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EL PAPA FRANCISCO HIZO UN LLAMADO A LA GENEROSIDAD PARA AYUDAR A LOS MÁS NECESITADOS EN ESTA NAVIDAD

   

| EL PAPA DEL PUEBLO | “No será Navidad si nos dejamos cegar por los destellos relucientes del mundo, nos llenamos de regalos, almuerzos y cenas, y no ayudamos ni siquiera a un pobre”. Así se expresó el Papa Francisco durante la audiencia general celebrada en el Aula Pablo VI ante unas 7 mil personas

       Por Oscar Dufour | (*)     

Francisco, es un Papa que se atreve a enfrentar los desafíos y cambiarle el curso a las “intrigas”, es un Papa que predica que los tiempos cambian, y en consecuencia los cristianos también debemos cambiar continuamente. El llamado a la generosidad de la humanidad, particularmente en estas fechas, es también entender que “los signos de los tiempos” apuntan sin duda a soluciones de misericordia. Ese es Francisco, el Papa que llega al “corazón” del Pueblo.

| El Papa Francisco criticó el consumismo en Navidad |

Cada vez que se expresa Francisco, lo hace no solo a los 1.300 millones de católicos, sino también al mundo entero, llega a todas las generaciones. Es un fantástico constructor de “puentes”, retribuido desde cada rincón del planeta con devoción e indudable admiración, como nuevamente se distinguirá en la próxima Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que tendrá lugar en Panamá en enero próximo, o en febrero cuando bajo el lema “Hazme instrumento de la paz” visite Abu Dhabi, Emiratos Árabes (EAU) para participar del Encuentro Interreligioso Internacional sobre “Hermandad Humana”. Es un Papa que hace lo que predica.  

En la tradicional audiencia de los miércoles en el Vaticano el Papa Francisco recordó que la Navidad -que conmemora el nacimiento de Jesús en la tradición cristiana- no puede resumirse a “una bonita fiesta tradicional” y al “bullicio del consumismo”. Y preguntó “La maquinaria publicitaria invita a intercambiarse regalos siempre nuevos para darse sorpresas. Pero ¿es esta la fiesta que le gusta a Dios?”.

Francisco definió a las tradicionales fiestas cristianas así: “Navidad es preferir la voz silenciosa de Dios al ruido del consumismo”. Y recomendó: “Si Navidad sigue siendo solo una bonita fiesta tradicional, centrada en nosotros y no en Él, será una oportunidad perdida. ¡Por favor, no transformemos la Navidad en algo mundano!”.

El Santo Padre subrayó “En estos días se corre, tal vez como nunca durante el resto del año. No será Navidad si nos dejamos cegar por los destellos relucientes del mundo, nos llenamos de regalos, almuerzos y cenas, y no ayudamos ni siquiera a un pobre”.

| En síntesis |

Desde que Francisco ocupó el sillón de Pedro a comienzos de 2013, promovió la paz y con ello cambió el mundo, es un “ejemplo perfecto de la cultura del encuentro”. Es el Papa que vino del sur con una sencillez y humildad inigualable, al tiempo que, con la claridad y profundidad de sus pensamientos y acciones, logra una revolución pacífica impregnada de santidad y amor, una real cercanía con los más desprotegidos de todo el planeta. El llamamiento a la generosidad para ayudar a los más necesitados en esta Navidad, condensa y sintetiza sin duda lo inmenso de su Pontificado.

Pero me quedo con una frase que en un cartel los niños que se atienden en el Dispensario Pediátrico de Santa Marta, junto con una torta le acercaron al Papa Francisco en ocasión de su reciente 82 cumpleaños, “No podemos acostumbrarnos a las situaciones de desagrado y de miseria que nos rodean, un cristiano debe reaccionar”.

Los que quieran oír… que oigan

(*) Oscar Dufour es escritor, periodista y ensayista. Director General de 5minutosdenoticias y Revista Tiempo 30. Columnista de medios internacionales. Vicepresidente de la Asociación de Periodistas de Moreno – Provincia de Buenos Aires.

                  

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BESAR NIÑOS DE YESO O PAPEL NO ALCANZA

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REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano sostiene “Uno de los gestos que realizamos en las celebraciones de la Noche Buena y la Navidad es besar una imagen del Niño Dios. Es un gesto sencillo que nos ayuda a expresar afecto al Salvador que viene a encontrarnos. Pero será un gesto vacío si no besamos también la presencia de Dios en los marginados, los frágiles, los enfermos, los niños pobres de carne y hueso. Resultaría como si en el día de la madre o del padre besáramos su foto y los ignoráramos a ellos 

  Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

Durante el tiempo en el cual nos vinimos preparando para la celebración de la Navidad, una de las oraciones para pedir perdón en la misa utiliza binomios aparentemente distintos: “Tú que siendo grande te hiciste pequeño, que siendo rico te hiciste pobre, que siendo fuerte te hiciste débil”. Esto no implica una degradación de Dios, una especie de ir a menos, sino la elección de un camino. Dios decide venir a nosotros como niño pobre, frágil, necesitado de ternura, aunque desborda de ella. 

¿Un camino sorprendente? De algún modo sí, pero es el modo en el cual Dios quiso acercarse para que no le tengamos miedo. Quiere discípulos que le sigan atraídos por amor y no por obligación. Por ser sus amigos y no sus esclavos.

Una carta de San Juan nos lo refiere clarito: “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1 Jn 4, 16). Creemos porque primero experimentamos el amor que Dios tiene por nosotros. Tanto nos ama que nos hace su familia. La misma carta de San Juan lo expresa con asombro: “¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente”. (I Jn. 3, 1) Y es así, somos de su familia. 

Y de ese amor damos testimonio. El Papa Benedicto XVI expresó en el discurso inaugural de la Asamblea de Obispos de América Latina y el Caribe que “la Iglesia crece por atracción, no por proselitismo”. Es la atracción del amor fraterno, de la belleza y la alegría de la fe. La misión no es hacer propaganda, sino compartir la alegría de reconocernos amados por Dios. 

Uno de los gestos que realizamos en las celebraciones de la Noche Buena y la Navidad es besar una imagen del Niño Dios. Es un gesto sencillo que nos ayuda a expresar afecto al Salvador que viene a encontrarnos. Pero será un gesto vacío si no besamos también la presencia de Dios en los marginados, los frágiles, los enfermos, los niños pobres de carne y hueso. Resultaría como si en el día de la madre o del padre besáramos su foto y los ignoráramos a ellos. 

Los cristianos corremos el riesgo de reemplazar las realidades por ideas. Como si nos resultara más cómodo vincularnos con una imagen de yeso o una foto de papel, antes que con la carne de Cristo en cada hermano. 

El Concilio Vaticano II lo enseñó de manera hermosa: “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado”. (GS 22). Por eso dirá el mismo texto que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”. (GS 22)

Esta dimensión de encarnación tiene consecuencias concretas en nuestra vida cristiana. Dios está presente en el trabajo, la familia, los amigos, la salud, el estudio…

Te comparto unos versos de un poema muy bello como consejo a quien busca encontrarse con el Niño Dios: “No lo busques en los sitios / donde la luz brilla más / y donde es más poderoso el poder de la ciudad; / deja las calles del centro, / entra en las del arrabal, / y allí donde la pobreza / linda con la oscuridad, / en la casa más humilde / al Niño Dios hallarás”. (Francisco Luis Bernárdez)

Así sucedió en la primera Noche Buena. Los Pastores eran los más postergados de aquella sociedad. Rudos, sucios, con mal olor, dormían al aire libre o en cuevas y pegados a los animales. Eran de ir poco a la ciudad y cuando iban no solían ser bien recibidos. Sin embargo, son los que dan alojamiento a José y María para que ella pueda dar a luz, cuando no hubo lugar para ellos en la posada. También son los primeros pobres que se abren a la buena noticia, y acuden presurosos a ver la señal tan sencilla que indican los ángeles: “un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”.

La Palabra de Dios en la Noche Buena y la Navidad nos presenta también otros binomios en tensión, como polos contrapuestos: palacio-establo, ciudad-arrabal, poder-debilidad, fuerza-fragilidad, los que mandan-los que obedecen, los importantes-los humildes. Tensiones que de una u otra manera siguen presentes en el corazón de cada uno, en cada familia, en el mundo.

Dios eligió el camino de la pequeñez, la humildad… Abramos el corazón a su presencia y a nuestros hermanos. ¡Feliz Navidad!

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

              

   
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SOBREDOSIS DE ANESTESIA ESPIRITUAL

REFLEXIÓN | Monseñor Jorge Lozano sostiene que la Navidad no es magia, es la realidad de una familia humilde cuyo Hijo nace en un pesebre porque no había posada en el pueblo, es la realidad de Dios Hijo que se hace pequeño y llama a nuestros corazones pidiendo un lugar cálido para nacer. Cual será nuestra respuesta? Miramos para otro lado?

  Por Mons. Jorge Lozano | (*)  

Cuando nos sometemos a una cirugía o realizamos un tratamiento odontológico suelen aplicarnos una anestesia para menguar el dolor. Sentimos como si se adormeciera la piel o la zona en la cual debe hacer efecto. Recuerdo hace un tiempo haber ido al dentista, y al regresar a casa tener el labio con una sensación de hormigueo que dificultaba tomar mate. Según puedo saber, la anestesia es factible que sea local o total, dependiendo del tipo de intervención a realizar.

Pensaba que esto nos puede suceder también en el alma o en la vida espiritual. De tanto acostumbrarnos al pecado ya no nos duele, o ver pobres ya no nos llama la atención. Este adormecimiento espiritual se puede producir con uno mismo o con los demás. 

Conmigo mismo me puedo acostumbrar a convivir con el pecado en alguna o varias de sus expresiones: la mentira, la sensualidad, la superficialidad, la mediocridad, la pereza, el egoísmo… Y tanto nos habituamos que la conciencia ya no es escuchada. O nos justificamos poniendo excusas, o trasladando la culpa a otros. Después de un tiempo ya no nos duele pecar, o lo que es peor pretendemos llamar bien al mal. Como encogiendo los hombros diciendo “es lo que hay”.

Es la tentación de suponer haber llegado al tope de la vida espiritual y negarse a crecer un poco más cada día. Tirarse a chanta, y aceptar convivir con la mediocridad como si fuera la salida más común y la única posible. 

Pero podemos estar adormecidos también ante los demás, vivir como si no existieran, casi como si fueran invisibles o parte de otro mundo con el cual es imposible entrar en contacto. Naturalizamos la pobreza, esquivamos las personas molestas, evadimos responsabilidades comunes a todos. Le hacemos una gambeta de lujo al compromiso, y con un firulete decimos “ooolee” como excelentes toreros. Somos campeones del “yo no fui” y el “a mí qué”

Reclamamos que los demás hagan lo que les corresponde pero yo siempre tengo una excusa para borrarme. Jesús denunciaba a quienes murmuraban por atrás (Jn.6, 41) y a los dirigentes que “atan pesadas cargas en los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo”. (Mt. 23,4)

Faltan pocos días para la Noche Buena y la Navidad. Está muy al alcance de la mano la posibilidad de la evasión de la realidad escapando a mundos imaginarios de fantasías inexistentes. La Navidad no es mágica. En la magia parece que sucede lo que sabemos no pasa en realidad. Los conejos y las palomas no viven en los sombreros, y las personas no pueden ser atravesadas por espadas o dividir su cuerpo en dos partes y seguir como si nada. En la Noche Buena no hay trucos de magia que hace Dios. Es realismo puro. Una familia pobre, una cueva de animales como morada y lugar del parto, pastores que cuidan sus rebaños en la noche, escapar a Egipto ante la persecución de Herodes… ¿Dónde está la magia de la Navidad?

Los ángeles en el cielo, la alegría del Pueblo, los Reyes que siguen una estrella para adorar al Niño, son parte de la obra de Dios, que también quiere llegar a nosotros. Preparemos el corazón. Dios te está buscando.

Hoy es el cumpleaños del Papa Francisco, cumple 81 años. Le damos gracias por su entrega a la Iglesia universal, su testimonio de ternura por nuestra madre la Virgen, por su empeño en vivir como Jesús y ser testigo de su amor por todo hombre y mujer de este, su tiempo, por expresar su apego incondicional a la justicia, la verdad, la paz en todo el mundo. Rezamos por él y su tarea.

(*) Monseñor Jorge Lozano es Arzobispo de San Juan de Cuyo.

           

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