Hay que dar pasos concretos para acercarnos a los pobres, encontrarnos con ellos en sus ranchos, casillas o en la calle; en las cárceles y los hospitales. Muy cerquita tuyo Jesús está presente en los niños con los pies descalzos en la tierra, con poca ropa, poca comida, y mucha necesidad de cariño. En su familia y en sus vecinos.

El Evangelio predicado por Jesús posee una potencialidad fuertemente renovadora que nos desinstala y provoca. Ciertamente que nos mueve a replantear el modo en el cual vivimos la fe y la proponemos a los demás. El Capítulo 25 de San Mateo es contundente, Jesús dice: “Tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y ustedes me dieron de beber; estaba de paso y me alojaron; desnudo y me vistieron; enfermo y me visitaron; preso, y me vinieron a ver” (Mt. 25, 35 -36). San Juan Pablo II, comentando este pasaje escribió que “esta página no es una simple invitación a la caridad: es una página de cristología, que ilumina el misterio de Cristo. Sobre esta página, la Iglesia comprueba su fidelidad como esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia” (NMI 49). Las herejías no son sólo de palabras o conceptos, también las hay de conductas.

El 23 de noviembre de 1977, cerca de las 6:30 de la mañana, se produjo el terremoto en Caucete, San Juan. Junto con las viviendas, se derrumbaron vidas e historias familiares, fuentes de trabajo… Emergieron orfandades, pobreza, soledad… Nos unimos al dolor, la oración, la esperanza.

El sábado que viene, 25 de noviembre, a las 10 de la mañana se celebrará en Córdoba la beatificación de la Madre Catalina. Una mujer que trabajó siempre junto a los más pobres de su tiempo, quienes tenían un lugar privilegiado en su corazón y sus acciones. Te invito a sumarte con tu oración y a seguir por televisión la imagen de la Misa.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

      
Share Button