Ni el disparo ni el encierro: la centralidad ineludible de Cristina Kirchner

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El día que la democracia argentina comenzó a estar a la intemperie

A cuatro años del intento de magnicidio contra la expresidenta de la Nación Dra. Cristina Fernández de Kirchner, la falta de avances sobre las terminales políticas y los sectores que financiaron el ataque, expone una alarmante deuda de la Justicia Federal. Conocer la verdad histórica no es un reclamo partidario, sino una necesidad democrática de toda la sociedad argentina. Una historia que se repite: cárceles, proscripción y las balas que el poder real siempre destina al peronismo.


 

     Por Oscar Dufour | (*)

 

Cuatro años de un abismo y el derecho del Pueblo a la verdad. El calendario marca 1° de septiembre de 2026 y la memoria colectiva nos devuelve, inevitablemente, a la esquina de Juncal y Uruguay. Cuatro años han pasado desde aquella noche en que el cañón de un arma rozó el rostro de la dos veces presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner. Cuatro años desde que el pacto democrático de 1983 tambaleó en un segundo de zozobra. Sin embargo, el paso del tiempo no ha traído alivio ni respuestas claras, sino la consolidación de un vacío alarmante: la persistente impunidad sobre las terminales más profundas del atentado.

 

A cuatro años del intento de magnicidio y en medio del cumplimiento de su prisión domiciliaria, la figura de la expresidenta de la Nación, Cristina Kirchner, resiste el doble embate del plomo y el lawfare. Por qué el intento de borrarla del mapa político, terminó consolidando su liderazgo como el centro de gravedad indiscutible del peronismo y la oposición.

 

 

La condena a los ejecutores materiales del hecho -la llamada “banda de los copitos”- pretendió funcionar como el cierre de un libreto conveniente: el de los supuestos “locos sueltos”. Pero esa versión simplista choca de frente con el sentido común de una sociedad que exige rigor. Reducir un intento de magnicidio a la acción solitaria de un grupo de marginales, es una simplificación que no resiste el menor análisis político ni financiero.

 

Mientras los responsables de apretar el gatillo ideológico sigan libres, la democracia argentina cargará con una deuda histórica que el Pueblo no va a olvidar.

 

La gravedad institucional de la fecha, radica en que la Justicia sigue sin investigar a fondo a los autores intelectuales. Se ha mantenido una preocupante ceguera ante las líneas de investigación que conducen a quienes idearon, planificaron y financiaron el ataque. Los hilos que vinculan el dinero de oscuros fideicomisos y la agitación de agrupaciones violentas con sectores del poder fáctico, permanecen intactos, prolijamente desatendidos por los tribunales de Comodoro Py. Esta desidia no es un error de procedimiento; se percibe como una decisión política de blindar a los verdaderos responsables.

 

La trágica historia de la violencia política en Argentina, muestra que los muertos y desaparecidos los puso el federalismo y el peronismo. Nuestros líderes nacionales y populares han enfrentado históricamente la persecución, el encarcelamiento y la proscripción.

 

No se trata únicamente de una demanda corporativa o de un reclamo sectorial del peronismo. Es el pueblo argentino en su totalidad el que necesita conocer la verdad de lo que pasó ese día. Una democracia no puede respirar con normalidad cuando se pretende naturalizar que la principal líder popular de nuestro País, pueda ser eliminada físicamente sin que haya consecuencias para los autores ideológicos.

Saber quiénes, cómo y por qué intentaron asesinar a Cristina Kirchner es un derecho soberano de la ciudadanía. La verdad es el único insumo capaz de reparar el tejido social dañado por el odio y la violencia política. Mientras la Justicia Federal continúe recortando la investigación para no rozar al poder real, la causa judicial seguirá siendo sinónimo de impunidad, y la democracia argentina cargará con una deuda histórica que el Pueblo no está dispuesto a olvidar.

 

Ni el disparo ni el encierro: la centralidad ineludible de Cristina Kirchner.

 

Conclusión

Del fusilamiento de los federales a la proscripción de Cristina.

No habrá paz social ni estabilidad democrática posible mientras los verdaderos responsables de apretar el gatillo ideológico, sigan caminando libres por los pasillos del poder. El intento de magnicidio contra la jefa del peronismo Cristina Kirchner, fue un golpe al corazón de la soberanía nacional y popular.

 

La persistencia de la dos veces presidenta de la Nación en el centro del escenario nacional, no es solo un fenómeno de resistencia personal, sino el síntoma de una identidad colectiva que no se deja disolver por decreto ni por sentencia. Al final del camino, la historia suele ser implacable con los arquitectos de la proscripción: al intentar confinar a Cristina, solo consiguieron delimitar el territorio desde donde renace el futuro. A cuatro años del intento de magnicidio, y frente a un encierro que no logra silenciarla, queda claro que su centralidad no depende de un cargo, de una firma judicial ni de la geografía de un arresto. Es, sencillamente, ineludible.

 

En síntesis, la verdad no es una concesión que los jueces puedan administrar a cuentagotas: es un derecho soberano que el Pueblo argentino va a recordar y exigir hasta que la impunidad, finalmente, rinda cuentas ante la historia.

 

Los que quieran oír… que oigan

(*) Oscar Dufour es escritor, periodista y ensayista Argentino. Presidente © Grupo Agencia del Plata. Columnista de medios internacionales. Vicepresidente de la Asociación de Periodistas de Moreno – Provincia de Buenos Aires.  🇦🇷 

 

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