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SIN PARAR | Fuerte suba en alimentos, el salario cae 20% y aumenta la pobreza en Argentina

   

| El salario cae 20% y aumenta la pobreza | Devaluación del peso. Tarifazos. Desempleo. Las principales consultoras “independientes” en cuanto a alimentos, indican un acumulativo del 17,7% en los cuatro primeros meses de 2019, y un aumento del 4,2% el aumento de los alimentos en abril. El impacto de los tarifazos en la electricidad y el gas sumado a la constante suba de los combustibles, golpea a la familia y la industria nacional. Un escenario de crisis económica y marcada recesión, inflación, aumento del desempleo y precarización laboral


       Por Oscar Dufour | (*)         

|Como viene pasando desde hace largos meses sin interrupción en materia económica y social en Argentina, el Gobierno del Presidente Macri no encuentra el rumbo, equivocó el diagnóstico y también la solución al grave problema -que progresivamente generó en consonancia con lo impuesto por el FMI- desde que asumió la primera magistratura en 2015. Vino con los “tarifazos” bajo el brazo, como contracara de la Justicia Social y la Soberanía Nacional.

Por estas horas, el rubro de alimentos tracciona en alza el índice inflacionario. Los índices son dispares si la referencia es a la Canasta Básica de Alimentos (CBA) o a la Canasta Básica Total (CBT) que son los bienes y servicios no alimentarios, pero todos tienen un denominador común: “Los precios suben sin parar y aumentan la pobreza”.

Devaluación del peso. “Algunos tienen razón cuando sostienen que Macri es un Presidente devaluado, su palabra no tiene peso”. Uno de los factores determinantes para explicar el comportamiento del “mercado” es la devaluación del peso, que eleva el valor interno de materias primas alimenticias con salida exportable, como el trigo, el maíz y la leche, junto al impacto en otros insumos de uso difundido en la industria alimenticia. Además de nuestros compatriotas, el peso argentino es la moneda más golpeada.

Tarifazos. Por otro lado, el alto precio de la electricidad y del gas afectan la ecuación de costos de las industrias, así como también la constante suba en las naftas y el gasoil elevan los gastos logísticos. La administración de la Alianza CAMBIEMOS le quitó los “subsidios” a las empresas del sector y las compensó con “tarifazos”. En más de tres años los aumentaron más del 1.600%.

Desempleo y precarización laboral. De la mano de la “flexibilización laboral” el Gobierno quitó derechos y confronta con los Sindicatos. El 1° de mayo pasado se celebró el día del trabajador a nivel mundial, la paradoja es que nuestro País junto a otros de la región, registra desde 2015 a la fecha una de las tasas de desocupación más elevada. Argentina se transformó en el País de la “timba financiera”. Mientras “unos pocos” se dedican a la especulación financiera, “muchos” pierden el trabajo.

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Irrisorio. El Gobierno perdió la iniciativa. “Frente al descalabro de los precios de los bienes indispensables, el Gobierno dio marcha atrás en su idea de no intervención sobre el mercado (que defendió hasta el día anterior al anuncio) y lanzó Precios Esenciales, en el marco de Precios Cuidados.”

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| SIN PARAR LOS AUMENTOS EN LA CANASTA BÁSICA DE ALIMENTOS |

La inflación está cada vez más lejos de ser controlada por el Gobierno. Los alimentos que lideraron las subas fueron los principales cortes de carne vacuna junto al pollo, harinas, azúcar y aceite, como también algunos productos estacionales. La disparada en los costos de la Canasta Básica Alimentaria no fue mayor por la baja estacional que registraron otros como la acelga, el tomate y el zapallo, sostienen los especialistas.

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CBA . La canasta básica de alimentos que relevan por estas horas consultores “independientes”, arrojó un aumento del 4,23% en abril y acumula una suba de 17,7% desde comienzos de año.

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| El salario cae un 20% y aumenta la pobreza |

Pronostico oscuro. En tanto, los salarios en la comparación anual 2018-2019 muestran un 20% por debajo de la inflación general. Una brecha que permite comprender el sensible aumento de la pobreza, de la indigencia y el desplome de todos los indicadores de consumo interno, con el consiguiente impacto en la producción, el empleo y la rentabilidad empresaria.

En conclusión: Un escenario de crisis económica y marcada recesión, inflación, aumento del desempleo y precarización laboral. Desde que asumió el Gobierno de la Alianza CAMBIEMOS encabezado por el Presidente Macri, la moneda argentina no paró de perder valor. Inflación, tarifazos, devaluación, desempleo y precarización laboral son los factores que hipotecan y embargan el futuro y la esperanza de los argentinos.

Alta irresponsabilidad. El anuncio presidencial de acordar con el Fondo Monetario Internacional “adelantar todos los fondos necesarios para garantizar el cumplimiento del programa financiero del año próximo”, lejos de brindar una solución de Estado dejó con un salto al vacío al Gobierno que lo suceda.

Impericia. Lo tremendo de tanta impericia gubernamental, es que la crisis pega notablemente en la industria nacional prácticamente “desguazada”, las PyMES, y en definitiva toda la clase media vernácula, aunque el mayor impacto es en los sectores más humildes, aumentando considerablemente los índices de pobreza e indigencia en Argentina.

El reciente y contundente Paro Nacional del Frente Sindical para el Modelo Nacional, indica “a las claras y a los gritos” con mucho acierto, que hay que dar pasos contundentes para mejorar la vida de los sectores más postergados de la sociedad, poniendo como prioridad resolver el tema del desempleo. Esta es una responsabilidad y respuesta que desde el Estado deberá brindar la Administración del Presidente Macri. ¿Podrá en estos 6 meses de Gobierno?

Hay otro camino.

Los que quieran oír… que oigan

(*) Oscar Dufour es escritor, periodista y ensayista. Director General de 5minutosdenoticias y Revista Tiempo30. Columnista de medios internacionales. Vicepresidente de la Asociación de Periodistas de Moreno – Provincia de Buenos Aires.

                  
   

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EL ROL DE LA POLÍTICA EN LA SOCIEDAD DEL VÉRTIGO

OPINIÓN La lógica gobierno/oposición resulta insuficiente para resolver los problemas más acuciantes de la sociedad actual, como el terrorismo o el narcotráfico. Gobernanza, Paradigma y Responsabilidad

Por Eduardo Duhalde |                                   

Si observamos el acontecer cotidiano, de nuestro país y del mundo, salta a la vista un fenómeno que el lector podrá corroborar por sí mismo a partir de las informaciones que recibe a diario: por lo general, los políticos aparecen corriendo detrás de los problemas, siempre a la zaga de los acontecimientos. En el más amplio arco ideológico y partidario, aquí y en otras latitudes, exhiben muy poca capacidad para anticiparse a los escenarios en que deben desenvolverse. Así las cosas, sus propuestas de solución a conflictos y necesidades de la sociedad resultan “desfasadas” de los hechos, como demoradas y antiguas.

Una forma antigua de entender la política. Una primera explicación de este fenómeno es que el sistema político, en la Argentina y en el mundo occidental, se sigue encuadrando en el perimido esquema de “gobierno” y “oposición”. Hace ya más de 25 años que, al asumir mi primer mandato como gobernador bonaerense, señalé que era necesario terminar con esa antigua y equívoca antinomia. Y, pese a las reiteradas invocaciones a “cambiar” y a “trabajar todos juntos”, las prácticas de dirigentes y referentes siguen aferradas a esa vieja fórmula. Como políticos, resultan antiguos.

Ese modo de entender y ejercer la política tuvo su razón de ser en tiempos lejanos, cuando se establecieron las primeras formas de gobierno democrático moderno, para superar el absolutismo de los monarcas. Pero hoy, pasados más de 200 años, la vieja idea de que el que gana una elección gobierna, y el que pierde, en el mejor de los casos, hace oposición constructiva ha quedado irremediablemente desfasada de las exigencias que plantean las complejas sociedades de la actualidad.

Gobernanza. La complejidad de la gobernanza en los tiempos que vivimos es de tal magnitud, que ya no da cabida a esa antinomia “gobierno-oposición”. No se trata de una cuestión de mejor o peor voluntad de los políticos, sino de un problema estructural, inherente al entramado de las sociedades actuales, cuya complejidad, superando lo estrictamente político, abarca ya dimensiones sociológicas, culturales y hasta incluso antropológicas.

Paradigma. Hace tiempo que el mundo conoce una infinidad de hechos y procesos nuevos, unos beneficiosos y otros nefastos. Por mencionar sólo algunos ejemplos, basta citar la globalización, la aceleración de las comunicaciones, el acceso a la información y la conectividad entre las personas a escala universal, al tiempo que se expanden globalmente el delito organizado, el terrorismo, la drogadependencia o la degradación ambiental.

El rasgo común a todo ello es el ritmo cada vez más acelerado con que surgen y se desarrollan los cambios. Por ello, podríamos definir a esta compleja realidad como la sociedad del vértigo.

En las sociedades contemporáneas, las transformaciones se producen a un ritmo vertiginoso. A tal punto que cuando los gobernantes y funcionarios encuentran la solución a un problema o deciden sobre un hecho determinado, por lo general la situación ha sido superada por nuevos acontecimientos. De este modo, la política y los políticos aparecen siempre rezagados respecto de las necesidades y demandas de la sociedad.

No se trata de que la clase política sea o vaya a ser reemplazada debido a esta circunstancia. Seguramente resultará cada vez más necesaria para ayudar a dirimir los eternos conflictos político-sociales de los seres humanos. Lo que está en cuestión y requiere inteligencia y creatividad para afrontarlo, es el hecho de que esos conflictos deberán ser abordados desde una nueva óptica, ya que las viejas formas de proceder están siendo superadas, y lo serán cada vez más intensa y aceleradamente en el nuevo paradigma de las sociedades complejas del futuro.

Responsabilidad. Desde ya que hay una alta cuota de responsabilidad de los políticos en ello. La pereza intelectual, la incapacidad, el egoísmo, el cinismo, o un peligroso cóctel de esos factores, hacen que los integrantes de la clase política no sean permeables a los cambios que se producen delante de sus ojos. Suelen ser reacios a modificar estructuras de gobierno y de organización social en las cuales se sienten extremadamente cómodos, pero que les impiden abordar de manera adecuada los desafíos del mundo contemporáneo, complejo y en permanente cambio.

Todos, en nuestra vida cotidiana, sabemos que el futuro se presenta incierto y desafiante. La propia experiencia nos muestra que muchas de las que considerábamos “verdades eternas” eran modos ya anticuados de ver el mundo. Y todo indica que dentro de poco seremos testigos de nuevos y mayores “desacoples” entre las formas habituales de pensar y las nuevas realidades, si no tenemos políticas y hombres avezados para anticiparnos.

Un solo ejemplo creo que alcanza para aclarar lo que sostengo: en nuestro país y en el mundo entero, los políticos prometen el pleno empleo, cuando todos sabemos que dentro de una generación, digamos unos treinta años, va a haber un desacople entre ese concepto de plena ocupación y la capacidad que tienen las sociedades para generar trabajo para todos. Dicho así, parecería que estamos ante un futuro dantesco. Pero si somos capaces de prever, desde un enfoque prospectivo, proyectando desde el presente de manera responsable, seguramente será posible encontrar respuestas adecuadas, y lo que ahora se ve como una catástrofe en ciernes pueda transformarse en acontecimientos manejables, obviamente enfocados y administrados desde una concepción muy distinta a la que tenemos hoy.

Siempre he sostenido, y es mi materia de estudio de estos últimos años, que debemos dar un espacio importantísimo a la visión prospectiva. Debemos estudiar cuidadosamente el presente para proyectar esos conocimientos hacia delante, previendo los escenarios en los cuales tendrán que desarrollarse nuestras sociedades a mediano y largo plazo. Algunos llaman a esto “estudiar el futuro”. De más está decir que no estoy propiciando recurrir a “augures” ni a la quiromancia, sino el abordaje científico y estratégico, en el estricto sentido del término, que permita anticipar los escenarios futuros y trazar cursos de acción en consecuencia.

Todo lo dicho hasta aquí, a mi entender, debe llevarnos también a repensar cuál es el rol de la política y sobre todo de los políticos del futuro. Todos sabemos que lo que en el mundo empresario se conoce como CEO (“Chief Executive Officer”) trabaja sobre el presente y trata de resolver los problemas y conflictos que va encontrando en el corto plazo. Esto, en sí mismo, no es ni bueno ni malo; es la conducta adecuada para su función, que corresponde a una específica cultura del trabajo y los negocios. Pero el rol del político es absolutamente diferente.

El político debe pensar y crear los escenarios hoy inexistentes, pero altamente probables, para anticiparse al curso de los acontecimientos y procesos, que hoy aparecen apenas esbozados como realidades incipientes. Debe estudiar, lo más científicamente posible, esa realidad en constante transformación para estar a la altura de los tiempos vertiginosos que nos toca vivir. Su objetivo no puede ser correr detrás del presente, resolviendo los problemas del día a día, tarea tan propia de las burocracias, sino estar en la posición de recibir el futuro y poder brindar las respuestas modernas que esa sociedad, que hoy no conocemos, nos va a exigir.

(*) Ex Presidente de la Nación

   

 

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Graciela Fernández Meijide: “Creo en la justicia y en los derechos humanos si puedo pedir el mismo nivel de justicia para mi hijo que para mi peor enemigo”

Por Hinde Pomeraniec | 

El bastón de madera descansa sobre un sillón. Su dueña no lo usa: se mueve delicadamente en terreno conocido, un luminoso primer piso de Belgrano. Lo toma, sí, cada vez que sale a la calle, una manera de sentirse más segura luego de la operación de cadera que la tuvo en impaciente reposo varias semanas.

Graciela Fernández Meijide no padeció el calor del último verano porque se recuperaba de esa cirugía por lo que es ahora, cuando se cumplen 40 años del último golpe militar que le arrancó un hijo adolescente y la convirtió en la mamá de un desaparecido, cuando se la ve volver entera. Tiene la convicción de que la democracia está instalada en la Argentina, aunque aún falte ganar intensidad democrática. “Creo en la justicia y en los derechos humanos si puedo pedir el mismo nivel de justicia para mi hijo que para mi peor enemigo”, explica con su voz de profesora, esa voz familiar, la de siempre.

-Estuve revisando su testimonio en el Juicio a las Juntas. Ahí, para referirse a su hijo, decía “Pablito”. ¿Lo llamaba así?

-En mi libro La historia íntima de los Derechos Humanos en la Argentina la dedicatoria dice “A Pablo”. Lo que pasa es que hablar de “Pablito” seguramente tenía que ver con la manera de hablar del hijo que está en dificultades. El otro día volví a pensar en este tema; yo no puedo pensar en Pablo grande, ¿sabés? No puedo envejecerlo, no puedo pensar en qué hubiera sido de él porque era muy chico, tenía 17 años. Si vos pensás lo que es hoy un chico de 17 años… ¿Qué sabe lo que va a ser en el futuro? Yo me quedé con todo eso que Pablo quería hacer, pero qué se yo qué hubiera hecho, ¿no?

-En esos meses previos al golpe, durante el golpe, y hasta que desaparece Pablo, ¿qué se decía en su casa en relación a la dictadura?

-Enrique y yo estábamos en contra del golpe. Yo tenía noción de lo que había sido el golpe de Pinochet, y me daba miedo. En casa ninguno tenía una militancia, siempre un pensamiento progresista, eso sí. Pero no esperaba que hubiera víctimas en mi familia, ni siquiera me previne, no tenía motivos.

-¿Cuándo perdió la ilusión de encontrar a Pablo con vida?

Cuando me fui a Canadá, año 78. Tomé distancia y… Me lo hizo notar una persona que no tenía que ver con las asociaciones de familiares. Hablando de los militares me dijo: “Pensar que estos tipos obligaron a los padres matar a sus hijos”. Y es cierto. Yo nunca me había puesto a pensar que en algún momento uno, cuando pudo, dijo: “Bueno, no puedo seguir buscándolo con vida: lo mataron”. Sí sé que no fue de un día para el otro. Esto lo conté varias veces, ya: me dormía matándolos. [Señala con su índice el espacio exacto entre ceja y ceja]. A los militares. Ése era mi calmante. Lexotanil.

Cuando pude aceptar que lo habían matado, en ese momento dije: “Los voy a meter presos”, y empecé a pensarlos detrás de las rejas. Porque ya asumía que nunca iba a poder matarlos y por eso creía que había que guardar todo lo que se pudiera guardar para algún día, finalmente, ir a la Justicia. En los organismos había alguna gente que pensaba lo mismo y otra que no, que decía que los militares nunca iban a estar frente a un tribunal. Y paralelamente seguían las consignas más duras, legítimas pero milagrosas, como “Aparición con vida”, que son de imposible cumplimiento pero debemos sostener porque ponen al enemigo en un lugar muy incómodo.

-Desde muy temprano se movió institucionalmente en relación a los reclamos.

-Siempre me sentí mucho más cómoda en ese lugar que en el testimonial, pero, además, porque podía verlo desde otros ángulos. A ver, cuando había que hacer un documento en la Asamblea (la APDH, Asamblea Permanente por los Derechos Humanos) en el que participaban una parte de la iglesia católica y otra de la iglesia evangélica, algunos militantes políticos, los que se animaban, cada uno de esos documentos era discutido y balanceado; se buscaba el consenso. Pero Madres, no; Madres podía mandar una puteada larga de aquí a la esquina, con la que por supuesto yo me sentía identificada pero… Y es lógico, porque el testimonial es eso. Ahora, lo institucional va buscando acuerdos para que no se desarme lo poco que se tiene.

-Su lugar en la Conadep fue el de recibir las denuncias. ¿Qué le pasaba ahí? Tenía su propio reclamo, pero estaba también a merced del reclamo de quienes iban a ustedes. Sigue leyendo Graciela Fernández Meijide: “Creo en la justicia y en los derechos humanos si puedo pedir el mismo nivel de justicia para mi hijo que para mi peor enemigo”

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No lo puede creer

Tal vez la elección Presidencial de Macri haya que entenderla más desde la sociedad que por su empeño.

Por Roberto García |

Si uno se detiene en la biografía del último año de Macri quizás1123_macri_presidente_temes.jpg_1853027552 descubra que su avasallante llegada de ayer a la Presidencia obedece más a la climatología o a un singular costado de la sociedad argentina que al empeño del candidato. Casi no importa su vida anterior, hasta relativa se vuelve su promocional actitud de gestionador en la Capital. A menos que se desee creer que la gente lo votó por haber instalado el Metrobus, interpretación tan subdesarrollada como suponer que Randazzo hubiera sido un victorioso postulante por haber comprado vagones en China. Dentro de la fragilidad de sus tendencias, el electorado se mueve y decide por otros supuestos, no por los que imaginó Macri, menos por los que estaba convencido su rival, Scioli. La referencia incluye a la infinidad de asesores pagos y consejeros que rodean estas campañas, avezados sabihondos de la conducta humana.

El ahora líder y conductor ingeniero no pudo, dentro del propio espacio –ya que el Pro no estaba ni está desarrollado como partido en todo el país– lograr que una de las más aprovechadas figuras de su entorno se sacrificara por una candidatura a gobernadora en la provincia de Buenos Aires: Michetti rechazó la oferta, no aceptó la instrucción y hasta se insubordinó para cuestionar a Rodríguez Larreta como sucesor de Macri en la Jefatura porteña. Puede interpretarse su rebeldía como un ejercicio democrático si no hubiese sospechado en la emancipación, esta dilecta amiga del radical Sanz y de Carrió, de la propia integridad de su jefe con el negocio del juego y de los avatares tras el escenario de su mejor amigo, el influyente empresario Nicolás Caputo.

Así nació Vidal para intervenir en el territorio enemigo, en el distrito bonaerense, la mayor sorpresa de las elecciones, mujer que se entregó de cuerpo y alma al dictamen publicitario y organizador de Jaime Duran Barba, quien exigió que nadie interfiriera en su tarea de dueño intelectual de la dama, copiando la carrera que le impuso a una beldad mexicana hace tiempo para convertirla en alcaldesa.

Hubo que aplicar todo el aparato del PRO para imponer en la interna a Larreta, ya que el electorado porteño parecía seducido por cierta fama de la Michetti; claro que en ese propósito se habilitó la aparición de otra estrella impensada, Lousteau, quien no quiso acoplarse en la entente del macrismo con los radicales y Carrió. Problemas de personalidad, sin duda. Enormes disgustos entonces provocó Michetti, inesperadamente premiada con su inscripción luego en la fórmula presidencial, como si ella hubiera contribuido a la conducción de Macri. También esa fórmula resultó antojadiza por más que el ingeniero no tuviera otro dirigente de fuste para ofrecer: es un binomio limitado, capitalino, con pretensiones federales. Acosado en esa fotografía, Macri y sus virtudes de líder aparecían marchitas avanzado el 2015.

En el medio, con angustia, Larreta venció a Lousteau en el ballottage, resultado que de ser inverso hubiera bloqueado la esperanza de Macri para el resto de la temporada. Vino luego el capricho de la pureza étnica del PRO como si le sobraran recursos humanos, no aliarse con Massa aun con ventajas, y tropiezos inquietantes con el affaire de Niembro (el primer candidato a diputado en Buenos Aires que debió renunciar) y discrepancias públicas con algunos de sus ministeriales, caso Melconian. Modificaron los voceros, parecía hundirse, también fracasaron en las exposiciones algunos elegidos ad hoc (como Prat Gay) y terminó asistido por Esteban Bullrich, quien se sospechaba condenado antes al Parlasur.

Nadie, ni él mismo, podía imaginarse con la banda presidencial en ese momento. O, en todo caso, quizás llegar a la Casa Rosada, pero nunca ganar la provincia de Buenos Aires con Vidal. Alternativa tan utópica que ni siquiera se permitió forjar un equipo para acompañar eventualmente a la dama, lo que hoy es advertible con la formación apresurada de un gabinete con personal jerárquico salido de la administración de Larreta, dejándole a éste un panorama desierto en su burocracia: hacer un team con suplentes. Ahora corren, inclusive, negociando con asistentes de Scioli para evitar desmanes a fin de año, pidiendo ayuda a los supermercados y a las organizaciones sociales del kirchnerismo, tal vez sometiéndose a los guardianes de la seguridad que tanto objetaron. Finalmente, en la crecida personal, a Macri le estalló la computadora: desde ayer es uno de los políticos con mayor peso en los distritos clave del país, casi sin comparaciones anteriores. Sin gente para gobernar en el inicio y con la reserva de que la mitad de la ciudadanía está en contra. Más que un desafío.

Gracias. Pero sabe que esa nueva responsabilidad se la debe agradecer a Cristina, a Scioli y al nutrido ejército de oficialistas que dominados por la soberbia y la ignorancia perdieron, entregaron, un reservorio electoral que parecía escriturado hace tres meses. A Ella que humilló y despreció a su propio candidato, el que nunca encontro resquicio para ser Scioli por un momento, y a un catálogo de errores que superaron largamente a los que cometía Macri: sea por la elección inconveniente de figuras (Zannini, Aníbal Fernández), a torpezas como irse de vacaciones cuando el agua anegaba parte de la Provincia. O groserías como el fraude partidario reconocido en Tucumán (el que fue denunciado por asociados de Macri, no por él mismo, como también cerró la boca sobre el resultado de los comicios en Santa Fe) y la estúpida presunción de no buscar aliados para llegar al poder. Ni Perón llegaba solo a la Presidencia. Sin olvidar la sórdida y brutal interna en la Provincia, cuando sus mandantes se desentendieron u organizaron una campaña contra su propio candidato a gobernador, al que no lograron voltear con los estigmas y contra el que votaron en contra por temor a retaliaciones. O la imberbe egolatría de Kicillof y adláteres de La Cámpora que viven como una revolución la pérdida de reservas, como si fueran el Che Guevara en Cuba firmando papeles a mansalva como si no fueran dinero, sin haber reparado en lo que sucedió después y hasta en la autocrítica del propio autor. La frazada no era tan larga. Y buena parte de la sociedad, ante esa suma de calamidades, mudo –casquivana, dirán los oficialistas que ni siquiera leyeron los resultados electorales del maratón, Vidal sacando 30 % por primera vez y en territorio desconocido– escandalizada de un dominio tan narcisista. De una dictadura, según la expresión incorrecta pero demostrativa que alguna vez en la vorágine televisiva señaló Mirtha Legrand: el empoderamiento, la usurpación.

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