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EL VOTO ELECTRÓNICO NO PUEDE GARANTIZAR LA TRANSPARENCIA

   

| VOTO ELECTRÓNICO | Ante el dilema y el latente debate de elecciones nacionales con papel o sin papel, y después que Alemania, Francia y Holanda lo suspendieron por considerarlo poco confiable, se revela la existencia de fallas técnicas en el sistema de voto electrónico que Suiza quiere establecer a nivel nacional. “Ningún software es infranqueable”


     Por Oscar Dufour | (*)       

Cada vez que hay elecciones nacionales se reiteran las amenazas de fraude, escrutinios lentos o manipulación del sufragio.

Algunos sectores de opinión, plantan el debate por la necesidad de contar con el voto electrónico en todo el País. Pero ¿Con el voto electrónico se puede garantizar la transparencia?

Otros responden que para ello deberá “existir un cambio cultural en la ciudadanía”. Pero todos sabemos, o al menos intuimos, que es mucho más que eso. Es que los sistemas electrónicos suelen fallar imprevistamente, o en el peor de los casos, pueden provocarse fallas intencionadas que permiten manipular el conteo de sufragios. Dicho en otras palabras, realizar un FRAUDE ELECTORAL.

| El voto electrónico genera largas polémicas en todo el mundo |

Brasil, India y Venezuela lo usan al 100%. Otros países como Estados Unidos, Colombia y Ecuador lo usan sólo parcialmente; y no pocos países -luego de abrir la puerta al voto electrónico- lo han suspendido por considerarlo poco o nada confiable, como es el caso de Alemania, Francia y Holanda.

Holanda fue aún más allá, decidió abandonar definitivamente el uso de computadoras durante las elecciones por el temor de un hackeo, similar al que denunció Estados Unidos en las últimas presidenciales.


El sistema de voto electrónico no permite la fiscalización del proceso electoral por personas sin conocimientos técnicos.


Un “dossier” científico publicado esta semana por un centro de investigación de la Universidad de Melbourne, Australia, alerta y revela la existencia de fallas técnicas en el sistema de voto electrónico que Suiza quiere establecer a nivel nacional, corroborado por investigadores helvéticos de seguridad informática que expresaron “el sistema contenía al menos una vulnerabilidad criptográfica crítica, aparentemente dejada abierta durante años”.


Demostraron que cualquier persona que esté familiarizada con la secuencia de “pruebas aleatorias” -el protocolo criptográfico en el que se basa el sistema para verificar los sufragios- podría manipular los votos sin que las autoridades lo detectaran.


| El voto electrónico en Argentina |

En nuestro caso para quienes lo impulsan en Argentina y lo llevan a cabo con buena fe en algunas provincias, interpreto que las soluciones mágicas que depara la práctica del voto electrónico para el desarrollo de las democracias, se contrapone a ello con mucho fundamento, ante la falta de garantías para un ejercicio electoral transparente, sin duda objeto de todos.


Con los elementos tecnológicos actuales ningún software es infranqueable a los “hackers profesionales”, y lo inaudito pero también real, tampoco es inaccesible para no pocos “aficionados”. 


El sistema tradicional en Argentina de escrutinio manual de boletas para las elecciones nacionales, que es caro y deriva en muchos casos en escrutinios lentos, permite una fiscalización de todos los actores participantes, un escenario que suspicacias aparte, al menos achica notablemente la permeabilidad a la adulteración de resultados electorales. Es decir, es muy seguro y cierra la puerta al FRAUDE.

Los que quieran oír… que oigan

(*) Oscar Dufour es escritor, periodista y ensayista. Director General de 5minutosdenoticias y Revista Tiempo 30. Columnista de medios internacionales. Vicepresidente de la Asociación de Periodistas de Moreno – Provincia de Buenos Aires.

              
 

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La reactivación de la Argentina, amenazada

La convulsión política y la recesión brasileña complican a Macri. Crisis en la región

Por Martín Kanenguiser | 

La difícil situación de Brasil conspira contra las perspectivas de una reactivación en el segundo semestre del año en la Argentina, como la que prevé el Gobierno.

Así lo indicaron varios economistas a LA NACION, que advirtieron que la suma de la incertidumbre política y la recesión económica en el principal socio comercial de la Argentina es una de las mayores complicaciones para la gestión de Mauricio Macri.

De hecho, una fuente del equipo económico indicó que la crisis brasileña es el principal desafío que el Gobierno tiene por delante.

Desde Brasilia, el director de Abeceb, Dante Sica, dijo que “hay dos vías por las que la situación de Brasil afecta a la Argentina: caen las exportaciones nacionales, algo que ya se siente en las automotrices, y aumentarán las importaciones para reemplazar la caída en el nivel de actividad en Brasil”.

Lo positivo, aclaró, es que “aumentarán las inversiones brasileñas en la Argentina en busca de mayor rentabilidad y también desde terceros mercados, por la expectativa favorable que generó el cambio de gobierno”, con el inicio de la gestión presidencial de Mauricio Macri.

El director de la consultora DNI, Marcelo Elizondo, señaló que “los industriales de la Argentina sufrirán más de lo previsto, sobre todo las automotrices, plásticos y metalmecánica”.

“La balanza comercial se verá afectada por la crisis. Aun con las declaraciones juradas anticipadas de importación, el año pasado el déficit de la Argentina con Brasil fue de 3000 millones de dólares y posiblemente este año aumente”, pronosticó Elizondo.

Marcos Buscaglia, socio de Alberdi Partners y ex economista del Bank of America para la región, dijo que “en el corto plazo Brasil no va a ayudar, porque la industria argentina está cara en términos de costos laborales, pero esta situación no se va a mantener, porque hay un gran potencial si cambia el gobierno, ya que Dilma no tiene margen para mejorar”.

“Ya se esperaba que este año fuera un año perdido para Brasil, pero un nuevo gobierno, con credibilidad, puede dar vuelta el panorama, tal como lo anticipan las mejoras en el sector financiero, tanto en la Bolsa como en el mercado cambiario”, afirmó.

Marina Dal Poggetto, directora del estudio Bein, indicó que “Brasil claramente no ayuda a la Argentina: cayó fuerte la exportación de autos; pero la reactivación local dependerá más del éxito de la entrada de capitales para ver si mejora el nivel de actividad”.

El estudio Bein prevé que la Argentina presente este año una caída del 2,4% en el PBI y una inflación del 36%.

Por su parte, el consultor en comercio exterior Raúl Ochoa también señaló que “Brasil no puede ser tomado como uno de los mercados que le vaya a dar impulso a la Argentina. Posiblemente para el segundo semestre la situación política allí esté resuelta y en ese caso podría comenzar a repuntar la situación económica de ese país”. Mientras tanto, sugirió, la Argentina debe buscar mercados alternativos, además de “finalizar el acuerdo con la Unión Europea y avanzar con la Alianza del Pacífico”.

Además, los economistas consideran que la situación comercial bilateral tenderá a deteriorarse por la normalización que comenzaron a experimentar las importaciones en la Argentina a partir de la eliminación de las DJAI a fines del año pasado, como consecuencia de un fallo negativo de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Tal como informó ayer LA NACION, la crisis brasileña ya provocó en la industria automotriz argentina eliminación de turnos, suspensiones rotativas y retiros voluntarios.

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Una crisis con aire argentino

Por Carlos Pagni | 

La experiencia de poder más importante de la izquierda en América latina, el largo ciclo del PT al frente del gobierno brasileño, se está desmoronando.

Todos los astros se alinean en su contra: malestar económico, escándalos judiciales, movilizaciones callejeras. Para que se produzca la caída sólo falta que Dilma Rousseff quede en minoría en el Congreso.

Es decir, que pierda el apoyo de su aliado, el PMDB, cuyo líder principal es el vicepresidente Michel Temer. Todos los días hay una nueva señal que anticipa esa ruptura.

Ayer, por ejemplo, al oficialismo le costó muchísimo conseguir legisladores dispuestos a defenderlo en la comisión que discute el impeachment de Dilma. El equipo se formó con 28 votos a favor de ella, y 31 en contra.

El desenlace de la tormenta es determinante para la Argentina. Brasil es su principal mercado. Y es también su espejo. La crisis del PT se alimenta en los expedientes judiciales del petrolão y en las dificultades de la economía, sobre todo la expansión del déficit fiscal.

Dilma recibió de Lula un superávit primario de 3% del PBI. Como los intereses de la deuda pública eran de 5%, el déficit global era de 2% del producto. Hoy las cuentas presentan un déficit primario de 2% y los intereses suman un 8% del producto, por lo que el déficit global es de 10%. La inflación obliga a ajustar la tasa de interés, por lo que aumenta también el volumen de la deuda, ampliándose el desequilibrio fiscal. El gobierno no puede cortar este círculo vicioso. Al revés, lo acelera. La razón es evidente: es incapaz de conseguir que el Congreso apruebe sus reformas.

Los mercados reflejan esta limitación en el precio de los activos. La debilidad del PT es aplaudida con subas de la Bolsa y caídas en la cotización del dólar. En las últimas horas las señales son más elocuentes. Las principales centrales de empresarios reclamaron la salida de Dilma.

La hoja de ruta está marcada por la Constitución: un gobierno encabezado por Temer, que negociaría una alianza con la oposición del PSDB, el partido de Fernando Henrique Cardoso y Aécio Neves. El nuevo orden tendría una figura clave: José Serra, ex candidato del PSDB, amigo de Temer y, tal vez, futuro ministro de Hacienda. Los especialistas interpretan que esa nueva administración podría relanzar la economía.

La Argentina depende muchísimo de que Brasil se reponga. El PBI brasileño se contrajo en 2015 un 4%. Y promete achicarse otro 4% este año. Es la mayor recesión en un siglo. Los expertos calculan que al PBI de la Argentina le cuesta medio punto.

Para entender ese impacto basta con repasar algunos números. De los autos que la Argentina exporta, un 80% va a Brasil. Con las manufacturas agropecuarias sucede algo parecido. Por ejemplo, los brasileños compran el 87% de la leche en polvo argentina que se vende al exterior. Y el 95% de las aceitunas o el 40% de la fruta.

La crisis de Brasil es una de las razones principales para que las exportaciones no aumenten a pesar de la devaluación del peso. También explica en parte la baja actividad. De modo que, para incrementar el ingreso de dólares y reanimar su economía, la Argentina depende de la recuperación de su vecino. Y esa recuperación es impensable con el actual gobierno de Rousseff.

El PT apeló a un último recurso. Ayer Dilma, transformada en una Medvedev tardía y tropical, incorporó al poder a Lula, su Putin. Con su mentor al frente del gabinete, calculó, compensaría su falta de liderazgo y mejoraría el diálogo con la oposición.

Calculó mal: la opinión pública entendió que Lula buscó en el gobierno un último escondite frente a una justicia que lo tiene cercado por su vinculación con Petrobras. La indignación aumentó cuando el juez que investiga el caso, Sergio Moro, divulgó una conversación entre Dilma y Lula sobre la designación. Estallaron más protestas. El PMDB, que es la principal fuerza parlamentaria, comenzó a analizar romper con el PT. Temer, su líder, ocuparía el lugar de Dilma.

La peripecia brasileña tiene rasgos que en la Argentina son reconocibles. Lula podría ser aquel Domingo Cavallo al que recurrió Fernando de la Rúa cuando la convertibilidad ya no respiraba. La bala de plata. La bala suicida. Y el pacto entre el oficialista Temer y el PSDB tiene un aire de familia con el acuerdo entre Duhalde y Alfonsín para reemplazar a De la Rúa. Como suele suceder, son falsos parecidos.

Hay afinidades más evidentes. Los brasileños, que siempre fueron dialoguistas, se dividieron en dos bandos. La corrupción incentiva la fractura.

Sin embargo, hay una diferencia estratégica. Es la independencia que exhibe la justicia federal de Brasil. No sólo el periférico juez de Curitiba, Sergio Moro, encarceló a media clase empresarial y acorraló a Lula. Ayer un magistrado objetó la designación del ex presidente en el gabinete. Y un ministro de la Corte, Celso de Mello, lo acusó de tener una “mentalidad autoritaria”. El Poder Judicial brasileño va contra el poder. Y lo hace tan a ciegas que muchos se preguntan si, aun cayendo Rousseff, habrá un piso para la caída: numerosos congresistas brasileños, empezando por los líderes de ambas cámaras, que son del PMDB, están siendo investigados.

La relación de los jueces federales argentinos con los funcionarios es muy distinta. Como en los juicios de residencia del derecho indiano, las acusaciones sólo avanzan contra quienes han dejado el cargo. La lección de Yabrán sigue vigente: poder es impunidad.

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